Los tres religiosos que se han trasladado al santuario cántabro
Está ubicado en Cantabria
Tres franciscanos mexicanos custodiarán en Santo Toribio de Liébana la reliquia más grande del Lignum Crucis
Se harán cargo del santuario que tuvieron que abandonar a finales del pasado año otros seis religiosos españoles por motivos de edad
La orden de los franciscanos ha desplazado a tres de sus religiosos provenientes de México para hacerse cargo del santuario de Santo Toribio de Liébana (Cantabria). Se pone así fin a casi año y medio de incertidumbre desde que, en abril de 2024, la anterior comunidad franciscana anunciara que abandonaría el convento a finales de ese año, debido a la elevada edad de sus seis miembros. La situación tomó por sorpresa al obispado de Santander, que «se enteró por la prensa» de la decisión de la comunidad religiosa, aunque garantizó que el culto se mantendría en el santuario.
Lo más significativo de este cenobio es que en él se custodia la mayor reliquia del Lignum Crucis del mundo, un pedazo de madera que se cree que perteneció a la cruz donde Cristo fue crucificado. La presencia de esta reliquia está documentada desde el siglo VIII, cuando los restos de santo Toribio llegaron al monasterio para protegerlos del avance árabe en la península. Junto a las reliquias del santo llegó también desde Astorga un pedazo de la cruz que hoy se conserva en el relicario situado en el centro de la capilla. Este hecho ha provocado que el diminuto enclave cántabro sea considerado como uno de los «lugares santos» del cristianismo, junto a Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz (Murcia).
Ayer domingo, la nueva comunidad franciscana fue oficialmente recibida en Santo Toribio de Liébana. Durante la misa celebrada con ocasión de la festividad de la Santa Cruz, monseñor Arturo Pablo Ros Murgadas, obispo de Santander, agradeció la presencia de «la nueva comunidad franciscana, que llega para servir y para amar. Somos unos privilegiados, por eso tenemos que ser más humildes y más agradecidos».
A la celebración acudieron cientos de fieles para venerar la reliquia, que fue portada en procesión por el obispo, y que tuvieron la oportunidad de conocer a los nuevos religiosos.