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¿Dios al alcance de un clic? La fe del siglo XXI que se confiesa en los chatbots

Millones de creyentes —y no pocos curiosos— recurren cada día a aplicaciones que funcionan como 'capellanes' digitales, un fenómeno que está transformando silenciosamente la manera en que la gente busca consuelo y orientación espiritual

La revolución tecnológica se ha convertido en una especia de nuevo 'confesionario'. Millones de creyentes, y no pocos curiosos, se vuelcan cada día en aplicaciones religiosas que funcionan como 'capellanes' digitales.

Los chatbots espirituales escuchan secretos, calman angustias, recetan versículos y hasta ofrecen oraciones personalizadas. El fenómeno, recogido recientemente por The New York Times, está transformando silenciosamente la forma en que la gente busca consuelo y orientación espiritual.

Generaciones sin templo

«Hay toda una generación que nunca ha ido a una iglesia ni a una sinagoga», advertía el rabino Jonathan Romain al diario estadounidense. «Las aplicaciones espirituales son su camino hacia la fe». El testimonio refleja una realidad creciente: la fe se abre camino en pantallas donde antaño reinaban Netflix, TikTok o Instagram. La aplicación católica Hallow , por ejemplo, llegó a superarles en descargas, situándose en el puesto número uno de la App Store.

Los números no son bajos. Bible Chat, una de las plataformas más populares, suma ya más de 30 millones de descargas; Pray.com ronda los 25 millones. La industria mueve decenas de millones de dólares en inversión y las suscripciones llegan hasta los 70 dólares anuales.

Algunos de los fundadores de estas plataformas hablan de 'capellanía digital': una herramienta para que millones de personas se expresen espiritualmente sin miedo ni vergüenza. Y los usuarios confirman su utilidad. «No quieres molestar a tu pastor a las tres de la mañana», reconocía Krista Rogers, de Ohio, que recurre tanto a la aplicación de la Biblia YouVersion como a ChatGPT para resolver dudas religiosas.

Pero no todo son loas. El padre Mike Schmitz, el popular sacerdote católico y creador de contenido digital, advertía con escepticismo: «Mi cascarrabias interior me dice que hay algo bueno en debatir a fondo una idea, o un problema, contándoselo a alguien. No sé si eso se pueda reemplazar». Y lanzaba una inquietud crucial: «Me pregunto si no hay un peligro mayor en abrirle el corazón a un chatbot. ¿Será accesible para otras personas en algún momento?».

«¿Es realmente Dios con quien estoy hablando?»

A pesar de las reservas, otros testimonios muestran que muchos usuarios hallan en estas apps un refugio cercano. Delphine Collins, maestra en Detroit, confiesa que recurre a Bible Chat cuando se siente abrumada por la violencia o las malas noticias. Tanto es así que, tras un asesinato en su barrio, pidió al chatbot una «oración por la sanación».

Para algunos creyentes, el consuelo llega más rápido a través de un algoritmo que de una comunidad religiosa. Plataformas como ChatwithGod permiten a los usuarios seleccionar su fe y definir qué buscan: consuelo, confesión, inspiración etc. A partir de esa elección, reciben respuestas personalizadas que imitan la voz de la divinidad.

«La pregunta más común que recibimos, con diferencia, es: ¿Es realmente Dios con quien estoy hablando?», confesó Patrick Lashinsky, director ejecutivo de ChatwithGod, al New York Times. La plataforma ha acumulado docenas de preguntas y conversaciones anónimas que muestran la necesidad de muchos de encontrar guía espiritual al alcance de un clic.

Otros, como Heidi Campbell, quien estudia tecnología y religión, advierten del riesgo teológico: estos chatbots «nos dicen lo que queremos oír. No utilizan el discernimiento espiritual, sino datos y patrones». Pero quizá ese sea precisamente su atractivo para algunos. Como resume Ryan Beck, director tecnológico de Pray.com, «¿Quién no necesita un poco de afirmación en su vida?».

Una IA «que carece de alma»

Las grandes aplicaciones insisten en que su misión no es reemplazar la vida comunitaria, sino acompañar y abrir caminos. Alex Jones, fundador de Hallow, lo resume con una imagen: «No debería ser algo que reemplace la conexión humana. Desde la perspectiva de la iglesia, carece de alma». Por eso, muchas apps incluyen buscadores de parroquias y congregaciones locales para invitar a sus usuarios a dar el salto del móvil al templo.

Lo cierto es que, según recoge The New York Times, en una sociedad donde cerca de 40 millones de estadounidenses han abandonado los templos en las últimas décadas, los chatbots se han convertido en una inesperada puerta de entrada a la vida espiritual. La cuestión de fondo, sin embargo, permanece intacta: ¿puede un algoritmo acercar realmente a una persona a Dios o limitarse a generar la ilusión de que lo hace?

Para sus defensores, la respuesta es que estas herramientas no sustituyen la fe, sino que ofrecen un cauce distinto para vivirla. «Ya no van a la iglesia como antes», reconoce el señor Beck. «Pero no es que estén menos inclinados a encontrar alimento espiritual. Es solo que lo hacen de otras maneras».

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