El sacerdote y escritor Pablo d'Ors
Los cinco errores (y graves) de Pablo d'Ors, según monseñor Munilla
No es oro todo lo que reduce, y la obra del célebre sacerdote y escritor madrileño se aleja de la doctrina cristiana para entrar de lleno en la cosmovisión oriental
Es sacerdote, escritor con auténticos éxitos editoriales, nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio d'Ors, discípulo del monje y teólogo Elmar Salmann y fundador de una red de meditadores llamada Amigos del desierto, donde cuenta con una multitud de seguidores. Además, Pablo d´Ors (Madrid, 1963), consiguió el favor del Papa Francisco quien, en 2014, le nombró consejero del Pontificio Consejo para la Cultura. «Me abruma y me compromete con mi trayectoria en las periferias», reconoció en ese momento, al conocer su nombramiento.
Y es que ese término –«periferias»– es uno de sus favoritos, al igual que «ser puente», «diálogo» y similares. Aparentemente, todo parece correcto y ortodoxo, pero monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, no lo ve así, y argumenta su postura destapando cinco graves errores doctrinales en los que, a su juicio, incurre el sacerdote madrileño.
En una conferencia impartida hace unos días y que ha subido a su canal de YouTube –que cuenta con más de 280.000 suscriptores–, el obispo de Orihuela-Alicante alerta de «que nos quieren hacer compatibles el cristianismo y el zen», algo que no es posible en la doctrina católica. «Ayer recibía yo la revista Vida Nueva y veía que, en el pliego central, venga a hacernos propaganda de cómo el zen es estupendo para los cristianos. Y, en la misma revista, no hace mucho tiempo, venía un artículo del sacerdote y escritor Pablo d'Ors que titulaba El zen me ha devuelto a Cristo, ¡ni más ni menos!», objeta monseñor Munilla, que enumera los errores que aprecia en el sacerdote y escritor:
«Mezclar a San Ignacio con el zen»
Monseñor Munilla se refiere al artículo aparecido en Vida Nueva, donde se afirma que «una de las tareas más importantes de nuestro tiempo tan sediento de experiencia mística es allanar los caminos que faciliten discernir lo que es experiencia religiosa madura y espiritualidad sana, ayudándonos del zen y de San Ignacio de Loyola». «Parece que nos hemos olvidado de nuestros métodos de oración, el método ignaciano», lamenta el prelado.
Monseñor Munilla, durante una entrevista
«A mí, con todos mis respetos, pienso que si San Ignacio de Loyola levantase la cabeza y escuchase que hay que ayudarse del zen... ¿En qué momento puede ser mezclado con el zen? Vamos, que se lo digan a Francisco Javier cuando estuvo en Oriente y allí tuvo que hacer un acto de libertad interior para presentar el camino de Jesucristo jugándosela. Y ahora se dice: Bueno, sí se puede ir de la mano. Bueno, pues obviamente es una manipulación», subraya Munilla.
Cristo y Buda, al mismo nivel
En uno de los libros más conocidos de Pablo d'Ors, Biografía del silencio, el sacerdote y escritor afirma en el punto 44 que «Cristo y Buda son los dos modelos más insignes que él conoce». «Un cristiano no puede afirmar esto, poniéndolos al mismo nivel», subraya el obispo. «Si un sacerdote necesita recurrir al zen para conocer a Jesucristo, tenemos un problema. Un problema porque nos habríamos desconectado de la tradición cristiana», agrega monseñor Munilla.
La primera parte del vídeo de Munilla desmontando las tesis de d'Ors
Dios no aparece por ninguna parte
El obispo de Orihuela-Alicante cita a San Juan Pablo II, quien afirmaba que «el budismo, en el fondo, es una religión atea». «Claro, porque no nos conecta con un tú distinto al yo», observa Munilla. «Un principio del mundo budista es Tú no busques nada porque en el fondo lo tienes todo ya», observa, a lo que contrapone el Evangelio: «Cuando la samaritana buscaba la plenitud, la felicidad, Jesucristo no le dice: Ya la tienes, sino : La tienes delante de ti. Esa fuente de agua viva que buscas está en Jesucristo, en ti no está, no está dentro de ti. Tienes que buscar a Jesucristo, que será fuente de agua viva, porque tú misma no eres la fuente de agua viva. Es Jesucristo la fuente de agua viva. Por tanto, la samaritana buscaba lo que necesitaba y lo que no tenía. Somos mendigos de la gracia, y la gracia viene de lo alto», recuerda.
«La tierra prometida eres tú»
En el punto 47 del mismo libro, d'Ors afirma que «la tierra prometida eres tú. Eso es lo que se aprende en la meditación. No puedes desesperar, pues el tesoro está en ti y lo llevas siempre contigo. Desde esta perspectiva, vivir es transformarse en lo que uno es». Munilla tampoco está de acuerdo en este punto: «Ojo, la clave está en un éxodo de ti, en que salgas de ti y te encuentres con el Dios que viene en tu búsqueda. Aquí dice: No, la tierra prometida eres tú. Sé tú mismo. Y lo de ser imagen y semejanza de Dios, y que hemos sido creados a imagen del Hijo, ¿dónde queda? ¿Cómo es compatible con esto?», se cuestiona.
La segunda parte de su conferencia
Dejarse llevar
La obra de D'Ors rezuma filosofía budista en el punto 23: «Basta no tener ideas sobre las cosas o situaciones para vivir completamente dichoso. La fórmula es tomar las cosas como son, no como nos gustaría que fueran. No hay que nadar en contra de la vida, sino a su favor. Ni siquiera hay que nadar. Cualquier orilla a la que esa corriente te lleve es buena para ti. Eso es la fe».
«Pues yo en el Evangelio veo otra cosa», refuta el obispo de Orihuela-Alicante. «En el Evangelio veo que hay que discernir cuál es el camino correcto, y que Dios pone delante de nosotros el camino de la vida, pero que también hay un camino de la tentación que hay que desenmascarar. Y Jesucristo desenmascaró al tentador y le dijo Apártate de mí, Satanás.», recuerda el prelado. «Eso que me estás proponiendo es falso. Eso de que no hay que nadar, hay que dejarse llevar y cualquier orilla a la que esa corriente te lleve es buena, no lo veo absoluto compatible», zanja monseñor Munilla.
«No hay entrega sin ese esfuerzo», prosigue. «El Evangelio no rehúye la palabra esfuerzo, y dice que de los esforzados es el reino de los cielos. Y habla de negarse a sí mismo para seguir a Jesucristo. Y San Ignacio de Loyola, en su tradición, habla de hacerse violencia a sí mismo. Y el Evangelio es eso», concluye.