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El obispo Athanasius Schneider

El obispo Athanasius Schneider

¿Cuál es la consecuencia del pecado venial en nuestra vida? Athanasius Schneider responde en cinco claves

La respuesta invita a realizar un examen de conciencia con un realismo nuevo, alejado del derrotismo, pero también de la ingenuidad

Se viven tiempos en los que la palabra 'pecado' parece tener un significado casi arcaico: algo del pasado, anticuado, que ya no existe realmente. Para muchos, se diluye entre ideas contemporáneas de libertad personal, donde basta con seguir la propia conciencia para considerar que todo está justificado. ¿Qué necesidad habría de rendir cuentas a Dios o de vivir con la idea de que algo que hacemos puede ser pecado?

Aun así, el Catecismo de la Iglesia Católica ofrece una definición que invita a reflexionar: «El pecado es una falta contra la razón, la verdad y la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes». El mismo Catecismo señala, además, la necesidad de distinguir entre las distintas formas de pecado: el pecado mortal y venial.

El pecado mortal, explica, «destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior». Por su parte, el pecado venial «deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere».

Aun con definiciones tan precisas del magisterio de la Iglesia, diversas voces siguen recordando estos aspectos esenciales que moldean el alma humana. Una de ellas es la de monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), que en su recién y exitosa obra Credo. Compendio de la Fe Católica (Editorial Luz de Trento) ofrece una síntesis luminosa y directa de la enseñanza cristiana para el creyente de hoy, a través del formato de preguntas y respuestas.

Credo

'Credo. Compendio de la Fe Católica', de la editorial Luz de Trento

Un compendio que vuelve a lo esencial

Entre las preguntas fundamentales que abordan sus 630 páginas, destaca el punto 247: «¿Qué daño nos hace el pecado venial?». La respuesta se despliega en cinco claves que invitan a realizar un examen de conciencia con un realismo nuevo, alejado del derrotismo, pero también de la ingenuidad.

247. ¿Qué daño nos hace el pecado venial?

1. Disminuye la luz de nuestro intelecto y debilita la fuerza de nuestra voluntad; 2. Empaña la belleza de nuestra alma y hace que nuestras obras sean menos agradables a Dios; 3. Nos priva de los grados de gracia y gloria que podríamos haber obtenido; 4. Dispone y conduce al pecado mortal; 5. Trae castigos en esta vida y, si no se expía antes de la muerte, nos condena a las penas del purgatorio en la otra.

El cardenal Robert Sarah, sobre el libro, afirmó que servirá a quienes «están hambrientos del pan de la recta doctrina». Asimismo, el teólogo Scott Hahn subrayó que el formato de preguntas y respuestas, tan antiguo como eficaz, permite articular la fe con una claridad poco frecuente hoy, «dando voz a la Tradición viva, mostrando que no solo está viva, sino que tiene el poder de cambiar nuestras vidas y de hacernos santos».

El éxito de este Compendio no reside en una novedad doctrinal, sino en algo más urgente: poner al alcance del lector la Tradición viva, sin miedo, sin diluirla, con un lenguaje claro, accesible y pastoral. Algo coherente con el estilo del propio Schneider, quien, por ejemplo, afirmó sin tapujos en una entrevista para revista Misión que España «tiene una gran misión en la Historia»: restaurar la fe en las familias, resistir la cultura «anticatólica reinante, de la muerte, del neopaganismo» y recuperar la alegría de la vida interior.

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