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Villancico de Navidad 2025



Fernando Carratalá

El villancico anónimo que quizás compuso Félix Mendelssohn

'Anunciando al Rey del cielo' ha contado con muchas y diferentes versiones musicales a lo largo del tiempo

Domenico Ghirlandaio: «La adoración de los pastores». Hacia 1483-1485. Óleo sobre tablero

Domenico Ghirlandaio: «La adoración de los pastores». Hacia 1483-1485. Óleo sobre tableroIglesia de la Santa Trinidad, de Florencia (Italia)

Es este un villancico anónimo que a lo largo del tiempo ha contado con muchas y diferentes versiones musicales. Incluso se ha llegado a atribuir la melodía al compositor alemán Félix Mendelssohn (1809-1847), si bien cierto es que compuso música coral de tipo sacro (se conservan fragmentos del oratorio inacabado Chistus, que contiene el coro «Una estrella saldrá de Jacob» -según la referencia bíblica incluida en Números, 24:17, donde se profetiza la aparición de un caudillo procedente de la tribu de Jacob, en el que se puede anticipar una referencia a Cristo-). A continuación transcribimos la letra más difundida de este villancico.

Anunciando al Rey del cielo

Din, dan, don,
las campanitas sonando están. [bis]


En la capilla hay repiques
de campanas navideñas
y en el pesebre una Virgen
desvelada sufre y sueña.

Contempla al niño dormido,
mira su frente serena
y una sonrisa ilumina
su carita de azucena.

Din, dan, don,
las campanitas sonando están. [bis]


Cada mañana en la torre
de la iglesia campesina
las campanas se despiertan,
a pesar de la neblina.

Llegando la nochebuena,
lanzan alegres al viento
una plegaria amorosa
anunciando al Rey del Cielo.

Din, dan, don,
las campanitas sonando están. [bis]

La onomatopeya como elemento

Conforman este villancico cuatro coplas de versos octosílabos. En la primera y segunda, los versos pares riman en asonante /é-a/ (versos 2 y 4: «navideñas»/«sueña»; versos 6 y 8: «serena»/«azucena»); en cambio, en la dos restantes, cambian las asonancia de los versos pares: /í-a/ en la tercera copla («campesina»/ «neblina»); /é-o/ en la cuarta («viento»/ «cielo»). Se divide así el poema en dos partes, separadas por el estribillo, que se repite al comienzo y al final, formado por un tetrasílabo y un decasílabo.

El tetrasílabo reproduce la onomatopeya del tañido de las campanas (en realidad, «din, don, dan»); y el decasílabo también termina en palabra aguda («están»). Esta combinación aporta gran sonoridad al texto. Además, el tañido alegre de esas campanas difunden en la Nochebuena el júbilo de proclamar la venida al mundo del «Rey del Cielo»; y, en este sentido, el empleo del diminutivo «campanitas» desplaza a su sonido connotaciones de lo más afectivas. Fuera del estribillo, el diminutivo desaparece y, en dos ocasiones, se emplea el nombre «campanas».

De hecho, las campanas están presentes en tres de las cuatro coplas (en la primera, la tercera y la cuarta) y cobran un protagonismo relevante que ayuda a cohesionar interiormente el texto: más aún, no solo se las humaniza (copla tercera: «las campanas se despiertan»: copla cuarta: «alegres»), sino que incluso en alguna forma se las llega a divinizar, ya que desempeñan un papel similar a los coros angélicos, que portan el mensaje anunciador del nacimiento de Cristo (copla cuarta: «lanzan alegres al viento / una plegaria amorosa / anunciando al Rey del Cielo». Ese tañido de las campanas que diariamente suena al amanecer desde «la torre / de la iglesia campesina», se hace más «alegre», en efecto, en Nochebuena.

En esta tercera copla además de la humanización de las campanas (su «despertar»), se han empleado otros recursos estilísticos dignos de ser reseñados: el encabalgamiento «la torre / de la iglesia», que subraya el significado de ambas palabras, dándole a las campanas un cierto aire sacro; el empleo nada usual del adjetivo «campesina» aplicado a «iglesia» (hablando con propiedad, los tañidos de las campanas a quienes despiertan son a lo campesinos; con lo cual aquí se ha producido un juego metafórico en el que se combinan el desplazamiento calificativo y la hipálage); y, por último, ese tañido (imagen auditiva) se escucha entre la neblina (imagen hasta cierto punto táctil), por lo que la yuxtaposición de imágenes sensoriales reviste un carácter sinestésico.

Y ahora son «repiques / de campañas navideñas» los que surgen desde una de las capillas de esa iglesia. Adviértase, también, que el nombre «repiques», empleado en la primera copla, es incluso mucho más apropiado -e incluso eufónico- que el de «tañido» o «volteo», ya que alude a la acción de hacer sonar las campanas repetidamente y con cierto compás en señal de fiesta o regocijo.

Pero no solo hay campanas en el texto. Faltan los auténticos protagonistas: la madre y el hijo, es decir, la Virgen y el Rey del Cielo. Justo en el cajón donde comen las bestias («el pesebre») se encuentra el niño dormido, al cuidado de la Virgen, que está «desvelada»; Virgen que, a su vez, «sufre y sueña» (como anticipa la primera copla), dos verbos que quizá en su significado traigan los presagios de la futura muerte de Cristo como hombre en la cruz, para redimir al género humano; pero que mira con serenidad a su hijo (entendemos que el adjetivo «serena» -en la segunda copla-, aunque acompaña a «frente», se refiere en realidad a la Virgen, en calidad de predicativo, desplazamiento calificativo que hace más intensa la imagen).

Y la tierna mirada de la madre trae la inmediata respuesta del hijo: «y una sonrisa ilumina / su carita de azucena». Si el diminutivo «carita» ya aporta una nota de efusividad que intensifica el afecto, «la sonrisa» con que responde el niño no es menos efusiva: «ilumina / su carita de azucena». El verbo «iluminar» (bañar de resplandor) y la presencia de la «azucena», símbolo de inocencia y pureza, ponen una nota de alto valor esteticista a la escena descrita.

De las muchas versiones que circulan por internet con la interpretación de este villancico, hemos elegido una de las que mejor traducen el espíritu que lo anima: el Rey del Cielo ha nacido en un pesebre, y las campanas lo celebran.

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