'Carrapuchetes' en procesión por el casco histórico de Tarazona
¿Qué son los 'carrapuchetes'? La curiosa tradición de una ciudad de Aragón en Semana Santa
La cuaresma toca a su fin y se acerca el Triduo Pascual. Las procesiones en Tarazona, que se remontan al siglo XVI, son el hito de la localidad que «cautivó a Gustavo Adolfo Bécquer»
«¡Vamos a ver a los 'carrapuchetes'!»: los ciudadanos de Tarazona (Zaragoza) esperan el Triduo Pascual con gran expectación todos los años. Las procesiones, que se remontan varios siglos atrás en el tiempo, tienen unos protagonistas muy particulares: los 'carrapuchetes', que marchan entre humo de incienso, el tamborileo y el repicar de las carracas.
La localidad ubicada a los pies del Moncayo tiene una agenda de procesiones muy completa para marzo, con más de medio centenar de actos programados. En total, las diez cofradías de Tarazona suman casi mil fieles, que en las marchas pascuales desfilan al ritmo de 400 instrumentos (como tambores, bombos, cornetas, timbales y carracas). Pero ¿qué hace especial a la Semana Santa turiasonense para haber cautivado incluso a Gustavo Adolfo Bécquer?
'Carrapuchetes' de la Cofradía Nuestro Padre Jesús de la Flagelación
Todo empezó en 1555
Según la historiadora Rebeca Carretera Calvo, en 1555 se instituyó en Tarazona la primera cofradía: 'El Nombre de la Sangre de Cristo' (renombrada posteriormente como 'de la Santísima Vera Cruz'). Le siguen las otras nueve cofradías: la de Nuestra Señora Virgen de los Dolores, la de Nuestra Señora de la Piedad, la de La Entrada de Jesús en Jerusalén, la de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación, la del Santo Cristo del Consuelo, la del Santo Cristo de los Afligidos, la de Nuestro Señor en la Oración del Huerto, la de las Siete Palabras y del Santo Entierro, y la de la Resurrección del Señor.
Todas estas agrupaciones tienen fechas concretas en las que procesionan, visten de colores diferentes, tienen diversas tallas o pasos de Cristo y la Virgen, y recorren diferentes partes de la localidad. Sin embargo, las diez cofradías poseen una cosa en común: todas tienen sus 'carrapuchetes'. Así es como se llama a los nazarenos en Tarazona, localismo que es el plural de 'carrapuchet', diminutivo derivado del préstamo asturiano 'carapuchu' (alteración de 'caperuza', por infuencia de 'cara'). Y por nazareno, se entiende aquel o aquella penitente que en las procesiones de Semana Santa va vestido con túnica, en señal de mortificación.
'Carrapuchetes' marchando delante de la catedral el Domingo de Ramos
La ciudad históricamente ha sido un enclave estratégico entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. Capital de comarca y diócesis, Tarazona une la Meseta Norte y el valle medio del Ebro. De fundación prerromana, la localidad es, además, emplazamiento de comunidades cristianas, judías y musulmanas durante siglos. Y si la Semana Santa de Tarazona es reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional, sería la piedra angular de la localidad, hoy situada en una esquina de Aragón, limítrofe con Navarra, Castilla y León y La Rioja.
Un recorrido por diez siglos de arquitectura
Semana Santa aparte, el casco antiguo de Tarazona tiene un valor histórico-artístico máximo: combina elementos del románico, el gótico, el Renacimiento, el Barroco y el mudéjar (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en todo Aragón). La catedral de Santa María de la Huerta es una de las joyas artísticas más importantes de Aragón, sede del obispado encabezado por monseñor Vicente Rebollo Mozos. Erigida sobre restos romanos, es un templo ecléctico, donde se cruzan el gótico francés y el mudéjar con elementos renacentistas.
Entre otros edificios reseñables de Tarazona se encuentran el Palacio Episcopal (con una peculiar fachada volada hacia el río), el Barrio de la Judería, las Casas Colgadas (serie de edificaciones construidas en saledizo en las que residían las familias nobles), la Plaza de Toros Vieja (completamente restaurada y de planta octogonal) y la fachada del Ayuntamiento (de estilo renacentista con motivos mitológicos e imperiales).
Fachada de la catedral de Tarazona
La ciudad que cautivó a Bécquer
Por último, es notable el monasterio de Veruela. El conjunto será próximamente Parador Nacional, con el objetivo de «atraer turistas al Moncayo y Borja», confirma el Heraldo de Aragón. Enfermo de tuberculosis, Gustavo Adolfo Bécquer se trasladó al monasterio con su hermano Valeriano Bécquer buscando que el aire puro del entorno del Moncayo ayudara en su recuperación. Tras la funesta Desamortización de Mendizábal, la abadía funcionaba como hospedería a pies del monte. En el cenobio cisterciense el autor sevillano escribió Cartas desde mi celda, lugar en el que gustaba de tomar «en silencio mi taza de café, único exceso que en estas soledades me permito».
Tarazona, según Bécquer en su obra, es «una ciudad pequeña y antigua; más lejos del movimiento que Tudela, no se nota en ella el mismo adelanto, pero tiene un carácter más original y artístico. Cruzando sus calles con arquillos y retablos, con caserones de piedra llenos de escudos y timbres heráldicos, con altas rejas de hierro de labor exquisita y extraña, hay momentos en que se cree uno transportado a Toledo, la ciudad histórica por excelencia». Ya sea por los 'carrapuchetes' o por Bécquer, esta Semana Santa conviene visitar Tarazona, ciudad —como expresa el poeta sevillano en su obra— repleta de «sitios [y habitantes] pintorescos y llenos de carácter».