El padre Jakob Rolland
Un sacerdote podría ir a la cárcel en Islandia por exponer la doctrina católica sobre la homosexualidad
En una entrevista para la emisora RÚV, el padre Jakob Rolland explicó la moral sexual conforme al Magisterio: «Si voy a prisión, iré a prisión, pero eso no va a cambiar mi postura»
La policía de Reikiavik (Islandia) está realizando una investigación de las palabras del sacerdote católico Jakob Rolland, canciller de la diócesis de Reikiavik, tras una entrevista con la emisora estatal islandesa RÚV. El proceso penal buscará aclarar las declaraciones de Rolland, para determinar si vulneran la ley islandesa contra las «terapias de conversión» de personas homosexuales, aprobada en 2024 con mayoría absoluta en el Alþingi (Parlamento). Sobre las personas de este colectivo, Rolland declara a RÚV que «eso es precisamente lo que falta en la sociedad moderna. Quien desea abandonar ese estilo de vida no recibe ninguna ayuda».
En el país nórdico, el artículo 227b del Código Penal incrimina a aquellas personas que «utilicen tácticas como coerción, engaño o amenazas para obligar a alguien a recibir un tratamiento destinado a suprimir o alterar la orientación sexual, identidad de género o expresión de género de una persona». A este parágrafo se acoge la investigación, que malversa a propósito las palabras de Rolland, ya que esta entrada del Código Penal islandés «se trata de una formulación tan amplia que podría interpretarse como una prohibición de casi cualquier catequesis, indicación moral o consejo pastoral en relación con ese tema», explica Infocatólica.
Una Iglesia que acoge, pero no promueve
En la entrevista con RÚV, Rolland afirma que la Iglesia, sin ofrecer terapias para cambiar la orientación de las personas homosexuales, acoge al que viene con «sus problemas y pecados, luchando en cierta medida contra malas tendencias». Por lo tanto, Rolland explica que la Iglesia no rechaza a las personas que busquen consejo y orientación moral. Es más, les ofrece participar en la vida diaria de la comunidad, el culto y la oración.
La postura oficial de la Iglesia —razona Rolland— rechaza la terapia de conversión propiamente dicha, ya que el enfoque no es un tratamiento médico (tratando la homosexualidad como una enfermedad), y promueve la orientación moral y espiritual. Además, «todos los cristianos están llamados a controlar sus impulsos sexuales según las enseñanzas morales de la Iglesia», expresa Rolland, «no solo las personas homosexuales».
Rechazar el mal, aceptar el bien
«La orientación sexual es solo uno de los muchos factores que influyen en las tendencias individuales hacia un estilo de vida que no es bueno ni para el individuo ni para la sociedad», explica Rolland. «Esta conversión —el cambio de corazón— es una palabra clave en la vida diaria de los católicos», agrega. Todo católico se encuentra repetidamente «en la posición de apartarnos del mal y acercarnos al bien», añade.
El padre Rolland en Reikiavik
Al ser preguntado sobre lo que opina de la legislación del país con respecto a las personas homosexuales, Rolland dice que «siempre y cuando las leyes concuerden con las leyes de Dios, entonces está bien. Desde el principio se ha sabido en la ley que cuando las leyes del país y las leyes de Dios entran en conflicto, prevalecen las leyes de Dios».
Más adelante, declara que en la Iglesia en Islandia «no existen terapias de supresión organizadas, solo personas que conversan entre sí… La gente habla con un sacerdote y busca consejo. También hay quienes buscan apoyo en su vida espiritual. Vienen a nosotros, vienen a la iglesia, a los servicios de oración, a la Misa. Es principalmente en este ámbito donde podemos ayudar».
Una ministra ¿católica?
Las declaraciones de Rolland han provocado el rechazo de la Ministra de Asuntos Exteriores de Islandia, Þorgerður K. Gunnarsdóttir, que 'se considera' católica. «Pido a mi Iglesia que no siga por ahí», escribe en Facebook. La funcionaria declara a The Icelandic Review que «hablar sobre la homosexualidad como un problema que debe arreglarse no solo es ofensivo, sino también peligroso. Es imposible no interpretar esto como un fomento de la represión [...] Rechazo completamente la interpretación de que el deseo de Jesucristo es que los homosexuales cambien lo que son».
Sigmundur E. Rúnarsson, de la Alianza Socialdemócrata, ha insistido en el Alþingi que la sociedad islandesa no tiene que ver con la Iglesia católica. «¿Cuál es el mensaje para las personas homosexuales y transgénero del país?… Es: '¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza por vuestra orientación sexual!'», declara el poeta y diputado socialista.
«Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres»
En un país con un catolicismo al alza (gracias a la inmigración desde Europa Central y Filipinas), el padre Rolland ve el futuro con esperanza. Ante una sociedad woke (progresista), que da tanto protagonismo a los temas de moral sexual, concluye: «Ayer tuve una reunión con personas que desean aprender más sobre la fe católica y las enseñanzas de la Iglesia. Era un grupo numeroso, y la gran mayoría eran jóvenes. Así que quizás también forme parte del espíritu de la época buscar un punto de referencia, respuestas a las preguntas de la vida. Quieren encontrar seguridad, un refugio y una comunidad, y ese es el tipo de personas que vienen a nosotros».