Un hombre revela sus pecados en la confesión
Siete de cada diez católicos en EE.UU. no se han confesado en más de un año, pero están dispuestos «a retomarlo»
La mitad de los creyentes no ha pasado por el confesionario «por vergüenza»
Solía reconocer el padre Jorge Loring, SJ que «la confesión es algo que nos cuesta, porque uno no va a confesarse para reconocer sus victorias, sino sus derrotas». A su vez, a San Juan Bosco, –que había recibido el don para «ver» las almas de sus alumnos– en ocasiones le era permitido comprobar cómo un pequeño diablo tenía «atado» a alguno de sus chiquillos por un pecado que había callado en confesión. La Iglesia pide a los fieles «confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte y si se ha de comulgar», pero es cierto que muchos pasan de puntillas sobre este mandamiento.
En Estados Unidos, The Catholic Pulse Report elabora cada año un Estudio de la confesión que ha recogido The Catholic Vote y que arroja datos interesantes sobre esta práctica, «uno de los sacramentos más poderosos de la Iglesia, y también uno de los más incomprendidos», aseguran los investigadores.
Basándose en una encuesta realizada a 1.500 católicos de todo el país durante la semana del pasado 18 de febrero, el 68% reconoce no haberse confesado en el último año. Sin embargo, casi 8 de cada 10 aseguraron que «el deseo de experimentar el perdón y la misericordia de Dios les impulsaría a confesarse, convirtiéndose así en la motivación más fuerte identificada en el estudio».
El mayor obstáculo que encuentran los feligreses para confesarse es, como de costumbre, la vergüenza por los pecados cometidos. El 50% de quienes no se han confesado en más de un año reconocen sentirse avergonzados al confesar sus pecados, y el 53% estima que la experiencia es incómoda. Asimismo, el 43% de los penitentes poco frecuentes afirman que irían más a menudo si supieran que es normal luchar contra los mismos pecados, y un porcentaje similar desea que se haga mayor hincapié en la misericordia que en el juicio, según el comunicado distribuido The Catholic Pulse Report.
Excusas recurrentes
Los subterfugios que esgrimen son también los habituales: muchos se escudan en que «pueden pedir perdón a Dios directamente en lugar de ir a confesarse» –una opinión compartida por aproximadamente el 70% de los penitentes reticentes– o solo lo hicieron de niños.
«Este estudio no solo revela con qué frecuencia los católicos se confiesan, sino también por qué lo hacen, por qué no lo hacen y qué experimentan cuando lo hacen», ha revelado Hans Plate, el encargado del informe. «La conclusión es clara: la renovación requerirá una catequesis más profunda sobre la gracia y la seguridad únicas que se ofrecen a través de la absolución sacramental», sostiene el informe.
«Si bien no existe una solución mágica para fomentar el regreso a la confesión, proclamar con alegría lo que el Padre, rico en misericordia, ha hecho por nosotros en su Hijo, atrae a muchas personas de vuelta a la casa del Padre», concluye el padre John Riccardo, de la archidiócesis de Detroit e implicado en el estudio.