Vulnerable

El último episodio de 'Rebeldes podcast'

Bárbara Bustamante: «En las redes sociales, la gente no conecta con tus filtros, conecta con tus cicatrices»

La 'influencer' ha acudido al programa 'Se buscan rebeldes', donde ha explicado cómo «no llegó a la fe por una experiencia mística; llegué por envidia»

El mundo de los podcasts religiosos ha vivido un momento muy especial gracias al encuentro entre el programa Se Buscan Rebeldes y Bárbara Bustamante, que es la persona que está detrás de Mantita y Fe. En esta charla, que duró más de una hora, no se habló de teorías difíciles ni de frases hechas, sino de la vida real. Bárbara, que es chilena y vive en España, sorprendió a todos desde el principio al contar que su llegada a la Iglesia no fue por algo mágico o espectacular, sino por algo muy humano que a todos nos pasa: sentir envidia al ver a otros.

Ella explicó que veía a personas que tenían una alegría diferente, algo que ella sentía que le faltaba en su interior. Según sus propias palabras en la entrevista: Yo no llegué a la fe por una experiencia mística, llegué por envidia. Veía a gente que tenía una luz y una alegría que yo no tenía, y yo quería eso que ellos tenían. Esta confesión es muy importante porque quita el miedo a reconocer que a veces nos acercamos a Dios simplemente porque vemos que otros son más felices y queremos descubrir su secreto. Es una forma muy sincera de empezar un camino espiritual, admitiendo que uno se siente vacío.

Durante la conversación con los sacerdotes Ignacio y Pablo, Bárbara recordó cómo era su vida antes. Ella sentía que tenía un corazón de piedra, no porque fuera mala persona, sino porque se había fabricado una especie de armadura para que nada le hiciera daño. Vivía intentando controlarlo todo y siendo muy fuerte por fuera, pero muy solitaria por dentro. El cambio empezó cuando se dio cuenta de que no necesitaba ser perfecta para que Dios la quisiera. Ella lo resumió de esta manera: «Dios no me pidió que fuera perfecta, me pidió que fuera real». «El proceso de Mantita y Fe nació de mi propia necesidad de refugio, de entender que todos necesitamos esa mantita que es la misericordia de Dios cuando hace frío fuera», explica.

Cariño y consuelo

Esta idea de la mantita es la que da nombre a su proyecto y explica muy bien lo que busca transmitir. No se trata de dar lecciones a nadie, sino de reconocer que la vida a veces es difícil y que todos necesitamos un poco de cariño y consuelo. Bárbara contó que, al mudarse de país, perdió muchas cosas que le daban seguridad, como su estatus o su círculo cercano, y eso la obligó a preguntarse quién era ella de verdad. En ese momento entendió que su valor no dependía de lo que hacía, sino de quién era.

En el podcast también hablaron sobre el éxito y las redes sociales. Hoy en día parece que siempre tenemos que estar felices y mostrar una vida ideal en Instagram, pero Bárbara cree que eso no ayuda a nadie. Ella prefiere mostrar sus debilidades porque es ahí donde la gente se siente identificada. Como dijo en un momento de la charla: «Mi misión no es dar lecciones, es compartir mi herida para que otros vean que la suya también puede sanar. En las redes sociales todos intentamos vender una vida filtrada, pero la gente no conecta con tus filtros, conecta con tus cicatrices». Esta frase ayuda a entender por qué tantas personas la siguen, ya que no se vende como alguien superior, sino como alguien que también sufre y tiene dudas.

Otro tema que tocaron fue el miedo. Muchas personas piensan que tener fe significa que ya no vas a tener problemas, pero Bárbara aclaró que eso no es verdad. Los problemas siguen estando ahí, pero la diferencia es cómo los enfrentas. Ella decía que «la fe no me quitó los problemas, me quitó el miedo a los problemas». Esto significa que, aunque las cosas vayan mal, uno siente que no está solo y que hay una fuerza mayor que le ayuda a seguir adelante. Es un mensaje de mucha esperanza para los jóvenes que hoy sienten mucha ansiedad por el futuro.

Al final de la entrevista, el ambiente se volvió todavía más cercano. Hablaron de que incluso ella, que se dedica a hablar de Dios, tiene días malos en los que se olvida de rezar o de confiar. Reconoció que a veces es la primera que se olvida de ponerse la mantita y sale a la calle a pelearse con el mundo a pecho descubierto, y que por eso necesita seguir haciendo su contenido, para recordarse a sí misma esas verdades. Fue una conversación que sirvió para unir a dos comunidades de oyentes que buscan lo mismo: una fe que sea auténtica, que se pueda tocar y que no tenga miedo de mostrarse tal cual es, con sus luces y sus sombras.

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