Monseñor Piero Pioppo, esta mañana, en Madrigal de las Altas Torres (Ávila)
El Nuncio ensalza a Isabel la Católica: «Benefició y sanó a la humanidad en Castilla, España y el Nuevo Mundo»
Monseñor Piero Pioppo inaugura las celebraciones por el 575 aniversario del nacimiento de la Reina castellana en el municipio que la vio nacer
La extraordinaria iglesia de San Nicolás de Bari en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) se ha quedado pequeña esta mañana para acoger a las cientos de personas que han querido asistir a la celebración de la misa con la que daban comienzo las celebraciones por el 575 aniversario del nacimiento de la Reina Isabel la Católica.
El Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Piero Pioppo, ha querido estar presente oficiando la misa, en la que han concelebrado numerosos sacerdotes. «La Reina Isabel, desde esta su cuna natal, por misteriosos designios de la Providencia, supo ponerse al servicio del Señor y de la Santa Iglesia, nuestra Madre, y con su vida, palabras, decisiones y acciones permitió a Cristo resucitado pasar, beneficiando y sanando a tanta humanidad en Castilla, en España y en el Nuevo mundo, infundiendo esperanza, dando fuerza y constancia, llenando de alegría y de esperanza los corazones de todos», ha subrayado el prelado.
Monseñor Pioppo, que ha destacado «la historia tan noble e insigne de vuestra nación», ha saludado a los presentes en nombre de León XIV, y ha recuperado unas palabras con las que su antecesor, Francisco, definió a la Reina nacida en ese municipio abulense: «Fue una levantadora de la dignidad humana, capaz de presentar de cara a la condición humana –esclava del pecado de tantas miserias– soluciones valientes, innovadoras y firmes, reivindicando los derechos fundamentales de los hombres y mujeres de su tiempo, por supuesto, de forma proactiva e integral». «Fue un paso de gigante», llegó a decir de ella el Papa argentino.
«¡Cuántas cosas podemos decir de Isabel!», exclamó el Nuncio. «Todos sus biógrafos, empezando por los testimonios de sus contemporáneos, señalan su gozo particular por el así llamado Nuevo Mundo», aseguró. La reina castellana lo contempló «como una oportunidad evangelizadora», algo que, a su juicio, «solo ocurre cuando se está sólidamente anclado en las realidades superiores».
Un admirable sentido de justicia
«Necesitamos a Cristo, pan de vida», prosiguió el Nuncio, ya que «nuestro bien solo con Él se hace; se construye la civilización y la vida, tanto a nivel personal como social». «En Él se fundamenta y progresa sobre el bien, el cual debe estar en el programa de todos, hombres y mujeres que quieran asegurar su propia felicidad cumpliendo su misión», observó.
Y concluyó: «Como la Reina Isabel, que nos enseña que la felicidad, el bienestar, el auténtico progreso de cada uno de nosotros se alcanza aportando toda esta riqueza espiritual a nuestros semejantes, a los demás. Isabel destacó por su vida, por su prudencia, su piedad y su sentido admirable de justicia».