Una mujer realiza ejercicios de yoga ante el sagrario
Carmelitas, maristas y franciscanos también han acogido encuentros de yoga multitudinarios
Tras el congreso celebrado el pasado fin de semana en el castillo de Javier, que congregó a 250 personas en la casa de los jesuitas, salen a la luz nuevos casos donde se han llegado a emplear las capillas para sus rituales
Una mujer ataviada con una escueta camiseta, sentada sobre una esterilla con las piernas cruzadas, brazos parcialmente extendidos, palmas de las manos abiertas y mirada perdida hacia lo alto. A su espalda, un sagrario cerrado con dos velones rojos encendidos que, en principio, indican que el Santísimo está presente en el interior del tabernáculo.
Con esta imagen se anunciaba el Congreso Nacional de Yoga que se celebró en el monasterio de Las Avellanas de Os de Balaguer (Lérida) entre el 4 y el 6 de mayo de 2007, organizado por la Federación Española de Yoga Satsanga (FEYS), la misma que el pasado fin de semana congregó a más de 250 participantes en el castillo de Javier (Navarra), cuna de San Francisco Javier (1506-1552) y centro de espiritualidad dirigido por los jesuitas.
«Las Avellanas es la casa madre de los maristas en Cataluña; dejó de ser seminario el año 1994 y hoy en día es una hospedería abierta a todos, como lo expresan muy bien las palabras que encontramos a la entrada de la casa: Monasterio de les Avellanes, casa de puertas abiertas», explica su web. No cabe duda de que las puertas de este cenobio dirigido por los religiosos de la congregación fundada por San Marcelino Champagnat (1789-1840) están bien abiertas: también para grupos cuya espiritualidad es incompatible con la fe católica.
El cartel que anunciaba la 'Satsanga' en el monasterio de los maristas de Lérida
«La imagen de una mujer realizando yoga en ese evento anual en un espacio sagrado, y delante del sagrario, es un ejemplo lamentable», explica el experto en sectas e investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) Luis Santamaría del Río. «No debería ser necesario siquiera aludir a las normas de la Iglesia para estos casos, sino simplemente aplicar la cabeza y el sentido común para saber que estas cosas no pueden hacerse en un templo católico», agrega.
La «reunión de sabios»
La Satsanga –una «reunión de sabios»– se celebra cada dos años desde 2004, y reúne a centenares de asiduos al yoga de España y Portugal. Tres años después, los maristas les abrieron las puertas de su monasterio leridano y, desde entonces, la FEYS ha recalado en, al menos, tres casas de espiritualidad católicas más: el mencionado castillo de Javier, de la Compañía de Jesús: el santuario de Aránzazu, en Oñati (Guipúzcoa), dirigido por los franciscanos, y el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS), una institución de los carmelitas descalzos en Ávila.
Un yogui dirige una meditación en el centro de los carmelitas en Ávila. A su espalda, un retrato de San Juan de la Cruz
Este último es la sede de la Universidad de la Mística –concepto que no limita a los grandes místicos católicos, sino que lo amplía a todas las religiones–, y en su seno se celebró una Satsanga, además de dar acogida a numerosos actos de marcado corte sincretista.
En Aránzazu, algunas de las sesiones del congreso de yoga se desarrollaron en el interior del propio santuario, como prueban las numerosas imágenes disponibles. Allí, en ese templo de peregrinación mariano dedicado a la Andre Mari y confiado desde 1501 a los franciscanos, las misas y confesiones se interrumpieron durante unas horas para dar paso a mantras, asanas y meditaciones.
Un músico sentado en el presbiterio del santuario de Aránzazu, frente al altar y el sagrario
En algunas casas de espiritualidad que dirigen diversas congregaciones religiosas católicas se ha convertido en algo habitual ver a yoguis, gurús, maestros y conferenciantes varios campar a sus anchas impartiendo sus doctrinas.
El presbiterio del santuario de Aránzazu, con la imagen de la patrona al fondo, convertido en escenario para una actividad ajena a la fe católica
«Está claro que el evento realizado en el castillo de Javier ha tenido un evidente carácter espiritual, y no precisamente cristiano», advierte Santamaría del Río. «En realidad, ha sido totalmente incompatible, en cuanto se hablaba de una energía que en el fondo se identifica de una divinidad difusa de la que todos formaríamos parte», concluye el experto.