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Jesús ordena a los demonios del hombre de Gerasa, en una reproducción conservada en el monasterio del Escorial

¿El milagro del endemoniado de Gerasa fue real? La arqueología ha hallado «muchos huesos de cerdos» en el lugar

«Envíanos a los puercos para que entremos en ellos», dice el Evangelio que rogó a Jesucristo «la Legión» de demonios. Los restos de esos animales se han encontrado

«Mi nombre es Legión, porque somos muchos». El versículo que recoge Marcos 5, 9 se trata, sin duda, de uno de los más inquietantes de la Biblia. Cuando Jesucristo llegó «al otro lado del mar, a la región de los gerasenos», vino a su encuentro, «de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas».

Al comprobar la Legión infernal que no tenía ninguna posibilidad de derrotar al Mesías, los demonios le rogaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos». El final del pasaje es conocido: «Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara –unos dos mil– se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar».

¿Ocurrió realmente este episodio que recogen Marcos, Lucas y Mateo? Algunos, que de entrada niegan la posibilidad de cualquier milagro, o que recurren al manido argumento de «los epilépticos» para explicar superficialmente el fenómeno de la posesión diabólica, lo despacharán como una piadosa leyenda.

El endemoniado de Gerasa (Mc 5, 1-20)

«Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.

Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con fuerte voz: '¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes'. Es que él le había dicho: 'Espíritu inmundo, sal de este hombre'. Y le preguntó: '¿Cuál es tu nombre?'. Le contesta: 'Mi nombre es Legión, porque somos muchos'. Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.

Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: 'Envíanos a los puercos para que entremos en ellos'. Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.

Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan junto a Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos.

Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: 'Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti'. Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados».

Sin embargo, la arqueología aporta datos que resultan llamativos: «Cuando el nivel del Mar de Galilea descendió en cierto punto, se encontraron muchos huesos de cerdo no lejos de aquí», explica Nassim Mazig, director del yacimiento arqueológico de Kursi (Israel), reconocido históricamente como el lugar donde Jesús realizó el milagro del exorcismo de la piara de cerdos, y que se identifica con la antigua ciudad de Gerasa. «El Evangelio relata que espíritus inmundos entraron en los cerdos, que se precipitaron por el terraplén hacia el mar», recuerda el experto. «En la cima del terraplén, es decir, en la pendiente pronunciada, donde en la actualidad se encuentran los restos de una pequeña iglesia bizantina, construida en el lugar donde ocurrió el milagro», explica.

«Debemos tener en cuenta que la distancia desde la cima del terraplén hasta el Mar de Galilea es de aproximadamente 250 metros. ¿Saben por qué hago hincapié en esto? Porque en el Evangelio de Marcos, capítulo 5, se habla de dos mil cerdos. Es imposible contener dos mil cerdos en un espacio de diez metros, ni en cincuenta o cien metros: se necesita un área mucho mayor, y eso es precisamente lo que tenemos aquí», argumenta el director del yacimiento arqueológico.

Presencia cristiana desde el inicio

Pero hay más argumentos: «Desde los primeros siglos del cristianismo, una comunidad cristiana se asentó en este lugar, incluso antes de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial», observa Mazig. ¿Por qué lo harían, si no por la importancia que se le otorgó a ese lugar desde los albores del cristianismo?

«Cuando los cristianos gobernaron estas tierras durante la época bizantina, eligieron construir aquí el monasterio más grande de ese período», agrega el arqueólogo en unas declaraciones realizadas al Christian Media Center. «Fue construido por los emperadores y no por una comunidad específica, lo que significa que tenía un carácter oficial», subraya. «Desde los primeros siglos del cristianismo, el yacimiento de Kursi se ha convertido en un destino de peregrinación para quienes desean visitar el lugar asociado con este milagro», apostilla.

«Cuando los peregrinos llegaban a Kursi, los monjes del monasterio les ofrecían todo lo que necesitaban. Aquí se encontraban el gran monasterio, un pozo de agua e incluso una casa de baños donde podían descansar, restos aún visibles hoy en día», concluye Naama Mansfeld, directora del Centro Golán para la Educación e Información de la Autoridad de Parques y Naturaleza.

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