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Las respuestas del Papa a las preguntas correctas

En una sociedad individualista que quiso matar a Dios, las personas se habían quedado sin respuesta a los grandes interrogantes de la vida: el dolor, el sufrimiento, la injusticia, la muerte…

Act. 11 jun. 2026 - 09:47

El Papa León XIV, durante su encuentro con fieles en la Iglesia de Sant Agustí

El Papa León XIV, durante su encuentro con fieles en la Iglesia de Sant AgustíEFE

¿Por qué hay pobres y ricos? ¿Cómo podemos confiar en Dios cuando parece que nada merece la pena? ¿Cómo puedo perdonar a mi padre que estuvo a punto de matar a mi madre? ¿Hay que perdonar siempre? ¿Por qué hay abuelos que están solos si son tan importantes? Esta visita del Papa León XIV pasará a la historia por muchas cosas. Una de ellas es, sin duda, que se haya sometido al Santo Padre a las preguntas más difíciles que atenazan al corazón de la persona. Y el Papa ha contestado como necesita nuestra sociedad: con tanta claridad, convicción y verdad como empatía y comprensión.

Y es que, cuando se hacen las preguntas correctas, se obtienen las respuestas necesarias. En una sociedad individualista que quiso matar a Dios, las personas se habían quedado sin respuesta a los grandes interrogantes de la vida: el dolor, el sufrimiento, la injusticia, la muerte… Y solo nos quedaba la aceptación del fatídico destino, cuando no el perpetuo resentimiento atrapados en un destructivo victimismo.

En varios de los encuentros que el Santo Padre ha tenido con los fieles, se han organizado pequeñas charlas en las que distintas personas le lanzaban preguntas muy bien trabajadas. Es evidente que no había nada improvisado, porque la mejor improvisación es la que está preparada. Pero, aunque guionizadas, las preguntas elegidas han sido las certeras, porque son las que no sabe contestar nuestro tiempo y, sin embargo, sí ha sabido contestar nuestra Iglesia.

Y entonces, ¿cuál es la respuesta de la Iglesia? ¿Quiere Dios todo este dolor para su pueblo? ¿Hay que tragarse el sufrimiento a cucharadas porque es la voluntad de Dios? La respuesta del Papa ha tenido que dejar perplejos a los que no creen en Dios y buscan creer en cualquier cosa. No, Dios no quiere el dolor, ni lo permite, ni nos lo manda. Lo que nos ofrece es el consuelo de la salvación y la esperanza en la vida eterna.

Y ahí que se lanzó el Papa a dar respuestas a las preguntas correctas. La primera, ese vacío inmenso de una vida que sólo es producir, tener éxito y cuidar de la imagen. Contra eso, «pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales». Y saber que «a pesar de las dificultades, el lugar en el que Dios se hace presente y donde debemos encontrar sus huellas es siempre en la realidad donde nos encontramos».

El Papa León, este martes en la iglesia de Sant Agustí

El Papa León, este martes en la iglesia de Sant AgustíEFE

Segunda, durísima: el problema de la salud mental. La respuesta: sin espiritualizar el dolor, sin considerar que es «la voluntad de Dios», porque «Dios no quiere el sufrimiento», tenemos que saber que «Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan».

Tercera: ¿cómo perdonar al que ha causado un dolor enorme? Y León XIV dio en la clave: no depende de nuestra mera voluntad: el perdón es una gracia que hay que pedir un camino que hay que recorrer con la ayuda de Dios cuando experimentamos que no somos capaces.

El Papa, emocionado durante su encuentro con las realidades de Caridad y Asistencia Diocesanas en la Iglesia de Sant Agustí

El Papa, emocionado durante su encuentro con las realidades de Caridad y Asistencia Diocesanas en la iglesia de Sant AgustíEFE

Perdonar hasta setenta veces siete, contestaba el Papa a Renzo, un niño de seis años que le planteaba sus dudas. «Pero hay que entender bien qué significa perdonar», respondía León XIV con los pies en la tierra y la mirada en el cielo. «Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón».

Las preguntas no han sido cómodas. Ponían al Papa en el difícil compromiso de explicar lo que más duele a cada persona. Pero las respuestas no han podido ser más reconfortantes y, sin duda, habrán sembrado esperanza en tantos corazones en búsqueda de la verdad que veremos sus frutos en abundancia.

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