Durante años, las marcas visibles en la cabecera del templo monástico del Divino Salvador de Ferreira de Pantón (Lugo) fueron interpretadas como simples humedades provocadas por antiguas filtraciones. Así lo reconoce la Madre Cruz, abadesa del monasterio. Sin embargo, las primeras investigaciones revelaron que bajo aquellas capas se escondían unas pinturas de extraordinario interés.
«Ha sido una sorpresa mayúscula. Nunca imaginamos que detrás de aquellas manchas aparecerían unas pinturas tan grandes y hermosas», añade la religiosa. La abadesa recordó además que el monasterio del Divino Salvador, cuyos orígenes se remontan al siglo X, es actualmente el único monasterio femenino cisterciense habitado de Galicia.