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El monje benedictino Joseph Byron posa sobre la turbina eólica de la abadía de Portsmouth

El monje benedictino que construye turbinas eólicas

Su iniciativa convirtió la abadía de Portsmouth en un sinónimo de predicación ejemplar: aparte de con la palabra, con hechos tangibles

La predicación más importante es la que se realiza con el ejemplo: «Hay que demostrar con hechos lo que se dice». Esta premisa es la que repetía Joseph Byron en el 2006, año en el que este monje benedictino decidió construir una gigantesca turbina eólica para su abadía de Portsmouth, ubicada en Rhode Island (EE. UU.).

No concebía que la importancia de las energías renovables que les trasmitían a sus alumnos residentes en el internado del monasterio no se pusieran en práctica en su propia abadía. Con el fin de revertir esta situación, el padre Byron no dudo en ponerse manos a la obra: expuso la propuesta a sus compañeros, habló con los vecinos y comenzó la construcción de una gran turbina eólica.

Y las palabras se demostraron con hechos

Este monje benedictino llegó a la abadía de Portsmouth en 1981 como profesor laico para realizar labores educativas en el internado. Tres años después se convirtió al catolicismo, y a finales de la década profesó su votos e ingresó en el monasterio.

Como ha relatado para National Catholic Reporter, su especial cuidado con el medio ambiente surgió de su infancia en una antigua granja en el oeste de Massachusetts y de su vida en los amplios terrenos de la abadía. «Siempre he amado esta propiedad, y he intentado cuidarla, mantenerla y conservarla en buen estado», afirmó.

El proyecto de la turbina eólica se fue fraguando lentamente. Antes de su construcción, la escuela ya había instalado bombillas fluorescentes compactas y equipos de ahorro de agua, con el fin de lograr contaminar un poco menos. Cuando el padre Byron comunicó su idea a la oficina estatal de energía, estos le comunicaron que «estaban encantados» con el proyecto. Proporcionaron así al monje benedictino el conocimiento necesario para la fabricación e instalación.

Tras ganarse el apoyo de sus hermanos y contar con la respuesta afirmativa de los vecinos de la zona, comenzaron a llegar las distintas piezas de la turbina: La torre fue transportada en camión desde Fargo, Dakota del Norte; las palas se fabricaron en Dinamarca; la góndola y el generador procedían de Italia, y las piezas procedentes del extranjero se reunieron en Ámsterdam, navegaron hasta Brooklyn y luego se trasladaron por carretera a Portsmouth. El padre Byron optó por el modelo Vestas de 660 kilovatios. Una vez que todas las cargas llegaron a la abadía en marzo de 2006, los operarios instalaron la turbina en dos días.

Las aspas del aerogenerador de la abadía de Portsmouth durante su montaje en marzo de 2006

Las aspas del aerogenerador de la abadía de Portsmouth durante su montaje en marzo de 2006NCR

Hoy, la máquina eólica se ha convertido ya en símbolo del monasterio, siendo muy conocida entre todos los estadounidenses de la zona. Los estudiantes aguardan semanas de espera para poder subir a su cima y contemplar las vistas. «Debemos ser la única escuela del planeta que permita a los niños escalar esto», declaró entre bromas el padre Byron.

Una inversión de más de 1 millón de dólares

Para costear los materiales y la construcción, el Fondo de Energía Renovable de Rhode Island aportó 450.000 dólares y los monjes benedictinos el resto. El coste total ascendió a poco más del millón de dólares.

El coste se amortizó en tres años y medio: la turbina genera aproximadamente 1,1 millones de kilovatios-hora al año y cubre cerca del 40% del consumo eléctrico del monasterio. En lugar de recuperar la inversión realizada, el monasterio destinó unos 600.000 dólares a un fondo escolar para realizar más mejoras medioambientales, construyendo nuevas ventanas y comprando vehículos eléctricos de mantenimiento.

Joseph Byron, durante las últimas reparaciones de la turbina eólica

Joseph Byron, durante las últimas reparaciones de la turbina eólicaNCR

Ahora, el paso del tiempo ha hecho mella en la máquina: una revisión reveló el desgaste de los cojinetes en la unión de las palas con el buje. La abadía optó por una reconstrucción completa, que incluye trabajos en la caja de engranajes, los cojinetes del generador y otras piezas móviles. Las palas de 23,5 metros están actualmente siendo reparadas para garantizar su óptimo funcionamiento durante muchos años más.

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