Un joven, durante una movilización a favor del pueblo Palestino en Madrid
¿Por qué islam y socialismo suelen ir de la mano? Las cinco razones que aporta un experto
Parecen incompatibles, absolutamente antagónicos y, sin embargo, se alían con excesiva frecuencia. ¿Qué es lo que propicia esta unión contra natura?
«El socialismo no solo debilita los fundamentos morales y espirituales de una cultura, sino que crea un vacío. Y ese vacío está siendo llenado —deliberadamente y estratégicamente— por los islamistas». Michael A. Youssef tenía unos 14 años cuando unos soldados se presentaron en el lugar de trabajo de su padre, en Egipto, y le ordenaron que se fuera a casa. Su negocio, construido a lo largo de años de trabajo fiel, había sido confiscado por el Estado sin previo aviso. «Eso ocurría en mi país bajo el régimen socialista-islamista de Gamal Abdel Nasser. De niño, sacaba libros a escondidas sobre la libertad estadounidense, aterrorizado por quién pudiera estar observándome. Hui de Egipto siendo joven, porque había visto con mis propios ojos adónde conduce el socialismo», ha rememorado ahora en un artículo que ha publicado en The Christian Post.
Tras varias décadas residiendo en Estados Unidos, no puede ocultar su sorpresa. «Jamás imaginé que volvería a verlo resurgir, esta vez en los escenarios de las campañas electorales estadounidenses, acogido con entusiasmo por una generación que nunca ha sentido su coste», lamenta. Youssef habla con conocimiento de causa: en su Egipto natal se convirtió al cristianismo y decidió huir con solo una maleta durante la Guerra de los Seis Días, en 1967, cuando apenas contaba 19 años. Posteriormente se haría pastor protestante en Atlanta, y se doctoró en Antropología Social.
«Esto no es un llamado a la política partidista», asegura, «sino a la claridad bíblica». «Los cristianos debemos entender qué es el socialismo: un sistema incompatible con la dignidad humana y la libertad bíblica», defiende. «La Iglesia debe estar despierta, informada y fiel, tanto para esta generación como para la venidera», agrega. «Una vez hui del socialismo», señala, y por eso sentencia: «La libertad sin autoridad se convierte en anarquía. La autoridad sin libertad se convierte en esclavitud». «Me duele profundamente ver a candidatos con plataformas abiertamente socialistas ganar elecciones en todo el mundo occidental. Como persona que escapó de un país socialista-islamista, esto es lo que insto a los cristianos a comprender», afirma, y lo resume en cinco puntos que recoge en su libro Una alianza impía: Cómo el progresismo provocó una invasión islamista.
1. El socialismo sustituye a Dios por el Estado
«La primera y más fundamental razón por la que los cristianos deben desconfiar del socialismo es teológica. El socialismo no se limita a reorganizar la economía; reordena la lealtad última. Cuando el Estado se convierte en proveedor, protector y árbitro de todo, asume un papel que solo le corresponde a Dios», advierte el especialista.
Citando el salmo 2:10-12, que ordena a los gobernantes «servir al Señor con temor» y «refugiarse en Él», el pastor apunta que «el socialismo invierte completamente este principio, instruyendo a las personas a buscar refugio en el Estado. Esto no es una simple discrepancia política. En esencia, es una forma de idolatría».
«Muchos cristianos abrazan el socialismo con las mejores intenciones : un deseo genuino de ver a los pobres salir adelante», observa. «Pero las buenas intenciones no redimen un sistema fallido. El socialismo nunca ha brindado la compasión que promete», asegura.
2. El socialismo silencia a la Iglesia
«En el Egipto de Nasser, los cristianos eran castigados por hablar abiertamente de su fe. Había informantes por todas partes: en escuelas, lugares de trabajo y barrios. Como cristiano, fui objeto de burlas y, a veces, incluso agredido físicamente, simplemente por mis creencias», rememora Youssef, que ha publicado una veintena de libros.
«Los cristianos que creen que el socialismo democrático actual es fundamentalmente diferente de sus predecesores autoritarios cometen un error garrafal. El mecanismo es siempre el mismo: consolidar el poder, marginar a la oposición y silenciar a la Iglesia», alerta.
3. La mentira, ese arma revolucionaria
«Hay candidatos afines al islamismo en toda Europa y ahora también en Estados Unidos que están ascendiendo al poder adoptando una retórica socialista», constata Youssef. «Hablan el lenguaje de la equidad, la inclusión y la justicia social. Forjan coaliciones con movimientos progresistas. Pero una vez en el poder, la alianza revela su verdadera naturaleza», advierte.
A su juicio, «los islamistas comprenden algo que muchos cristianos occidentales desconocen: el socialismo desestabiliza, fractura la confianza comunitaria y genera dependencia del Estado».
4. Su enemigo común: el cristianismo
«A muchos les sorprende saber que socialistas e islamistas han cooperado anteriormente», apunta el experto. «Aunque parezcan ideológicamente incompatibles, comparten un enemigo común: los fundamentos bíblicos y judeocristianos de la civilización occidental», observa.
Youssef lo ejemplifica con el caso de Irán, cuando, en 1979, intelectuales de izquierda y clérigos islamistas se unieron para derrocar al Sha. «En pocos años, los islamistas habían absorbido por completo a sus aliados», advierte. «En Egipto, se desarrolló un patrón casi idéntico bajo el gobierno de los Hermanos Musulmanes. En ambos casos, el socialismo creó las condiciones propicias —el colapso de la tradición, la promesa de salvación colectiva, el resentimiento hacia las instituciones existentes— y el islam político llenó ese vacío», explica.
5. El silencio cómplice de algunos cristianos
«Algunos creyentes argumentan que la neutralidad política es lo propio del Evangelio. Entiendo su preocupación y respeto la intención que la motiva. Pero el silencio ante la creciente tiranía no es fidelidad, sino abdicación», sentencia este doctor en Antropología Social .
«Los profetas no guardaron silencio cuando el culto a Baal entró en el palacio», ejemplifica. «Los apóstoles no guardaron silencio cuando César exigió lealtad absoluta. Dietrich Bonhoeffer no guardó silencio en la Alemania nazi. Y no podemos guardar silencio ahora, mientras dos ideologías totalitarias avanzan juntas contra el Evangelio y contra las libertades», concluye.