«Sí, es la misma cruz que fue la esperanza de nuestros antepasados durante siglos, que también nos acompaña desde el nacimiento y que esperamos que un día esté sobre nuestra tumba. Por eso, oramos junto con San Francisco: 'Te adoramos, Señor Jesucristo, y te glorificamos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo'», afirmó monseñor Tencer.