La catedral de Badajoz incluye el templo, el claustro y otras zonas para usos diversos, y ocupa una manzana en el centro de la ciudad. Su origen remoto se sitúa en el siglo XIII, momento en el que Alfonso IX conquista la ciudad. Al ser nombrado el primer obispo, fray Pedro Pérez, en 1255, comenzó a utilizarse como catedral la mezquita mayor de la alcazaba, que había sido consagrada como iglesia con el nombre de Santa María del Castillo. Inmediatamente se determina la construcción de un nuevo templo en el Campo de San Juan para la sede episcopal y, hacia 1274, ya se contaba con una primera catedral dedicada a San Juan Bautista.