Los novicios se dirigen a la capilla donde emitirían sus primeros votos
Un joven dominico, tras un año de noviciado: «Dios nos ha llevado a nuestro propio desierto para regar en él»
Seis novicios de la orden fundada por Santo Domingo de Guzmán acaban de emitir sus primeros votos religiosos en Sevilla
Tras un año de noviciado en Sevilla, seis jóvenes dominicos profesaron sus primeros votos temporales el pasado 5 de septiembre. Acompañados por sus familias, amigos y numerosos miembros de la familia dominicana, participaron en una celebración que presidió el provincial, fray Javier Carballo O.P.
Numerosas personas provenientes de Paraguay, Cuba, Madagascar, Guinea Ecuatorial, Uruguay y todos los rincones de España –los países de origen de los novicios– quisieron estar presentes en la profesión religiosa. Uno de ellos, fray Pablo Añorbe, ha recogido en una crónica distribuida este lunes por la propia orden religiosa fundada por Santo Domingo de Guzmán su experiencia «de este año de noviciado»: «Llegamos con la prisa, agitados del mundo, y se nos pidió parar». «Como esas tardes de verano jugando al sol cuando comienza una tormenta y sales corriendo al abrigo del techo más cercano, así fue llegar al convento que sería nuestra casa por un año», define poéticamente. «Tuvimos que aprender a parar, a mirarnos por dentro, a perdonar, a convivir. Tuvimos que ir dejando que Dios fuera obrando en nosotros, poco a poco, como lluvia fina que, aunque parece no mojar, acaba empapando la tierra», prosigue.
Los seis nuevos profesos, junto a sus formadores
«Dios nos ha llevado a nuestro propio desierto y ha ido regando en él, haciendo germinar en nosotros nuestra mejor versión», observa fray Pablo. «No digo que haya sido siempre fácil. Ha habido momentos de crisis, de no ver nada, de sentir que nada está floreciendo en ti. Pero, aun en la oscuridad y en el silencio, hemos ido vislumbrando ese rayo, esa cuerda auxiliar a la que agarrarnos para poder seguir», asegura.
«No era un logro»
«Yo, fray Pablo Añorbe Montesinos, hago profesión y prometo obediencia… Uno podía pensar que ya estaba todo hecho, que se había acabado. Pero lo bueno de vivir en una Orden como la nuestra es que siempre tienes un hermano que te permite centrar la mirada en lo verdaderamente importante», agradece el neoprofeso. «Ese día no acababa nada; no era un logro, sino un reto que estamos llamados a asumir, y que solo logra aquel que vive realmente enamorado de Jesús, de su Evangelio y de su Reino», observa.
«¡Aquí estamos, Domingo! ¡Aquí estamos, Señor! Queremos seguir diciéndote sí todos los días de nuestra vida, queremos seguir poniéndonos al servicio del más necesitado. Queremos seguir siendo lluvia, sal, luz, palabra, abrazo, esperanza y valentía. Queremos seguir viviendo este carisma que Domingo ideó para nosotros, y que lleva más de 800 años predicando la gracia, siguiendo a Cristo Predicador», concluye fray Pablo.