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LA COLUMNA DE @SOTANARURALP. Antonio María Domenech

Ya no os llamo siervos

Hay algunos que, cuando les pides caminar una milla, te acompañan dos; y otros que, cuando les pides la capa, te ofrecen también la túnica. Son generosos, agradables (incluso algunos pesados, los que hacen cinco millas), pero da gusto tener amigos as

Acabo de llegar de Ejercicios Espirituales. Esta frase ha resonado en mi corazón, además de ser citada varias veces por el Padre Javier Andrés MCR., que los predicaba: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer (Jn 15,15). Estas palabras me hacen pensar qué tipos de amigos tenía Jesús, y en qué grupo me incluyo. Y, en segundo lugar, qué tipo de amigos tengo, y qué tipo de amigo soy.

Hay algunos que, cuando les pides caminar una milla, te acompañan dos; y otros que, cuando les pides la capa, te ofrecen también la túnica. Son generosos, agradables (incluso algunos pesados, los que hacen cinco millas), pero da gusto tener amigos así. Otros desaparecen de repente o se ponen de perfil. El joven rico sería el ejemplo más claro del Evangelio. Eres demasiado «exigente», no les dices lo que quieren oír o tienes un problema, del tipo que sea, y ponen pies en polvorosa. Como dicen los jóvenes hoy, te dejan en visto, pero no un mensaje, sino del todo. Son lo más parecido al «si te he visto, no me acuerdo». Y no debe ser de ahora porque, como dicen en mi pueblo, todos los refranes trabajan. Cuando de una cosa ya hay hasta un refrán, es que viene de antiguo.

Otros amigos, como la Virgen, o San Juan, se mantienen a tu lado, incluso al lado de la cruz. ¡Qué pequeño ese grupo! ¡Y qué bien se está con ellos! Te parece que son de toda la vida, pero algunos, algunos aparecen de repente como si te los mandara Dios, como el Cirineo o la Verónica. Y ya nunca se apartan. Otros, están muchos años a tu lado. Cuando ellos están mal te lo cuentan, y cuando estás mal tú, te llaman ellos. Hay momentos que dices: «Si en esta ocasión ni me has llamado, ¿tú cuándo me vas a llamar?». Y si contestan: «Es que no sabía nada» es para decirles, como decía mi padre: D'aixó em queixo (De eso me quejo).

Quizás alguno de esos, de tu círculo preferido parece que se ha dormido. Queda tranquilo, a Jesús también le pasó. Incluso Jesús tuvo un Judas. Tiene que haber también en tu vida. Sin Judas no hay Cruz, y por la Cruz vamos a la Pasión, y de ahí a la Resurrección. Un castillo bien armado, sin Judas, no se derrumba. Así pasó con Viriato y con la invasión musulmana (ay, perdón; no sé si no se puede usar ahora esa palabra). Es parte de nuestra historia. Si alguien te ha traicionado, ofréceselo al Señor, y sigue tu camino. Tampoco puedes parar de caminar por tener cerca gente que te hace daño.

Y después de esta reflexión, yo me pregunto. En la vida de Jesús, ¿qué tipo de amigo soy? Es más, en la vida de los demás, ¿cómo me comporto? Para un rato, para siempre, depende, ¿de qué depende?, aparezco de repente. Dice la Sagrada Escritura que quien tiene un amigo tiene un tesoro; lo que es más difícil de averiguar es quién es tesoro, quién es oveja, y quién lobo. Adiós amigos, siempre resonará en mi corazón el lema de mi ordenación sacerdotal: «Nadie tiene Amor más grade que el que da la vida por sus amigos», sí, por los Judas también. Gracias por leerme.

El padre Antonio María Domenech es sacerdote rural de la diócesis de Cuenca y evangeliza en internet a través de su cuenta @sotanarural

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