Los mártires de Santander
Arrojados al mar atados de pies y manos y con una piedra al cuello: el método para acabar con el clero de Santander
Seis sacerdotes de Palencia figuran entre los 80 mártires asesinados 'in odium fidei' que mañana serán elevados a los altares
Sobrecoge leer las biografías de algunos de los 80 fieles cristianos que mañana sábado serán elevados a los altares en la catedral de Santander. «Fue asesinado siguiendo el mismo procedimiento empleado con otros sacerdotes: arrojado al mar con una soga y una pesada piedra, en las proximidades de la isla de Mouro, a la salida de la bahía santanderina», explica la biografía de Lucio Herrero Maza, un sacerdote de 70 años que fue asesinado precisamente por eso: por ser sacerdote.
La diócesis de Palencia ha distribuido las vidas de los seis sacerdotes nacidos en su provincia.
Benedicto Sandoval Prieto
Nació el 7 de mayo de 1904 en el barrio de Villavega, perteneciente a Castrillo de Villavega. Recibió las órdenes sagradas de ostiariado y lectorado el 22 de diciembre de 1928 en la catedral de Palencia y fue ordenado sacerdote el 14 de junio de 1930.
Desde 1933 ejerció como párroco de Esles (Cantabria), donde fundó la Juventud de Acción Católica y desarrolló una intensa labor pastoral, trabajando con constancia para fomentar la vida religiosa entre sus feligreses.
El 12 de octubre de 1936 fue asesinado junto con otros dos sacerdotes. Los tres fueron arrojados al mar en las proximidades de la isla de Mouro, a la salida de la bahía de Santander, con las manos y los pies atados y una pesada piedra o pieza de hierro atada a una soga.
Teodoro Sánchez Vacas
Nació en Palencia, donde fue bautizado en la parroquia de San Lázaro el 24 de abril de 1892. Recibió todas las órdenes sagradas en la capital palentina de manos de su obispo, monseñor Raimundo Barberá y Boada. Fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1916.
Destacó por sus cualidades musicales y su dedicación al servicio litúrgico. Fue organista de las catedrales de Santo Domingo de la Calzada, Jaén y Santander. En esta última desempeñó el cargo de beneficiado organista desde 1923 hasta su muerte, el 13 de octubre de 1936.
El cartel promocional de la beatificación
Félix Carriazo García
Nació en Dueñas el 21 de febrero de 1901. Fue ordenado sacerdote, con dispensa de edad, el 14 de junio de 1924. Celebró su primera misa en su localidad natal, en medio del entusiasmo y la alegría de sus vecinos.
Sus primeros destinos pastorales fueron Cardaño de Arriba y Cardaño de Abajo. Posteriormente pasó a Carrión de los Condes y, en 1930, fue destinado como organista y coadjutor a Cabezón de la Sal (Cantabria).
El 1 de enero de 1937 fue conducido a la checa de Neila. Allí, uno de los milicianos llegó a interceder por él, destacando su bondad y el hecho de que nunca se había metido en política. Sin embargo, al día siguiente fue trasladado a las cercanías de Novales, donde fue asesinado. Su cuerpo fue quemado junto con los de varios maristas de Cabezón de la Sal, un salesiano y otro sacerdote palentino que también será beatificado.
Ramón Martín Martínez
Nació en Berzosilla en 1907. Fue ordenado sacerdote en 1931 y nombrado ecónomo de las parroquias de Queveda y Mijares, en Cantabria, donde desarrolló toda su actividad pastoral.
Su ministerio fue breve, pero su fidelidad sacerdotal quedó sellada con el martirio. Fue asesinado en la tarde del 2 de enero de 1937, junto con Félix Carriazo.
Ángel Diego Ortega
Nació en Paredes de Nava el 27 de enero de 1879. En 1892 ingresó en el seminario de Comillas, donde cursó sus estudios eclesiásticos con un expediente académico brillante.
Fue ordenado sacerdote en 1904 y su primer destino pastoral fue la parroquia de Castrillejo de la Olma, donde permaneció hasta 1908. Ese año fue nombrado capellán de la Casa de la Caridad de Santander, institución a la que dedicó buena parte de su vida sacerdotal.
El 8 de enero de 1937 fue arrojado al mar, atado de pies y manos y con una pesada piedra o pieza de hierro, en las proximidades de la isla de Mouro, a la salida de la bahía de Santander.
Lucio Herrero Maza
Nació en San Llorente de la Vega, donde fue bautizado el 19 de octubre de 1867. Cursó sus estudios sacerdotales en el seminario de Monte Corbán y fue ordenado sacerdote en la parroquia de San Francisco de Santander en 1890.
Ejerció como párroco de Gallegos de Solmirón (Salamanca) durante cuarenta años. Tras su jubilación, en 1935, fue adscrito a la parroquia de la Anunciación de Santander.
El 23 de enero de 1937 fue asesinado siguiendo el mismo procedimiento empleado con otros sacerdotes: fue arrojado al mar con una soga y una pesada piedra, en las proximidades de la isla de Mouro, a la salida de la bahía santanderina.