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La Virgen del Apocalipsis de Miguel Cabrera

La Virgen del Apocalipsis de Miguel Cabrera

'La excepción hace la regla':¿cuántas personas vinieron al mundo sin pecado original?

El nuevo Adán es, como diría el Apóstol, Jesucristo, y la nueva Eva sería la Virgen María. Afirma la bula de Pío IX referida a María: «siempre estuvo con Dios, y unida a Él con eterna alianza, y nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, por consiguiente, fue aptísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original»

El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX proclamaba el dogma de la Concepción Inmaculada de María, la Madre de Jesús. El contenido esencial de este dogma se refiere a una de las bases de la fe cristiana: la existencia del Pecado Original. El pecado original es una mancha que todos los nacidos tenemos hasta que nos bautizamos. Ahora bien, como dice el refrán, «la excepción hace la regla».

En la historia de la salvación encontramos a varios nacidos sin pecado original. Concretamente, son cuatro afortunados; entre ellos por supuesto Adán y Eva –que aunque lo adquirieron no fueron creados con él, siempre según el relato del Génesis– y posteriormente, ya en el Nuevo Testamento, encontramos a María y a su hijo, Jesús.

Jesús y Adán

Adán, personaje perteneciente al relato del Génesis, fue modelado por Dios a imagen y semejanza, creándole «del polvo del suelo». San Pablo, en sus cartas a los Romanos, relaciona a Jesús y a Adán: «Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos». Por lo que nos da a entender que así como Adán nos lleva al pecado, Jesús nos libra de él. Algo parecido sucede con Eva y María.

María y Eva

Durante el Concilio Vaticano II se trató la Anunciación, llegando así, los padres conciliares, a la conclusión de que «así como una mujer contribuyó a la muerte, así también otra mujer contribuyera a la vida» (Lumen gentium, 56), por lo que se relacionó a Eva con María. Haciendo alusión a San Pablo en la cita anteriormente señalada, refiriéndose a Adán y a Jesucristo, se comentó que al igual que Eva «había sido seducida por el discurso de un ángel, hasta el punto de alejarse de Dios a su palabra», María «recibió la buena nueva por el discurso de un ángel, para llevar en su seno a Dios, obedeciendo a su palabra». Así la Virgen María se convirtió en «abogada de la virgen Eva».

Ambas, Eva y María, a ojos de la cristiandad, tienen muchos aspectos comunes: son vírgenes, madres, esposas. Ambas viven la muerte de un hijo por la violencia de la humanidad, –aunque en el caso de Abel fuese su propio hermano Caín el que le propiciase tal destino– inocentes por su origen y, por supuesto, creadas sin pecado pero, además, sucede como en el caso de Adán y Jesús, ya que una soluciona lo que la otra ha causado con sus actos. Como señala san Ireneo de Lyon en Adversus haereses V: «De la misma forma que el género humano había quedado sujeto a la muerte a causa de una virgen, fue librado de ella por una Virgen; así la desobediencia de una virgen fue contrarrestada por la obediencia de una Virgen...».

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