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19 de abril de 2024

De izquierda a derecha Josemaría Escrivá de Balaguer, el monje Adalbert Junqueras y el abad Aurelio María Escarré, en Monserrat, 8 de mayo de 1948

De izquierda a derecha Josemaría Escrivá de Balaguer, el monje Adalbert Junqueras y el abad Aurelio Maria Escarré, en Monserrat, 8 de mayo de 1948Cedida

El hilo que une Monserrat con el Opus Dei: 85 años de amistad y protección

La correspondencia entre Escarré y Escrivá demuestra que la primera mitad de los años cuarenta fueron convulsos para la Obra en Barcelona y que Montserrat estaba sujeto a un cierto control de los primeros gobiernos del general Franco

El Opus Dei ha recordado estos días en Montserrat que trabaja para cristianizar Cataluña tal y como lo hizo el abad Oliva en la Edad Media, pero ahora desde un carisma eminentemente secular. Lo dijo su vicario en Cataluña, Ignasi Pujol, en un acto el pasado 24 de febrero en el que el abad, Manuel Gasch, inauguró un alto relieve de san Josemaría y el beato Álvaro del Portillo, en el camino de Sant Miquel, que simboliza los más de 85 años de amistad fraternal entre la Obra y la abadía benedictina.
Durante este tiempo, ambas instituciones se han ayudado mutuamente y Montserrat se ha convertido en mantel protector de la Obra en tiempo de crisis. El fundador del Opus Dei protegió al abad Escarré de la presión política del primer franquismo, mientras que éste evitó que el gobernador de Barcelona, Antonio Federico Correa Veglison, encarcelara a Escrivá y erradicara la Obra en Cataluña. A partir de entonces, Montserrat allanó el camino en Roma para el reconocimiento pontificio de la Obra. Estas son las claves históricas.
«El Opus Dei en Cataluña tiene raíces en Montserrat», aseguró hace unos años el abad Josep Maria Soler. La aventura de esa amistad comenzó en Andorra en 1937, tras la huida de Escrivá de la persecución religiosa en Barcelona; continuó en Navarra en 1938, con la reunión con los monjes de Montserrat en el balneario de Belascoain, y cuajó en Madrid el 20 de abril 1942 con el primer encuentro entre Escrivá de Balaguer y el abad Aureli Maria Escarré. Entre ambos brotó una corriente de simpatía mutua que les permitió colaborar y ayudarse.
Monserrat es lugar de culto de la Virgen desde el siglo IX

Monserrat es lugar de culto de la Virgen desde el siglo IXAbadía de Monserrat

Escrivá y Escarré tenían intereses comunes. Ambos buscaban una autonomía jurisdiccional dentro de la Iglesia católica. Un año antes, Escarré recibió la bendición abacial de manos del obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea. Montserrat contaba con más de un centenar de monjes y el deseo del abad era disponer de plena autoridad en el territorio del monasterio y depender solamente del Papa. Por su parte, Escrivá, al igual que el abad benedictino, anhelaba un estatus particular dentro de la Iglesia, pero con una figura canónica esencialmente secular. Todo ello se refleja en más de un centenar de cartas del Archivo Apostólico de Montserrat que intercambiaron ambos eclesiásticos entre 1941 y 1966.
La correspondencia entre Escarré y Escrivá demuestra que la primera mitad de los años cuarenta fueron convulsos para la Obra en Barcelona y que Montserrat estaba sujeto a un cierto control de los primeros gobiernos del general Franco. Por ejemplo, desde el Ministerio de Justicia se convocaba con frecuencia a los abades Antonio María Marcet y Aurelio Escarré «para tratar asuntos diversos», según la correspondencia. En una de estas reuniones, Escarré se sintió profundamente humillado por Eduardo Aunós, un jurista catalán que estaba al frente de la Dirección General de Asuntos Eclesiásticos. Escarré se lamentaba también de la dureza e incomprensión del nuncio en Madrid, Gaetano Cicognani.
En este contexto histórico, el abad Escarré solicitó la ayuda de Escrivá de Balaguer para recuperar la condición jurídica de abadia nullius, es decir, una facultad que le permitiría depender directamente del Papa, al margen de los obispos, y departir directamente con el general Franco, obviando a los gobernadores civiles. Un privilegio que Montserrat había ostentado hasta la desamortización de Mendizábal, en 1835, año en que la abadía pasó a depender de la diócesis de Vic.
Primera visita del general Franco a la Abadía de Montserrat, a  25 de enero de 1942

Primera visita del general Franco a la Abadía de Montserrat, a 25 de enero de 1942Cedida

Escarré no consiguió restablecer nunca la figura de abadia nullius, no por razones políticas (en 1948 Franco veía con buenos ojos este estatus), sino de oposición interna en el seno de la jerarquía de la propia Iglesia catalana. Gregorio Modrego, arzobispo de Barcelona, y Benjamín de Arriba y Castro, primado de la Tarraconense, se opusieron tajantemente al proyecto.
Escarré siempre vio en Escrivá a un fiel aliado frente a las presiones iniciales del régimen franquista y, eso sí, al menos consiguió que Montserrat se mantuviera dentro de la federación de Subiaco. El papel de Escrivá fue decisivo. En 1940, profesionales jóvenes que habían hecho carrera meteórica en Madrid, ocupaban la Administración General del Estado franquista. Algunos de estos jóvenes habían tenido relación con Escrivá en tiempos de la Segunda República, en los inicios del Opus Dei en Madrid. Escrivá se sirvió de estos contactos y actuó en favor de la autonomía eclesial de Montserrat, favoreciendo una relación fluida con los sucesivos gobiernos de Franco, que se hizo muy evidente cuando Martín Artajo asumió la cartera de Justicia. También intercedió ante la Nunciatura Española y consiguió que Cicognani visitara Montserrat. Franco lo hizo el 25 de enero de 1942 y fue recibido bajo palio por el abad Marcet.
En estos años inmediatos al fin de la Guerra Civil, Escrivá buscaba la autonomía jurídica del Opus Dei con el fin de ordenar sacerdotes y llevar a cabo su desarrollo institucional. Así, confiaba al abad Escarré todos los pasos que daba en Roma para conseguir el reconocimiento jurídico papal. El abad benedictino intercedió para que la Obra obtuviera el nihil obstat de la Santa Sede. En un viaje relámpago de Álvaro del Portillo a Roma en mayo de 1943 y tras la intervención ante Pío XII del abad Gregori Sunyol, monje de Montserrat, presidente del Instituto de Música Sacra, y del padre Anselm Albareda (más tarde cardenal), prefecto de la Biblioteca Vaticana, la Santa Sede dio el visto bueno a la solicitud de Escrivá y en junio de 1944 eran ordenados los tres primeros sacerdotes de la Obra, entre ellos el propio Álvaro del Portillo, hasta entonces secretario general. Nacía la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.
12 de marzo de 1965, el abad Aurelio María Escarré subiendo a un avión en el aeropuerto de El Prat de camino del exilio

12 de marzo de 1965, el abad Aurelio María Escarré subiendo a un avión en el aeropuerto de El Prat de camino del exilioCedida

Paralelamente en Catalunya, el abad Escarré impidió el encarcelamiento de Escrivá de Balaguer en Barcelona por parte del gobernador civil, Antonio Federico Correa Veglison, que había emprendido acciones coercitivas contra la Obra cuando la institución contaba apenas con una docena de miembros, entre ellos Alfons Balcells Gorina, Ramon Guardans, Raimon Paniker y Laureano López Rodó.
Entre 1940 y 1944 el Opus Dei tuvo que hacer frente a la incomprensión, la difamación y la calumnia de algunos sectores eclesiásticos en una Barcelona dominada por el orden falangista y un Estado centralista confesional. El objetivo de estos grupos era claramente eliminar el Opus Dei de Cataluña.
La intervención del abad Escarré hizo cambiar de parecer al gobernador Correa Veglison y, con ello, evitó el encarcelamiento de Escrivá y los primeros miembros de la Obra en Barcelona. Poco después, el abad recibió en audiencia en Montserrat a Rafael Termes, Lluís Valls-Taberner, Joan Baptista Torelló y Joan Masià y los abrazó en un acto público de desagravio. «Montserrat siempre defenderá la Obra», les dijo. La persecución de la Obra disminuyó de forma temporal en Barcelona y Montserrat se convirtió en Monasterio de peregrinación para los miembros de Opus Dei en Cataluña.
Uno de los episodios más significativos de la amistad fraternal entre el Opus Dei y Montserrat se remonta al exilio de Escarré en Milán, en 1965, en el monasterio benedictino de Viboldone. Escrivá de Balaguer tuvo el gesto de ofrecer al abad, ya enfermo, su cámara privada en Villa Tevere, la sede central de la curia prelaticia del Opus Dei en Roma. Lo hizo a través de un enviado especial a la capital lombarda: el doctor y teólogo Joan Baptista Torelló, uno de los cuatro jóvenes de la Obra que el abad abrazó en Montserrat en 1942, ahora conciliario en Italia.
Hoy, como ayer, la milenaria orden benedictina está al lado del Opus Dei, camino de su centenario, en un momento en que el Papa Francisco revisa y ordena la figura canónica de las prelaturas personales y la Obra busca, sin dramatismos, con serenidad y muy buen humor, su nuevo encaje jurídico en el seno de la Iglesia, siguiendo los pasos del abad Oliva para cristianizar Cataluña.
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