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El pequeño grupo de 26 peregrinos mongoles llevando la cruz del Jubileo

Desde una Iglesia minoritaria de 1.500 fieles, Mongolia peregrina a Roma: «La fe vino con los misioneros»

En medio de una sociedad mayoritariamente budista o no creyente, esta diminuta pero vibrante comunidad ha peregrinado para dar testimonio de su fe y agradecer a quienes, como los misioneros, hicieron posible su conversión

Una pequeña delegación de fieles católicos provenientes de Mongolia ha visitado la Ciudad Eterna entre los días 15 y 18 de junio, en una peregrinación jubilar que los ha llevado desde Turín hasta Asís, pasando por los lugares más emblemáticos de la tradición cristiana. El punto culminante fue el encuentro con el Papa León, a quien pudieron saludar personalmente en el Palacio Apostólico el martes 17.

«Nos ha dado mucha alegría encontrarnos con el Papa. Hemos hablado de la Iglesia en Mongolia, esa 'Iglesia incipiente' de la que también habló el Papa Francisco», expresó el cardenal Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator, a la Agencia Fides. «Ha sido hermoso recordar con él el viaje del Papa Francisco a nuestro país. Hemos dado las gracias a los fieles mongoles por su valiente testimonio de fe, conscientes de que no es fácil optar por el cristianismo en nuestra tierra. Hemos pedido al Santo Padre que rece por nosotros y lo hemos invitado también a visitar Mongolia».

Mongolia, una nación de más de tres millones y medio de habitantes —mayoritariamente budistas tibetanos, musulmanes o no creyentes—, alberga una comunidad católica diminuta pero activa: apenas 1500 fieles en todo el país. Sin embargo, su dinamismo y su compromiso pastoral siguen atrayendo la atención de la Iglesia universal.

La esencial labor de los misioneros

Durante su estancia en Roma, los peregrinos mongoles —26 en total, incluyendo al cardenal Marengo, misioneros y laicos comprometidos— también fueron recibidos por el cardenal Luis Antonio Tagle en el Palacio de Propaganda Fide el miércoles 18 de junio. En el corazón de la capital italiana, esta pequeña comunidad ofreció un testimonio «silencioso pero elocuente», como lo definió Fides, de una Iglesia joven que avanza con sencillez y decisión.

Rufina Chamingerel, responsable de la Oficina Pastoral de la Prefectura Apostólica de Ulán Bator, resumía así su labor diaria: «Apoyamos al cardenal Giorgio Marengo, a los misioneros, a las parroquias. Les ayudamos a llevar adelante su servicio según lo que se necesita cada día, en cada momento. A veces se trata de encontrar una pequeña oración, escribir una catequesis breve, hacer una traducción o preparar un encuentro».

Además, destacaba un aspecto esencial para comprender el camino de fe de esta joven Iglesia: «No podríamos habernos convertido al cristianismo por nosotros mismos si no hubieran llegado los misioneros. La fe ha llegado hasta nosotros porque también a nosotros nos han sido enviados misioneros y misioneras».

Entre los peregrinos se encontraban Cecilia, encargada de la oficina de comunicación; Amanda, responsable de la casa de espiritualidad; Amaraa, chófer; Zulaa, cocinera; Andrea, ecónomo salesiano de origen vietnamita; y el sacerdote coreano Pietro Hong con un grupo de feligreses de la iglesia de Santa María. Un pequeño resto del «pequeño resto» que es la Iglesia en Mongolia, como señala la agencia.

Hace menos de tres años, el Papa Francisco visitó Ulán Bator, en un viaje que marcó un hito histórico para la evangelización en Asia Central. Ahora, algunos de los mismos que lo acogieron en aquella ocasión, han venido a Roma «para visitar a Pedro, venerar su memoria y saludar también a su nuevo sucesor».

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