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El Recién elegido Papa León XIV, Robert Prevost, dirigiéndose a la multitud desde el balcón principal de la logia central de la Basílica de San Pedro

El recién elegido León XIV dirigiéndose a la multitud desde el balcón de la logia central de la Basílica de San PedroAFP

El escritor español que 'profetizó' la llegada del Papa León XIV

Yo fui secretario de León XIV: memorias de un futuro próximo es una novela publicada en 2023 que, sin proponérselo, parecía anticipar un futuro que hoy ya es presente

El pasado mayo, la elección de un Papa norteamericano con el nombre de León XIV hizo levantar más de una ceja entre los 'vaticanistas'. ¿Norteamericano? ¿León qué? ¿No había pasado ya casi un siglo desde el último León? Curiosamente no. En 2023, el madrileño Bruno Moreno Ramos—licenciado en Física y en Estudios Eclesiásticos y traductor profesional— se adelantó 'proféticamente' a la situación cuando publicó: Yo fui secretario de León XIV: memorias de un futuro próximo.

Portada del libro «Yo fui secretario de León XIV», de la editorial 'Vita Brevis'

Portada del libro «Yo fui secretario de León XIV», de la editorial 'Vita Brevis'

Un libro que, desde la ficción, lleva al extremo los desafíos de la Iglesia en un futuro próximo y cuenta la historia de un Papa improbable: un simple cura de España, sin experiencia vaticana ni ambición de poder, que es elegido inesperadamente en un cónclave de cardenales «bastante mediocre», como señala el resumen del libro, en un momento de agonía eclesial y caos geopolítico. Dos años después, la ficción parece haberse adelantado a la realidad.

¿Adivinación o análisis lúcido?

Narrada desde la perspectiva de su improvisado secretario —un hermano franciscano lego sin formación académica—, la obra combina humor, elementos agridulces y un relato con tono esperanzado. Presenta un escenario complejo: una Iglesia profundamente dividida, el Vaticano al borde de la bancarrota, una creciente desorientación moral en Occidente y conflictos prolongados en regiones de Oriente y África.

Aunque en la novela el nuevo Papa es un cura rural español sin experiencia en el gobierno de la Iglesia, y en la realidad el recién elegido León XIV es un cardenal norteamericano con trayectoria curial —fue prefecto del dicasterio para los Obispos—, el paralelismo de fondo no deja de ser llamativo.

En ambos casos, el Pontífice se enfrenta a un escenario especialmente difícil: tensiones y divisiones internas, escándalos recientes y graves desafíos globales. En la ficción, el Papa improvisa con lo que tiene —incluido un secretario franciscano sin preparación— y se limita a hacer lo esencial: rezar, mantenerse fiel a la tradición, anunciar el Evangelio y confiar en que Dios actúe.

Todavía queda camino por recorrer para conocer cómo será el papado de León XIV y si tendrá alguna relación con el personaje de la novela. Pero, más allá de los nombres y las circunstancias, hay una actitud esperanzada en ambos que resuena con el tono sobrio y espiritual que ha marcado los primeros gestos públicos del actual Papa, y que se condensó en una frase que ahora adquiere toda su fuerza: «El mal no prevalecerá».

Desembocar en la esperanza

Bruno Moreno escribió Yo fui secretario de León XIV impulsado por un clima de «desánimo e incluso desesperanza» que, según él, se respiraba en ciertos sectores de la Iglesia. «Pensé en qué ocurriría si, en vez de mejorar, todo empeorara mucho más», explica a El Debate. De ahí nació la idea de llevar al límite una crisis ya perceptible: un Vaticano sin recursos, desprestigiado, ignorado por el mundo; y una Iglesia sumida en la confusión, rodeada por guerras, revueltas y una moral global a la deriva.

En medio de ese panorama el autor sitúa, con algo de ternura e ironía, a un grupo improbable de personajes: «Un párroco de pueblo, sin experiencia pero con fe; un fraile portero al que nombra secretario; una monja malhumorada como refugiada en el Vaticano y un cardenal africano aficionado a la buena mesa y a una vida tranquila». Como guinda del pastel de este pintoresco grupo, no falta un gato, al que Bruno define como «uno de los personajes principales».

El centro del relato no es la política eclesial, sino una certeza espiritual: «El Papa descubre que las soluciones humanas ya no sirven, que quizás debieron aplicarse décadas atrás. Ya nadie le hace caso, todo parece perdido». Pero es justo ahí cuando el protagonista entiende que quien dirige la Iglesia no es él, sino el Espíritu Santo, y que «su misión, más que arreglarlo todo, es fiarse de Dios y hacer lo poco que puede, incluso aunque sea fracasar». «Paradójicamente —añade el autor—, al imaginar una situación mucho peor que la actual, desemboqué en la esperanza teologal, que es lo que necesitamos ahora mismo y siempre en la Iglesia».

«No podíamos dejar de reír»

Bruno no imaginó que la realidad terminaría dándole la vuelta a su propia ficción. Cuando escribió la novela, eligió ese nombre ficticio del Pontífice precisamente porque le parecía improbable. «No parecía en absoluto el nombre de un Papa moderno», asegura. Pensó que era, de entre todos los posibles, uno que jamás aparecería en un cónclave real. La sorpresa llegó cuando, dos años después, el nuevo Pontífice eligió exactamente ese: León XIV.

Durante el reciente cónclave, su mujer bromeó con que ese sería el nombre del próximo Papa. Nadie la tomó en serio, hasta que la fumata blanca trajo consigo la coincidencia. «No podíamos dejar de reír», recuerda el autor. Los lectores se lo hicieron saber enseguida: hubo mensajes, llamadas e incluso comentarios en redes sociales que insinuaban conspiraciones. Su propio párroco no podía contener la risa cada vez que, durante la misa, se mencionaba a León XIV.

Pero para Moreno Ramos, más allá del guiño involuntario entre novela y realidad, hay un significado profundo. El nombre de León enlaza con una tradición que remonta a los Padres de la Iglesia, con figuras como san León Magno. «Me alegré mucho, porque sentí que el nuevo Papa quería insertarse en esa historia», explica. Lejos de lo extravagante, ve en esa elección «un gran gesto de humildad»: elegir un nombre que ya llevaron otros 13 pontífices, lejos de todo afán de atención. Al final, pudo ser solo una coincidencia. O quizás, como en su novela, hay alguien más que lleva la pluma.

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