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El Papa León XVI junto al padre Del Moral

León XVI junto al padre Del Moral, en el encuentro que mantuvieron poco después de ser elegido PapaRicardo Morales

Entrevista al Prior General de los Agustinos

«Quisieron ensuciar al cardenal Prevost con acusaciones falsas antes del cónclave, y hoy es el Papa»

El padre Alejandro del Moral, una de las personas que mejor conoce a León XIV, explica cómo es el estilo de gobierno del nuevo Papa, y rasgos de su carácter como su determinación, sus inquietudes espirituales o su sentido del humor

Pocas personas conocen tan bien al nuevo Papa como quien le sucedió al frente de la Orden Agustiniana, el español Alejandro del Moral. Desde hace años, el actual Prior General de los hijos de san Agustín es amigo personal de Robert Prevost, como demuestra el hecho de que fuese una de las últimas personas a las que vio antes del cónclave, y una de las primeras con las que ha mantenido encuentros ya como Sucesor de Pedro. Por eso, sabe bien de lo que habla cuando analiza su personalidad, su estilo de gobierno o el sufrimiento que le causaron algunas falsas acusaciones que circularon por Internet días antes de encerrarse en la capilla Sixtina. Temas, todos ellos, de los que habla en esta entrevista con El Debate.

–Usted fue una de las últimas personas que estuvo con el cardenal Prevost antes de que entrase en el Cónclave...

–Sí. Él vino a la Curia General de los Agustinos a comer con nosotros y a despedirse el día antes del cónclave. Fue algo normal, porque aunque ya no era Prior, venía mucho a rezar a nuestra capillita, y había venido varios días seguidos.

–¿Y le preguntó si pensaba que iba a ser elegido Papa?

Todos sabíamos que su nombre sonaba mucho, y él mismo sabía que podía ser elegido Papa. Se lo comentamos, pero él es muy discreto, y las cosas más serias se las guarda para sí; sólo las comenta cuando las tiene que comentar. Sí que le vimos muy reflexivo, pero porque nuestro ideal agustiniano es tener un solo corazón y una sola alma dirigidos hacia Dios, y comprendimos que estaba viviendo un discernimiento. Es un hombre de una profundísima espiritualidad, y ahora, su experiencia como prior, como obispo y como cardenal en el Dicasterio para los Obispos le va a ayudar mucho.

–León XIV ya se ha reconocido como «un hijo de san Agustín». ¿Cómo cree que va a marcar el carisma agustiniano este pontificado?

–Creo que con cuatro rasgos fundamentales: la comunión, la fraternidad, la búsqueda de la verdad y la vida interior. Vamos a ver el deseo de diálogo y de llegar al encuentro entre las personas que tiene León XIV. Y también, como decimos los agustinos, que la verdad no es tuya ni es mía, es de todos, y tenemos que buscarla para seguirla juntos. Eso no significa inventarnos la verdad desde nuestro acuerdo, sino ponernos de acuerdo para buscarla. Y, sobre todo, la interioridad: el Papa va a poner un gran acento en la vida espiritual y en cultivar la relación personal con Dios.

–San Agustín es uno de los grandes conversos. En un momento de pérdida masiva de fe en occidente, ¿tiene León XIV como prioridad la urgencia de la nueva evangelización?

–Efectivamente, para él la conversión es un elemento nuclear. ¡Pero con la conciencia de que la conversión la necesitamos todos: usted, yo, una persona alejada de la Iglesia o él mismo! Él ha dicho varias veces que la Iglesia está para ser luz; no para decir que es mejor que nadie, sino para ayudar al mundo a encontrar a Dios. Lo hemos hablado muchas veces: todos tenemos que convertirnos, porque yo, al menos en mi vida, creo que cada día tengo que convertirme algo más para tratar al menos de renovar mi pasión por Dios, mi pasión por Cristo, mi pasión por los hermanos.

–La conversión de san Agustín no se entiende sin su madre, santa Mónica, que también logró la conversión de su marido. ¿Tenía el cardenal Prevost algún tipo de preocupación especial por la familia?

–Él sabe que es muy necesaria la pastoral familiar, porque muchas familias están muy dañadas y necesitan ser reconstruidas. Más de una vez hemos hablado de que se pudieran abrir en los colegios de la Orden un gabinete o espacio específico para las familias, porque atendemos muy bien a los niños, pero muchas veces dejamos de lado a los padres, que necesitan ser escuchados. Hacen falta espacios en la Iglesia donde los padres puedan encontrar a alguien dispuesto a escucharles, hablar con ellos, acompañarlos. Yo creo que la familia va a ser un punto importante para él.

–Él ha estado al frente de la Orden Agustiniana, ¿Cómo es su estilo de gobierno?

–Es una persona que se da cuenta de todo, de cada gesto, de cada detalle. Además de ser inteligente, es muy listo. Posee esa capacidad: observa con atención, es difícil que se le escape algo, y reflexiona mucho antes de actuar. Es una persona discreta, no le gusta hablar en exceso. Cuando está con sus compañeros, se muestra cercano: habla, da su opinión, se ríe... se comporta como uno más. Pero cuando se trata de la vida de gobierno, es reflexivo y decidido. Escucha a sus consejeros, sopesa todo cuidadosamente, y llegado el momento, tomará la decisión que haya que tomar, incluso si es difícil. Ayer, un periodista italiano me comentaba que lo había visto levantar la voz tres veces, y decía: «Me da la sensación de que es una persona con gran determinación para avanzar». Y yo coincido.

–¿Recuerda alguna anécdota de su época como prior que sirva de ejemplo?

–En un momento dado, cuando ya era obispo, una persona le preguntó cómo había llegado hasta donde estaba, y él respondió, con humildad, que no era algo que él hubiera buscado, que era obra de Dios. Pero añadió que si alguien quiere llegar a algo en la vida, debe hacerlo a través de la escucha y la construcción de puentes. Por eso creo que su estilo de gobierno será más reservado, menos espontáneo que el de Francisco. Y es bueno: no buscamos que se repita un modelo, sino que cada uno sea fiel a sí mismo. Y León XIV, sin duda, lo será: claro, determinado y profundamente comprometido con la misión de la Iglesia.

–La Curia de los Agustinos no se destaca por su tamaño, si la comparamos con otras congregaciones. ¿Cree que podría repetir el modelo y apostar por una Curia Vaticana más ágil y simplificada?

Él es una persona muy pragmática. Creo que su objetivo principal será lograr que las cosas funcionen de manera eficiente. Si reducirá la estructura, no lo sé. Lo que él busca ante todo es que las cosas funcionen bien. En cuanto al estilo de trabajo, respeta profundamente la forma en que los demás trabajan. Marca líneas claras, pero deja mucha libertad para que cada uno haga su tarea. Al final, espera que se den informes sobre cómo van las cosas, qué se está haciendo y qué decisiones se deben tomar. Pero no es de los que te interrumpe constantemente ni exige detalles todo el tiempo. Promueve un ambiente donde se pueden discutir las cosas en conjunto. Aunque, como Papa, habrá cuestiones que solo él podrá decidir.

–Ya vamos viendo que es una persona prudente, con formación sólida y un fuerte sentido misionero. Pero, desde lo personal, ¿qué cree que puede sorprendernos más?

–Lo que más lo define es su naturalidad. Es una persona muy auténtica. Tendrá que asumir protocolos, leer discursos, mantener cierta formalidad, pero su esencia no cambia: es cercano, es natural, es él mismo. Destacaría su cariño. No tiene los mismos gestos que el Papa Francisco, pero es muy afectuoso y la gente lo va a notar. Se va a sentir su cercanía, su calidez. Además, tiene mucho sentido del humor. Si hay un momento para reír, se ríe sin problema, con una risa abierta, auténtica. No es de esos que se ríen por compromiso. Le gusta compartir momentos sencillos, contar un chiste simpático o disfrutar de una conversación amena. En ese sentido, es muy humano, muy accesible.

El Papa, junto al Prior General y a miembros de la curia agustiniana, ante la tumba de san Pedro

El Papa, junto al Prior y a miembros de la curia agustiniana, ante la tumba de san PedroAgustinos

–Estos días ha tenido un encuentro privado con el Papa y concelebró junto a él en la tumba de san Pedro. ¿Qué le dijo?

–Me emocioné mucho. Le di un abrazo y me pasó lo mismo que cuando le felicité siendo cardenal, porque le quiero mucho. Y creo que también él se emocionó. Nos abrazamos tan fuerte, que pensé que el guardia de seguridad iba a creer que le estaba atacando. Pero es por el cariño que siento por un hermano. Y le dije: «tú sabes mucho mejor que yo cómo tienes que ser, pero la naturalidad que tienes transmite bondad, cariño, amor; sigue con esta naturalidad, tú eres así y reflejas a Dios».

–Usted y el entonces obispo Prevost se han aconsejado mutuamente en muchos momentos. ¿Hay alguna vivencia que se le haya grabado especialmente?

–Los dos hemos hablado mucho, sí. Pero yo era el que solía pedir consejo. Él me ha ayudado en muchos momentos dramáticos o complicados. Por ejemplo, hace poco fui a consultarle sobre un tema delicado de un superior. Le conté la situación y mi temor a haber actuado mal, por si tenía que haber sido más o menos duro. Y después de hablar de eso y poner luz en ese caso, me dijo: «Mira, Alejandro, no hay ningún pecador que no se pueda convertir, ni ningún santo que no tenga pecados». Es algo que se me ha grabado.

–Justo antes del cónclave, algunos portales de internet lanzaron acusaciones en torno a unos abusos, que ya se habían demostrado falsas. ¿Cómo vivió él ese proceso?

–Todo eso fue muy duro, pero viene de atrás. Sabemos de dónde nace y quiénes están detrás. El Papa Francisco estaba muy bien informado de todo antes de nombrarle obispo y cardenal. No voy a decir muchas cosas, pero sacar esas notas con acusaciones falsas, precisamente el día anterior al cónclave, sólo buscaba que no fuese votado como Papa. Intentaron ensuciarle, a ver qué pasaba. Pero si uno entra a leer las acusaciones, se ve que investigó y que siguió todos los cauces canónicos y civiles, e incluso animó a quienes decían ser víctimas que acudieran a la justicia. Él investigó todo e hizo todo lo que podía, y más. Aquello le provocó un dolor grande, porque él siempre ha estado al lado de la verdad y al lado del que sufre. Sacar estos hechos que sucedieron hace 30 años, con acusaciones falsas contra él, justo antes del cónclave, es algo que no tiene que ver con las víctimas, ni con menores, sino con una persona que estaba trabajando en cierto lugar... Pero, como le digo, no puedo decir mucho. Sólo que quisieron ensuciar falsamente a un buen hombre como el cardenal Prevost, y ahora es el Papa.

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