Pauline Jaricot mostrando la expansión de las misiones
Domingo Mundial de las Misiones
Pauline Jaricot, la joven rodeada de lujos cuyo accidente a los 23 años dio origen al Domund
La vida de una francesa que lo tenía todo acabó convirtiéndose en el origen del Domingo Mundial de las Misiones, que se celebra este 19 de octubre, y que hoy sostiene la labor misionera en todo el mundo
A los 17 años, Pauline vivía entre sedas, joyas y bailes. Su padre era un próspero fabricante de tejidos y ella parecía destinada a una vida de comodidades. Pero un accidente doméstico —una aparatosa caída de un taburete— quebró aquel espejismo, sumiéndola en una profunda depresión. Además, durante el transcurso de la enfermedad, murió uno de sus hermanos y su madre.
«Pauline basaba su vida en banalidades, pero descubrió –como se dice ahora– que ella también era vulnerable, frágil… fue un bofetón a la propia estructura de su vida», explicaba en 2022 el ahora arzobispo emérito de Pamplona y obispo emérito de Tudela, Francisco Pérez, que reflexionaba sobre su legado en el semanario diocesano La Verdad.
Nacida en Lyon en 1799, la más pequeña de siete hermanos, Pauline había crecido admirando el trabajo de los misioneros. Pero no fue hasta ese momento de quiebre cuando, un día, tras el accidente, entró en una Iglesia y escuchó cómo el sacerdote decía: «Dios te ama, Dios es amor», comprendió —contaba el arzobispo— «el orgullo y la vanidad que tenía, y la hicieron decidirse a cambiar».
«Las cosas de Dios son sencillas»
La joven comenzó a llevar una vida de profunda oración y penitencia. El día de Navidad de 1816 hizo un voto de virginidad perpetua, aunque entendió que su camino no era el convento. Su fe debía vivirse en medio del mundo. «Las cosas de Dios son sencillas, no son exuberantes: lucen, pero no son para lucirse», subrayó monseñor Pérez.
Fue su hermano Philéas, seminarista, quien le habló de las penurias económicas de las misiones extranjeras de París. Pauline no se quedó de brazos cruzados. Reunió a un grupo de jóvenes obreras de la fábrica familiar y fundó una pequeña fraternidad de oración: las Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesucristo. Rezaban por los misioneros y aportaban una limosna: como mínimo un centavo por persona para sostenerlos.
El nacimiento de una obra universal
Aquel gesto sencillo se propagó con una fuerza inesperada. Cada vez más personas querían unirse, formando grupos de diez que rezaban y colaboraban con las misiones. En 1822, con apenas 23 años, Pauline fundó la Asociación de la Propagación de la Fe, germen de las actuales Obras Misionales Pontificias. Un siglo después, el papa Pío XI la declararía 'Pontificia'.
«El Señor guio a Pauline, y aquella pequeña experiencia creció hasta hacerse de toda la Iglesia: de ahí nace el Domingo Mundial de las Misiones, el Domund», recordó monseñor Pérez, que fue director nacional de OMP. «Lo que hace el Domund es lo mismo que hizo Pauline: ponerlo todo en Dios y compartirlo para el bien de los pobres», aseguraba.
Su celo apostólico no se detuvo ahí. Creó también el Rosario Viviente y fundó las Hijas de María, extendiendo su amor por la oración y la misión. Pero su vida acabaría probada en la adversidad. Compró una fábrica para dar trabajo digno a los obreros, pero fue víctima de una estafa. Quedó arruinada, abandonada por todos e incluso olvidada por quienes se beneficiaron de su obra.
Tuvo que inscribirse en el registro de indigentes de Lyon, despojada de sus bienes y de la autoría de su fundación. Sin embargo, —como recoge la web de las Obras Misionales Pontificias— «permaneció fiel a la voluntad de Dios y a la Iglesia, en adhesión total al Papa».
Pauline-Marie Jaricot murió el 9 de enero de 1862, en la pobreza, pero en paz. En mayo de 2022, su beatificación en Lyon recordó la vida de una mujer que entendió que el verdadero lujo está en amar y servir a Dios sin medida.