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León XIV con el presidente de Camerún, Paul Biya

León XIV con el presidente de Camerún, Paul BiyaAFP

El Papa pide frenar la «hemorragia de talentos» jóvenes para combatir «las lacras de la droga, la prostitución y la apatía»

En su primer encuentro con las autoridades en el Palacio Presidencial de Yaundé, Camerún, el Pontífice define la diversidad del país como un tesoro y advierte a los líderes de que el mando es un deber de servicio y no un afán de dominio

El Papa León XIV ha iniciado su visita apostólica a Camerún con un discurso en el Palacio Presidencial. Tras ser recibido por el presidente Paul Biya, el Santo Padre ha definido al país como una «África en miniatura» por su riqueza cultural y lingüística, subrayando que «esta variedad no es una fragilidad; es un tesoro» que debe servir de cimiento para una paz duradera.

El poder como servicio

Apoyándose en el pensamiento de San Agustín, el Pontífice ha recordado a los mandatarios presentes la verdadera naturaleza del ejercicio del poder. «Hasta los que mandan están al servicio de quienes, según las apariencias, son mandados», ha afirmado, insistiendo en que la autoridad no debe ejercerse por orgullo de sobresalir, sino por una obligación de cuidado y bondad hacia el pueblo. En este sentido, ha exhortado a los cargos públicos a una gestión íntegra: «Los altos cargos que vosotros ocupáis exigen un doble testimonio: la colaboración al servicio de los más pobres y una conducta de vida íntegra».

Para León XIV, la regeneración del país pasa necesariamente por la ética pública. «Es necesario romper las cadenas de la corrupción, que desfiguran a los dirigentes, quitándoles autoridad», ha sentenciado, haciendo un llamamiento a liberar el corazón de la «idolatría» del lucro para buscar, en su lugar, un desarrollo humano integral.

Tampoco el Papa no ha pasado por alto las tensiones que sufre el país en regiones como el noroeste y el extremo norte, donde la violencia ha dejado un rastro de familias desplazadas y victimas. Ante esta realidad, ha propuesto una «paz desarmada», que no se base en el miedo o las amenazas, y «desarmante», capaz de generar confianza y empatía. «¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados!», ha clamado. La paz, ha recordado «es un don de Dios que se desarrolla en una labor paciente y colectiva».

Asimismo, ha señalado a la juventud como la esperanza del país, advirtiendo de que la exclusión y el desempleo son caldos de cultivo para la violencia. «Invertir en la educación, la formación y el espíritu emprendedor de los jóvenes es una elección estratégica para la paz», ha señalado.

Durante su alocución en el Palacio Presidencial, el Pontífice ha advertido que potenciar la formación es el único camino para «frenar la hemorragia de maravillosos talentos» que abandonan el continente hacia otras regiones en busca de oportunidades. Según el Santo Padre, esta apuesta por la juventud es, además, la herramienta necesaria para «combatir las lacras de la droga, la prostitución y la apatía».

Finalmente, el Pontífice ha ofrecido la colaboración de la Iglesia católica para promover la dignidad humana y la reconciliación, instando a que las religiones, libres del «veneno de los fundamentalismos», sigan inspirando solidaridad y perdón en la construcción de un futuro más justo para todos los cameruneses.

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