La hermana Eva Fidela Maamo
Luz de linterna y agua de coco: muere la monja cirujana y misionera que ganó el 'Nobel asiático'
Dedicó su vida a los más pobres, realizando operaciones en condiciones extremas y atendiendo a pacientes sin recursos en las zonas más remotas de Filipinas
El pasado 14 de abril, la comunidad católica y la sociedad filipina perdieron a una de sus figuras más queridas y respetadas. La hermana Eva Fidela Maamo, cirujana de profesión y misionera de vocación, falleció dejando tras de sí un ejemplo de entrega total a los marginados que le valió en 1997 el prestigioso Premio Ramon Magsaysay, conocido como el 'Nobel asiático', tal y como relata Asia News.
Lo que hacía extraordinaria la labor de la hermana Eva no era solo su pericia médica, sino su capacidad para improvisar quirófanos en zonas rurales carentes de cualquier infraestructura básica. En las misiones que organizaba hasta cuatro veces al año en áreas remotas, no era extraño verla realizar intervenciones quirúrgicas complejas bajo la luz de una linterna o incluso a sustituir la dextrosa por agua de coco cuando los suministros médicos no llegaban. En esas condiciones, su equipo logró extirpar tumores, operar cataratas y reparar paladares hendidos, trabajando desde el amanecer hasta el anochecer.
Una vida en las periferias
La vocación de la hermana Eva se forjó en las zonas de mayor necesidad. En 1974, se ofreció como voluntaria para fundar una misión médica en el lago Sebu, atendiendo a comunidades indígenas como los t’boli y los manobo, que nunca antes habían tenido acceso a la sanidad.
En 1986, dio un paso más allá con la creación de la Misión de Nuestra Señora de la Paz, desde la cual articuló una red de diez clínicas gratuitas. Pero su visión no se limitaba a la mesa de operaciones: impulsó programas de nutrición infantil, refugios para jóvenes de la calle y mujeres maltratadas, así como sistemas de microcréditos para ayudar a las familias más vulnerables.
Quienes compartieron quirófano con ella destacan un liderazgo firme. «Su vida demostró que la compasión, hecha concreta y valiente, es en sí misma una forma de construcción de la nación», señalan desde la Fundación Ramon Magsaysay.
Incluso ante desastres naturales como la erupción del monte Pinatubo en 1991 o terremotos de los años 90, la hermana Eva estuvo en primera línea, dirigiendo equipos médicos y proyectos de reasentamiento para los desplazados. «A través de una vida enteramente dedicada a los 'más pequeños de sus hermanos', demostró —como dice la nota— que la compasión, hecha concreta y valiente, es en sí misma una forma de construcción de la nación».