Una encíclica sobre la inteligencia humana, y más que humana
La enseñanza de la Iglesia «no se traduce en un repertorio de soluciones técnicas ni en un modelo económico o político que se oponga a otros: pertenece a un registro diferente, el de los principios que orientan la lectura de los acontecimientos»
Magnifica humanitas no es una «encíclica sobre la inteligencia artificial», como se ha dicho. Opone dos relatos bíblicos: la construcción de Babel y la reconstrucción del templo de Jerusalén por Nehemías. Y es esta última la que importa, la otra vía, la realmente realista. El magisterio no es ante todo una denuncia, sino un anuncio.
Por eso es mejor decir más bien que se trata de una encíclica sobre la doctrina social de la Iglesia. Pero entonces hay que precisar su originalidad (la originalidad es lo más conforme a la tradición, ya que consiste, ante los desafíos del momento, en hacernos remontar al origen para extraer de él una frescura de fuente). Muestra que esta doctrina no funciona como un sistema técnico, o mejor dicho, que es el lugar donde se despliega la vitalidad de la «inteligencia humana» y de una inteligencia «más que humana», en oposición al funcionamiento de la inteligencia artificial.
En efecto, la enseñanza de la Iglesia «no se traduce en un repertorio de soluciones técnicas ni en un modelo económico o político que se oponga a otros: pertenece a un registro diferente, el de los principios que orientan la lectura de los acontecimientos…».
Aquí los nombres prevalecen sobre los números, y la narración sobre las ecuaciones. Lejos de proporcionar resultados, esta encíclica sobre la humanidad «magnífica y herida» remite a cada uno a su dignidad incalculable, y por ello a su «responsabilidad propia e irremplazable». Se trata, no de un algoritmo, sino de una «aventura, a la vez dramática y espléndida».
Artículo escrito originalmente por Fabrice Hadjadj para La Croix