El padre Davide Pagliarani, en el centro, superior general de la FSSPX
Los lefrebvristas apelan a la «paternidad» de León XIV horas antes de la ruptura: «Aún no es demasiado tarde»
Don Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad San Pío X, responde a la misiva del Sumo Pontífice reafirmando su deseo de servir a la Iglesia
el Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), don Davide Pagliarani, ha enviado una carta al Papa León XIV. La misiva responde a la comunicación previa del Santo Padre de esta mañana en el que ha exhortado a los sucesores de Lefebvre «de todo corazón, a dar marcha atrás», apenas veinticuatro horas antes de las consagraciones episcopales previstas en Ecône para este 1 de julio.
La justificación de los «medios extraordinarios»
Pagliarani comienza expresando su profunda conmoción ante la «solicitud paternal» del Papa, agradeciéndole el gesto de escribirle directamente, pero bajo una cuidada retórica de sumisión, esconde una ratificación de sus planes actuales.
El superior asegura que la intención de la Fraternidad no es la ruptura, sino un «deber preciso» de actuar ante lo que consideran una crisis institucional. Además, utiliza la metáfora de una madre en peligro para justificar que la congregación debe valerse de «medios extraordinarios» —en clara alusión a las consagraciones sin mandato pontificio—, argumentando que se trata de una ayuda que «no todos comprenden».
Pese al llamamiento del Pontífice para evitar el cisma, la Fraternidad insiste en que el Papa debe considerar la «autenticidad» de sus intenciones antes de proceder a cualquier sanción jurídica. Pagliarani sostiene que «aún no es demasiado tarde», derivando la responsabilidad de la ruptura final a la Santa Sede y no al acto de desobediencia que ellos mismos protagonizarán mañana.
Las almas y la intercesión de Santa Rita
Lejos de retroceder ante la advertencia de Roma, Pagliarani utiliza el propio diálogo abierto por León XIV como un argumento para negar la existencia de una ruptura real. El Superior recuerda que la Fraternidad ya fue declarada cismática en 1988 por hechos «absolutamente análogos» a los presentes y, sin embargo, cuestiona que esa etiqueta sea válida hoy si el Papa todavía les trata como a hijos.
Esta postura sugiere que la FSSPX no considera que la repetición de las consagraciones de Marcel Lefebvre deba conllevar necesariamente una excomunión efectiva, apoyándose además en los informes favorables que en su día emitieron obispos como monseñor Vitus Huonder o Athanasius Schneider sobre el espíritu de la congregación.
Además, la carta pone el foco en los «miles de almas» que han redescubierto la fe a través del apostolado de la Fraternidad, calificándolas como el fruto principal de su misión. Pagliarani confía en que el corazón del Pastor universal sea sensible a estos fieles que solo buscan su salvación.
Mañana, la ceremonia definitiva
Mientras Pagliarani afirma estar rezando a Santa Rita, patrona de lo imposible, para que interceda en la situación, la maquinaria en Ecône no se detiene. La Fraternidad ya ha anunciado que la ceremonia del 1 de julio podrá seguirse en directo a través de sus canales oficiales, confirmando que los preparativos para los nuevos obispos siguen su curso según lo previsto.
La carta concluye con una petición de bendición, pero sin ofrecer ninguna concesión respecto a la suspensión de las ordenaciones. Con los escudos y lemas de los futuros obispos ya presentados públicamente, el margen para la diplomacia parece haberse agotado en favor de los hechos que se consumarán mañana.