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El Superior General Davide Pagliarani (C) junto a otros miembros de la Fraternidad y los cuatro nuevos obispos consagrados sin mandato pontificio

El Superior General Davide Pagliarani (C) junto a otros miembros de la Fraternidad y los cuatro nuevos obispos consagrados sin mandato pontificioFraternidad San Pio X

La Fraternidad San Pío X responde al Papa tras ser declarada cismática: «Habíamos pedido pan y hemos recibido una piedra»

El Superior General de la FSSPX, don Davide Pagliarani, lamenta en una carta dirigida a León XIV la decisión del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y califica las nuevas sanciones de «objetivamente injustas e inválidas»

Tras la reciente notificación de la Santa Sede, firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández, en la que se declara a la Fraternidad Sacerdotal San Pio X nuevamente en estado de cisma, su Superior General, don Davide Pagliarani, ha hecho pública una misiva dirigida al Papa León XIV. En un tono en el que no falta la amargura por la sanción pero que a la vez vuelve a reafirmar sus principios, Pagliarani sostiene que la decisión vaticana es un reflejo del «profundamente trágico contexto en el que se encuentra la Iglesia universal».

En la carta, fechada en Ecône este 3 de julio, la Fraternidad vuelven a defender su labor como una «iniciativa extraordinaria para la salvación de las almas, en medio de la confusión doctrinal y moral en la que está sumida la Iglesia». Lejos de retractarse tras las recientes consagraciones episcopales, el Superior General subraya, paradójicamente, que su única ambición es permanecer fieles a la Iglesia, sin pretender sustituirla.

Metáforas bíblicas para una ruptura

El texto recurre a las imágenes evangélicas de San Lucas para describir el sentimiento de decepción de la Fraternidad ante el trato recibido por Roma. Pagliarani explica que «habíamos pedido pan, es decir, una medida de comprensión para un sincero caso de conciencia», con la promesa de formar a las almas como verdaderos hijos de la Iglesia; sin embargo, lamenta que «desgraciadamente, recibimos una piedra».

La Fraternidad solicitaba «un pez, es decir, la posibilidad de obtener temporalmente los medios necesarios para seguir formando buenos sacerdotes» para su misión evangelizadora; la respuesta obtenida, según el Superior, fue «una serpiente». Finalmente, señala que «habíamos pedido un huevo, prometiendo devolverlo lo antes posible», en una alusión directa a la Sagrada Tradición que, dicen, custodian pero que reconocen que pertenece a la Iglesia. A esta petición, denuncia haber recibido «un escorpión». Para la FSSPX, el hecho de ser «declarados cismáticos por segunda vez» es la respuesta de Roma a su petición de ser instruidos y confirmados en la fe.

A pesar de la dureza de los términos, Pagliarani asegura que la Fraternidad no recibirá estas sanciones, a las que tacha de «objetivamente injustas e inválidas», con espíritu de rebelión. Por el contrario, afirma que el sufrimiento causado por estas medidas será ofrecido por el bien de la Iglesia y por el propio Santo Padre.

La carta concluye con una mirada al futuro, expresando la certeza de que un sucesor de Pedro acabará por reconocer el valor de su servicio. Según el Superior General, el Papa descubrirá entonces que no son «un nido de serpientes», sino «un pequeño ejército de hijos leales» cuyo vínculo con la Iglesia no se fundó sobre «las arenas movedizas de un diálogo ambiguo, sino sobre la roca de la fe de Pedro».

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