Las cinco hijas de Luis Martín y Celia Guérin abrazaron la vida religiosa
Nueve hijos, cinco religiosas, cuatro entierros y una santa: el cielo que alcanzó el primer matrimonio canonizado de forma conjunta
El fascinante y revolucionario «caminito» de la infancia espiritual, basado en la confianza y el abandono total en Dios, es el que Santa Teresita del Niño Jesús descubrió en la virtud y santidad de sus padres, Luis Martín y Celia Guérin
En una pequeña salita de un convento normando, al abrigo de una estufa que combatía el gélido invierno francés, varias monjas carmelitas pidieron a la más joven de ellas que pusiera por escrito sus recuerdos de infancia. Aquella joven era Teresa de Lisieux y el resultado fue Historia de un alma, un texto que no solo revolucionó la espiritualidad moderna, sino que desveló al mundo el secreto de su propia santidad: un hogar liderado por Luis Martín y Celia Guérin. Hoy, 12 de julio, la Iglesia celebra a este matrimonio que descubrió que el dolor, ofrecido con amor, es la patena sobre la que se entrega la propia vida.
Cuando la fortaleza nace del sufrimiento
La vida de los Martín no fue un camino de rosas, sino una senda de virtudes probadas en el crisol del trabajo y el sufrimiento. Celia, una mujer trabajadora y abnegada, dirigió con éxito un taller de encajes en Alenzón, uno de los más reputados del mundo. Educada en una disciplina severa, supo transformar esa rigidez en una fortaleza serena que la llevó a afrontar con fe un devastador cáncer de pecho, falleciendo antes de cumplir los 50 años y dejando a la pequeña Teresita con solo cuatro años de edad.
El realismo de esta familia se palpa en gestos que hoy nos parecerían estremecedores: con solo cuatro años, la pequeña Teresita fue conducida ante el féretro de su madre para depositar un beso en la frente del cadáver. La muerte se integraba en la vida cotidiana como el paso definitivo hacia el cielo por el que tanto habían trabajado.
Por su parte, Luis Martín, era un venerable anciano de mirada plácida, cuya sola forma de rezar era ya una lección de teología para sus hijas. Para Teresita, su padre era «su Rey», un hombre que se abismaba en las verdades eternas con tal intensidad que sus ojos se llenaban de lágrimas durante los sermones, pareciendo no pertenecer ya a este mundo.
En la salud y en la enfermedad
El matrimonio Martín-Guérin experimentó la alegría de nueve hijos, pero también el inmenso dolor de ver partir a cuatro de ellos hacia el cielo a edades muy tempranas. Las cinco hijas restantes abrazaron la vida religiosa, un hecho que Luis entregó a Dios con la serenidad de quien coloca una ofrenda sobre la patena del altar.
Sin embargo, la prueba más dura para el patriarca llegaría al final de sus días. Una enfermedad mental nubló su razón y tuvo que ser internado en una casa de salud. Esta situación pareció cumplir una misteriosa premonición que Teresita había tenido en su infancia: la visión de un anciano con el rostro cubierto por un velo atravesando el jardín de su casa.
Las habladurías de Lisieux no tuvieron piedad y llegaron a atribuir su enfermedad a la soledad de haber entregado a todas sus hijas a la vida religiosa. Sin embargo, aquel despojo absoluto fue el sacrificio final de un hombre que se ofreció como víctima por amor a Dios y a su familia.
Un modelo para la familia actual
El caso de su hija Leonia también es paradigmático: una niña de carácter difícil, acomplejada y maltratada en secreto por una criada, que supuso un reto constante para la paciencia de sus padres. Fue precisamente en aquel hogar donde se aprendió que amar significa, ante todo, saber esperar y respetar los ritmos de cada persona.
La posterior declaración de «venerable» de Leonia puso de relieve la riqueza de un camino espiritual menos conocido, pero profundamente significativo. Aunque quedó 'a la sombra' de su hermana Teresa, su vida ofrece un valioso testimonio de perseverancia: una historia de lucha, transformación y confianza en la gracia de Dios, capaz de obrar incluso en medio de las mayores fragilidades.
La historia de Teresita de Lisieux está marcada por su relación con un Dios que escribe en el alma de los más humildes
Esa pedagogía del amor paciente y de la confianza en la acción de Dios fue uno de los frutos más luminosos de la familia Martín-Guérin. En este sentido, la canonización de Luis y Celia por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2015 —precedida por su beatificación por Benedicto XVI en 2008— marcó un hito al convertirse en el primer matrimonio de la historia canonizado conjuntamente.
En una época donde, como recordaba sor Lucía de Fátima, la «batalla final» se libra en el terreno de la familia, el ejemplo de los Martín cobra una relevancia profética. Su hogar no fue solo una «escuela de santidad», sino un refugio de amor, unión y responsabilidad sobrenatural. Un testimonio que invita a las familias del siglo XXI a trabajar por la nueva evangelización desde la sencillez del hogar, demostrando que el camino al cielo se construye en el día a día de un amor compartido.