Santa Teresa de Lisieux
Domingo Mundial de las Misiones
Teresita del Niño Jesús, la patrona de los misioneros que nunca salió del convento de clausura
También conocida como Teresa de Lisieux, la joven santa fue nombrada Doctora de la Iglesia debido a la profunda relevancia de los textos que escribió durante su vida
Santa Teresita del Niño Jesús fue una joven religiosa que, a pesar de haber muerto a los 24 años en profunda humildad y anonimato, experimentó una de las vidas más apasionantes y místicas entre las historias de los santos de la Iglesia. Fue la tercera mujer en recibir el título de Doctora de la Iglesia y es patrona de las misiones, a pesar de haber sido monja de clausura.
Orígenes humildes
Nacida en 1873 en Alençon (Francia), en el seno de una familia profundamente católica, Teresa fue la menor de una familia numerosa. Varios de sus hermanos murieron siendo aún niños, y sus padres, muy devotos, le inculcaron la fe desde pequeña. Lamentablemente, su madre falleció a causa de un cáncer cuando Teresita tenía apenas cuatro años. Desde entonces, la niña se refugió en su hermana Pauline, a quien consideró como una segunda madre.
Santa Teresita y su familia
Pocos años después, Teresita se tendría que despedir de su «nueva madre»: su hermana entra en el convento carmelo de Lisieux.
La tragedia vuelve a la familia cuando esta vez es la pequeña quien enferma y parece que la medicina no es capaz de salvarle la vida. El 13 de mayo de 1883, una imagen de la Virgen María sonríe a Teresa, quien es curada súbitamente.
Deseos de vocación
Al año siguiente, Teresa recibe la primera Comunión, lo que para ella significó una «fusión de amor» y considera la vocación carmelita. La entrada en el Carmelo de su otra hermana María, la desestabiliza. Sufre una grave crisis de escrúpulos obsesivos, está hipersensible y llora en exceso. Desea morir y ser liberada. Al volver de la misa del Gallo el año 1886, la gracia toca su corazón y experimenta una verdadera conversión que le da fuerzas.
A pesar de tener tan solo quince años lucharía por ingresar en el convento. Peregrinó a Roma y suplicó personalmente al Papa León XII.
Inicio del «pequeño camino»
Inspirada por el deseo de rezar para salvar almas, en el convento vivió experiencias profundas e inexplicables que ya daban señales de la santidad de la joven monja.
Santa Teresa del Niño Jesús
En 1887 escuchó hablar de Henri Pranzini, un asesino condenado por matar a tres mujeres en París. Movida por su deseo, comenzó a rezar y ofrecer sacrificios por él, con la firme esperanza de arrancarlo del infierno. Pranzini fue juzgado y condenado a morir guillotinado. Sin embargo, justo antes de su ejecución, besó el crucifijo. Al enterarse, Teresa lloró de alegría: su oración había sido escuchada. Lo llamó su «primer hijo».
También preocupada por los sacerdotes, Santa Teresita rezó especialmente por ellos a lo largo de su vida. En una época marcada por fuertes corrientes anticlericales que sacudían Francia, se dedicó profundamente a vivir y desarrollar una teología centrada en el amor a Dios. Esta espiritualidad conocida como la «Teología del Pequeño Camino», basa la práctica del amor no en grandes obras, sino en pequeños gestos cotidianos, humildes y aparentemente insignificantes.
Patrona de las misiones
A pesar de haber elegido la vida contemplativa, el deseo misionero de llevar el amor de Dios permaneció vivo durante toda su corta vida.
Durante su estancia en el convento, la santa mantenía correspondencia con varios misioneros, a quienes ofrecía sus oraciones y sacrificios, alentándolos en su labor evangelizadora. Al padre Adolfo Roulland, sacerdote de las Misiones Extranjeras de París, le escribió en una ocasión: «Quisiera salvar almas y olvidarme de mí por ellas; quisiera salvarlas también después de mi muerte». Su ardiente deseo de trasladarse al convento de la orden en Vietnam se vio truncado tras ser diagnosticada con tuberculosis con solo 23 años.
Canonización de Santa Teresa de Lisieux en 1925 por el Papa Pío XI
Por iniciativa de los obispos misioneros de Canadá, al día siguiente de la canonización de Teresa en 1925, se dirigió al Papa una petición para que fuera proclamada patrona de las Misiones.
El 14 de diciembre de 1927, el Papa Pío XI declaró a Santa Teresa del Niño Jesús «Patrona, con carácter especial, de todos los misioneros, hombres o mujeres, y también de las Misiones existentes en todo el universo», junto con el español san Francisco Javier, quien ya ostentaba este título.
Doctora de la Iglesia
Murió con tan solo 24 años, rodeada de sus hermanas, a causa de la enfermedad. A pesar de haber vivido una muerte agonizante y una vida en el anonimato, sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz —sin saberlo— haría historia poco después de su fallecimiento.
Sin haber cursado estudios superiores ni haber salido nunca del convento, la joven santa fue nombrada Doctora de la Iglesia, debido a la profunda relevancia de los textos que escribió durante su vida.
Fue el 19 de octubre de 1997 cuando Juan Pablo II reconoció el tesoro de su doctrina espiritual para toda la Iglesia. Escrita de manera sencilla pero profunda, enseña el camino y es luz para los cristianos que buscan a Dios en la vida diaria.
Una de las mejores formas de comprender y valorar el legado de esta santa francesa es a través de sus numerosas obras escritas. Libros como Historia de un Alma, publicado un año después de su muerte, recogen sus testimonios personales y muestran cómo el alma puede ser transformada por Dios.
El Papa Benedicto XVI describió con estas palabras la obra: «Historia de un alma es una maravillosa historia de Amor, narrada con tanta autenticidad, sencillez y lozanía que el lector no puede menos de quedar fascinado ante ella. ¿Cuál es ese Amor que colmó toda la vida de Teresa, desde su infancia hasta su muerte? Queridos amigos, este Amor tiene un rostro, tiene un nombre: ¡es Jesús! La santa habla continuamente de Jesús».