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16 de junio de 2024

Pope Benedict XVI looks up as he leaves at the end of an audience to followers of the Renewal In Spirit movement in St. Peter's square at the Vatican, Saturday, May 26, 2012.

Benedicto XVI, el 26 de mayo de 2012.Gtres

«Las profecías de Ratzinger sobre la Iglesia», la conferencia viral del biógrafo de Benedicto XVI

La intervención del sacerdote Pablo Blanco en unas Jornadas de Católicos y Vida Pública organizadas por la ACdP en San Sebastián supera las 51.000 visualizaciones en solo unos días

Más de 51.000 visualizaciones en menos de una semana, solamente en YouTube, y sin dejar de subir día a día. Esas son las cifras, nada frecuentes para una conferencia de casi una hora, que ha alcanzado el video del sacerdote español Pablo Blanco, biógrafo de Benedicto XVI, que intervino en las últimas Jornadas de Católicos y Vida Pública de Bilbao, organizadas por la Asociación Católica de Propagandistas.

En su conferencia «Las profecías de Ratzinger sobre el futuro de la Iglesia», Blanco repasa los aspectos principales del pontificado de Benedicto XVI, que no solo explican la personalidad de Joseph Ratzinger sino que sirven para iluminar la presente situación de la Iglesia e, incluso, su proyección hacia un futuro inminente.

Hacia un cristianismo minoritario

Como explica Blanco, Ratzinger pudo prever que hoy la Iglesia atraviesa «el paso de una religión de masas, más superficial, a un cristianismo minoritario. Y esto puede ser no solo un problema, sino una oportunidad para vivir un cristianismo más purificado». Eso sí, sin fatalismo en la mirada, puesto que «aunque Occidente está en franca decadencia, hay que tener una mirada más global» para reconocer que en el resto del mundo, la Iglesia crece.

Así, Benedicto XVI proponía «volver al movimiento de crecimiento orgánico, como una semilla», según el modelo de los primeros cristianos. Y cómo fue posible que «los primeros cristianos convirtieran en cristiana la sociedad de un imperio alejado de Dios y anticristiano»?, se pregunta el biógrafo del Papa alemán.

La respuesta, indica en la conferencia viral, pasa por dos vías: «La primera fue la de la caridad: cuidaban de los ancianos, de los enfermos, construían hospitales, no abortaban… Y la segunda, más difícil, fue la de la razón. Porque el peor enemigo del cristianismo primitivo era la filosofía, fueron los intelectuales. Y los primeros cristianos entraron en ese debate, para explicar su fe: entiende más para creer mejor». Algo que hoy es del todo actual, explica Pablo Blanco.

El mayor ataque contra la Iglesia

Así, Blanco, que es autor de una decena de obras sobre Ratzinger, explica cómo Benedicto XVI se enfrentó de un modo profético a crisis tan severas como la de la pederastia en la Iglesia, y aunque no negó la posibilidad de «una conspiración o una conjura, un ataque sistemático a la Iglesia», alertó de que, en realidad, «el mayor ataque contra la Iglesia es el pecado dentro de la propia Iglesia».

Según Blanco, para Ratzinger era necesaria «una purificación» de la propia Iglesia, que pasase por «asumir los problemas y solucionarlos desde Dios». Por ese motivo, «su primera encíclica fue justamente Dios es amor», indica.

Además, el sacerdote destaca la firme apuesta por la razón por parte del pontífice alemán, en un contexto en el que las ideologías modernas tienden a prescindir de ella. Eso sí, alertando de que «la religión tiene también enfermedades, como puede ser el fundamentalismo y el fanatismo; y por eso la razón puede desempeñar una función correctora, aunque también podría decirse a la inversa».

El descuido de la oración y la liturgia

La lectura que Ratzinger hizo de la aparente debilidad de las instituciones católicas, cada vez más cercenadas en el ámbito político y civil, pasaba por una vuelta a la radicalidad de la fe y de la vida sacramental. «Benedicto XVI –destaca en su conferencia viral– estaba convencido de que la crisis de la Iglesia se debe, en último término, al descuido de la liturgia, de la oración y de la adoración».

De hecho, ya en su propia juventud, «frente a la opresión nazionalsocialista, Ratzinger encontró dos refugios: uno era la razón, para poder argumentar y explicar la fe; y el otro, era la liturgia, donde entraba en contacto directo con el misterio».

Tanto es así, que en opinión de Blanco, Ratzinger preconizaba una vivificación de la Iglesia que pasase por la evangelización explícita que no quedase opacada por la labor social o caritativa. «Cuando se reunió con unos obispos de Hispanoamérica –relata el biógrafo en su conferencia–, le contaron cómo al visitar una comunidad indígena, los lugareños les explicaron que allí la Iglesia había construido un pozo, una escuelita y un dispensario. Pero que como necesitaban que alguien les hablase de Jesús, cuando llegaron unos protestantes y lo hicieron, toda la comunidad se volvió protestante. Y Ratzinger se preguntaba: ¿Qué estamos haciendo? ¿De qué estamos hablando? Porque tal vez estamos hablando de cuestiones exquisitamente clericales, pero nos olvidamos de anunciar a Cristo verdaderamente resucitado».

Así, para Ratzinger, en el actual contexto histórico es especialmente urgente recordad que «la Iglesia está para anunciar y ser el rostro de Cristo, no para dar vueltas sobre sí misma».

Miedo a decir la verdad

Ante la pluralidad de religiones y la multiculturalidad social que se nos presenta como irrevocable para el futuro, Blanco señala cómo, para Ratzinger, la Iglesia debía mantenerse firme en su credo y en su apostolado: «¿Se puede salvar un musulmán, un budista, un animista, un sintoísta? Por supuesto, pero si salvan es en Jesucristo, ni en Mahoma, ni en Buda, ni en el gran Manitú, porque sólo Jesucristo es el hijo de Dios», apunta Blanco, desde las palabras de Ratzinger.

Algo para lo que la Iglesia necesitará coraje: «A veces tenemos miedo a decir y manifestar la verdad, porque nos olvidamos de que lo único verdaderamente liberador es la Verdad. No se trata de imponer, sino de proponer esa verdad. Y la propuesta salvífica de Cristo tiene que estar vigente en nuestros días», asegura el sacerdote.

Por último, en medio de un feísmo cada vez más extendido en la sociedad, y de una concepción de lo bello ligada sólo al ámbito erótico y sexual, Ratzinger se presenta como «un enamorado del arte y de la belleza, que es constitutiva de la propia humanidad», porque «la belleza del arte cristiano y de la vida de los santos es el principal agente evangelizador, no es algo meramente ornamental».

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