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Dozulé

La cruz de DouzuléVatican News

El Vaticano pone fin a las supuestas apariciones de Dozulé que pedían una «cruz gloriosa» de 738 metros

El veredicto llega tras años de «controversias y dificultades de orden doctrinal y pastoral» y siguiendo la línea de discernimiento establecida por predecesores del obispo

Las controversias que han rodeado las presuntas apariciones de Dozulé, relacionadas con Madeleine Aumont en Francia, y la consiguiente exigencia de erigir una «Cruz Gloriosa» de 738 metros de altura han recibido ya la sentencia definitiva de la Santa Sede.

El dicasterio para la Doctrina de la Fe, mediante una carta enviada a monseñor Jacques Habert, obispo de Bayeux-Lisieux, ha dado luz verde para que el fenómeno sea declarado de manera definitiva como «no sobrenatural».

Este veredicto llega tras años de «controversias y dificultades de orden doctrinal y pastoral» y siguiendo la línea de discernimiento establecida por predecesores del obispo. La misiva subraya que, aunque estas supuestas apariciones suscitaron interés, han generado serios problemas, especialmente debido a las interpretaciones que oscurecen la verdad central de la fe.

El riesgo de querer 'duplicar' la Redención

El punto central del rechazo se encuentra en el mensaje principal que se atribuye a Dozulé: la petición de construir una cruz luminosa de 738 metros de altura, visible desde lejos, como «símbolo de la redención universal y signo de su próxima venida en la gloria».

Lo que más ha preocupado a la autoridad eclesiástica es el intento de equiparar este signo con el evento central de la salvación. En una de las supuestas apariciones se exhortaba: «Decid al sacerdote que la Cruz Gloriosa erigida en este lugar es comparable a la de Jerusalén».

El dicasterio rechaza con firmeza esta analogía, indicando que el Gólgota es el lugar histórico y salvífico donde se consumó la Redención y que su valor es único e irrepetible. Cualquier otro signo, por muy monumental que sea, no puede situarse al mismo nivel.

La carta, aprobada por León XIV el pasado 3 de noviembre, advierte que la solicitud de erigir esta cruz en Dozulé se considera una «duplicación indebida del signo de la Cruz, una superposición simbólica al misterio de la redención». Se correría el riesgo de convertir el signo en un absoluto, alimentando una «sacralidad material», lo que desvía la atención del misterio sacramental de la Iglesia. La Cruz no necesita «738 metros de acero o cemento para hacerse reconocer».

Perdón y sacramentos: el error doctrinal mayor

El error teológico más grave y preocupante detectado en los mensajes de Dozulé se centra en la remisión de los pecados. Varios pasajes sugieren que la salvación y el perdón podrían obtenerse mediante un acto físico en ese lugar, con mensajes como «todos los que hayan venido a arrepentirse a los pies de la Cruz Gloriosa serán salvados» o «la Cruz Gloriosa perdonará todos los pecados».

Pero el dicasterio para la doctrina de la Fe ha sido categórico: tales expresiones son «incompatibles con la doctrina católica de la salvación, de la gracia y de los sacramentos». El perdón no reside en un lugar físico y «ningún objeto puede sustituir a la gracia sacramental», pues esta se recibe en Cristo a través de los sacramentos, en particular «en el sacramento de la Penitencia».

La misiva insiste en que no basta un acto externo, sino que se requiere «el arrepentimiento interior y la absolución del sacerdote, signo visible del perdón de Dios». La salvación es un don gratuito de Dios y «nada de aquello que precede a la justificación, sea la fe, sean las obras, merece la gracia misma de la justificación».

Profecías incumplidas sobre el fin de los tiempos

A la preocupación doctrinal se suma el elemento de las profecías escatológicas. Algunos mensajes de Dozulé hablaban de un «regreso próximo o incluso inminente del Señor». Una de las presuntas apariciones, que ahora se sabe fallida, dictaba: «Pide que la Cruz Gloriosa y el Santuario se construyan antes de que termine el Año Santo. Porque será el último Año Santo».

El dicasterio advierte que aunque la vigilancia escatológica es una actitud espiritual permanente, la Iglesia «desconfía de las interpretaciones milenaristas o cronológicas» que intentan fijar tiempos del juicio final.

Es así como la autoridad eclesiástica pone fin a la confusión generada en torno a Dozulé. La Iglesia anima a la veneración sana de la Santa Cruz, reconociéndola como un sacramental, un signo que «no confiere la gracia en sí misma, sino que la evoca y la suscita en el corazón de quien la contempla, es decir, actúa como una disposición que motiva, atrae y propone».

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