León XIV
El Papa manda un sutil recado a Trump: «Se ha roto el principio de respetar las fronteras ajenas»
«La guerra vuelve a estar de moda», alertó León XIV ante los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, al mismo tiempo que defendió que la ONU sea «más eficiente en la búsqueda, no de ideologías, sino de políticas destinadas a la unidad de la familia humana»
El Papa León XIV pronunció este viernes un mensaje desde la Sala de las Bendiciones en el Vaticano, ante los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Durante su intervención, subrayó la necesidad de acatar el derecho internacional y no vulnerar las fronteras de otros países, en un mensaje que podría leerse como una indirecta sutil a Donald Trump. El Pontífice rescató la obra de san Agustín, La ciudad de Dios, para recordar que la historia se dirime entre la búsqueda del bien común y la tentación del dominio absoluto.
Inspirado por el modelo de las «dos ciudades», el Santo Padre explicó que la ciudad terrenal, donde residen las instituciones políticas y las naciones, suele centrarse en el «orgullo y el amor propio (amor sui)», lo que conduce inevitablemente a la destrucción. Frente a esto, recordó al mismo tiempo que los cristianos que viven en la ciudad terrenal no son ajenos al mundo político y, guiados por las Escrituras, «buscan aplicar la ética cristiana al gobierno civil».
Sin embargo, las palabras de León XIV en esta jornada no se han limitado a los tableros de política y las relaciones internacionales. Con una visión integral, el Papa ha abordado las raíces de la crisis actual en campos tan diversos como la degradación del lenguaje, la protección de la vida desde su concepción, la sacralidad de la familia y la firme condena de la maternidad subrogada. Es una llamada a sanar una sociedad que, según sus palabras, se encuentra sumergida no solo en una época de cambios, sino en un auténtico «cambio de época».
«La guerra vuelve a estar de moda»
El Santo Padre denunció que hoy «la diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza». Para el Papa, el mundo asiste a un retroceso alarmante donde «se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas».
Alertó sobre la creciente normalización del conflicto armado: «La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende». En este escenario de debilidad del multilateralismo, defendió la necesidad de realizar esfuerzos para garantizar que la ONU sea un centro de cooperación «más eficiente en la búsqueda, no de ideologías, sino de políticas destinadas a la unidad de la familia humana», alejada de los intereses de las grandes potencias.
El Santo Padre recordó la sabiduría de san Agustín para poner en contexto la ambición y la violencia: «No existe quien no ame la alegría, así como tampoco quien se niegue a vivir en paz. Incluso aquellos mismos que buscan la guerra no pretenden otra cosa que vencer. Por tanto, lo que ansían es llegar a una paz cubierta de gloria». Según el Pontífice, esta ambición mal dirigida ha llevado a la humanidad a tragedias como la Segunda Guerra Mundial, «de cuyas cenizas nació la Organización de las Naciones Unidas», recientemente celebrada en su octogésimo aniversario.
La ONU, subrayó, fue creada como «centro de cooperación multilateral con la finalidad de prevenir futuras catástrofes mundiales, salvaguardar la paz, defender los derechos humanos fundamentales y promover el desarrollo sostenible».
Y es precisamente ese compromiso el que el Papa considera hoy amenazado por decisiones unilaterales que ignoran los principios humanitarios y los derechos de los pueblos: «Su cumplimiento no puede depender de las circunstancias ni de intereses militares y estratégicos[...]. La Santa Sede reitera firmemente su condena de involucrar a los civiles en operaciones militares, de cualquier manera». Añadió que «la protección del principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y la santidad de la vida siempre cuenta más que cualquier mero interés nacional».
Un diálogo que busca la conexión con la realidad
El Pontífice también recordó la importancia del diálogo pero con un matiz esencial: de nada sirve comunicarse si las palabras pierden contacto con lo que realmente ocurre. «Cuando las palabras pierden su conexión con la realidad, y la realidad misma se vuelve discutible, nos convertimos en las dos personas que se ven obligadas a permanecer juntas sin que ninguna de ellas conozca el idioma de la otra», explicó.
Por ello, subrayó que «las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca». Solo así, explicó, puede reanudarse un diálogo auténtico, sin malentendidos. Esta necesidad no se limita a los hogares o los espacios públicos, ni siquiera a la política o los medios de comunicación.
«Del mismo modo–agregó– debería ocurrir en el contexto de las relaciones internacionales y el multilateralismo». «Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar», insistió.