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El cardenal Arthur RocheVatican News

El cardenal Roche señala a quienes celebran según el rito antiguo como un desafío para la unidad eclesial

El Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino vincula la «unidad» eclesial a la uniformidad ritual, aunque la presencia constante y creciente de miles de jóvenes, familias y fieles de todas las edades que llenan los templos donde se celebra la misa en latín muestra otra realidad

La liturgia vuelve a estar en el centro de la diana, y no por una cuestión de meros gustos estéticos. Un informe de dos páginas, preparado por el cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, ha salido a la luz tras ser distribuido a los purpurados durante el pasado Consistorio Extraordinario celebrado el 7 y 8 de enero, en el que defiende Traditionis custodes, el documento publicado en 2021 que restringió la celebración de la misa tradicional en latín.

Aunque el texto no llegó a discutirse formalmente debido a limitaciones de tiempo —los cardenales priorizaron la evangelización y la sinodalidad—, su contenido ofrece un panorama del enfoque que muchos parecen querer implantar en la Iglesia y que ha hecho levantar ampollas en los últimos años: la unidad eclesial está estrechamente vinculada a la uniformidad ritual.

El cardenal señala que cualquier desacuerdo con la reforma no se reduce a diferencias de sensibilidad: la unidad de la Iglesia se manifiesta en «una sola y misma oración», y toda fractura en ese punto se interpreta como un rechazo al camino trazado desde hace sesenta años por el Concilio Vaticano II. Con declaraciones a este medio de monseñor Alberto José González Chaves, desgranamos el documento para comprender las claves de este enfoque.

Tradición y «desarrollo orgánico»

Para Roche, la reforma no es una ruptura, sino una constante. En su escrito, el cardenal recuerda que la historia de la Iglesia es, en esencia, la historia de su continuo «reformar». Desde los escritos de los primeros siglos hasta el Concilio Vaticano II, la liturgia ha experimentado cambios que Roche califica de «desarrollo orgánico».

Citando la bula Quo primum de San Pío V, por el que se promulgó el Misal Romano, el prefecto subraya que ya en 1570 se buscaba que, así como hay una sola Iglesia, existiera «un solo rito para celebrar la Misa». Esta unidad es la que, según su pensamiento, debe prevalecer hoy, adaptando el rito a los elementos culturales que cambian con el tiempo y el lugar.

La pregunta que surge, sin embargo, es la siguiente: si el objetivo de San Pío V era unificar la liturgia frente a la fragmentación de su época, ¿por qué hoy se percibe la coexistencia con el misal de 1962 como una amenaza a esa unidad, en lugar de una diversidad legítima?

Monseñor González Chaves

«La reforma litúrgica no sustituye la oración multisecular de la Iglesia, pues la liturgia romana es una tradición orgánica que ha crecido en continuidad y ha formado la fe de los santos. San Pío V no creó un rito nuevo, sino que preservó el usus antiquior para salvaguardar la unidad doctrinal, haciendo inadecuada la analogía entre Trento y la coexistencia actual de los misales de 1962 y 1970.

El desarrollo orgánico no equivale a mera sucesión cronológica ni la unidad a uniformidad, como muestra la legítima diversidad histórica de ritos y celebraciones particulares en la Iglesia. Si hoy esta coexistencia se juzga problemática, la cuestión es eclesiológica: qué entendemos por Tradición y hasta qué punto la Iglesia puede alejarse de su memoria orante sin dañar su lex credendi »[La lex orandi es la manera en que la Iglesia reza y celebra, mientras que la lex credendi es lo que la Iglesia cree; ambas están unidas porque la forma de orar expresa y moldea la fe].

La Tradición no es una «colección de cosas muertas»

Es por eso que el documento toca la definición de Tradición. Apoyándose en palabras de Benedicto XVI, Roche insiste en que la Tradición es un «río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes».

El cardenal afirma que sin un «progreso legítimo», la Tradición corre el riesgo de reducirse a una «colección de cosas muertas», mientras que, sin una «sana tradición», el progreso se convierte en una búsqueda «patológica de la novedad».

Bajo esta premisa, el mensaje que se traslada a los cardenales– citando un discurso del Papa Francisco de 2024– es que «sin reforma litúrgica, no hay reforma de la Iglesia». En la práctica, ¿dónde está el límite para que la reforma litúrgica no caiga en esa «patología» y pierda su conexión con las fuentes?

Monseñor González Chaves

«El límite está en la continuidad efectiva con la lex orandi recibida: la reforma deja de ser sana cuando ya no se reconoce como desarrollo de una forma anterior viva. No hay progreso legítimo cuando una reforma desautoriza en la práctica la oración multisecular de la Iglesia o la presenta como anomalía.

La conexión con las fuentes se pierde cuando la novedad se mide más por su adecuación cultural (lo cual no es garantía de frutos pastorales, como demuestra la realidad eclesial de las últimas décadas) que por su capacidad de expresar la fe de la Iglesia. Lejos de la continuidad, tal reforma obedece a una errática hermenéutica de la ruptura, como enseñó Benedicto XVI».

¿Trasfondo eclesiológico?

En el último punto del documento de Roche sugiere que las tensiones actuales no son por «gustos» rituales, sino problemas eclesiológicos (de visión de la Iglesia). «No veo cómo sea posible decir que se reconoce la validez del Concilio —aunque me asombra que un católico pueda presumir de no hacerlo— y al mismo tiempo no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium», afirma el cardenal citando de nuevo al Papa argentino.

¿Quiere decir esto que quien prefiere asistir a la misa tradicional está cuestionando, de forma implícita, la autoridad del Concilio Vaticano II? La realidad parece más compleja. Resulta difícil sostener que la presencia constante y creciente de los miles de jóvenes, familias con niños y fieles de todas las edades que llenan templos donde se celebra la misa en latín puedan ser considerados cismáticos o ajenos a la comunión eclesial.

Roche recalca que el uso de los libros litúrgicos anteriores a la reforma fue una «concesión» de los últimos Pontífices, pero que en ningún caso se preveía su «promoción». El objetivo final de Traditionis Custodes, es que la Iglesia pueda elevar «una sola y misma oración capaz de expresar su unidad» en toda la Iglesia de Rito Romano.

A pesar de que este documento fue orillado en la última reunión, la cuestión litúrgica no ha quedado enterrada. Se espera que el Papa convoque otro consistorio extraordinario a finales de junio, donde los temas litúrgicos ocupen el parte del debate entre los cardenales.