León XIV con una copia del libro 'Libres bajo la gracia', publicado recientemente
El Papa reivindica la vigencia del libro impreso: «Nos pone a salvo de los atajos ideológicos»
En el centenario de la Librería Editora Vaticana, el Pontífice ensalza la «fisicidad» de la obra impresa como una herramienta necesaria para fomentar el pensamiento crítico
Pantallas, redes sociales, ordenadores, portátiles, aplicaciones, mensajes, WhatsApp, llamadas… un sinfín de ruido y de mundo digital impregna cada día de nuestra semana. Es por eso que en el centenario de la Librería Editora Vaticana (LEV), el Santo Padre ha definido el libro no como un objeto del pasado, sino como una urgencia para el presente: un «antídoto contra la cerrazón de mente» y contra esas «actitudes rígidas» que empañan la mirada sobre la realidad.
Desde la Sala del Consistorio, León XIV recordó que la LEV nació en 1926 como una rama independiente de la histórica Tipografía Vaticana para servir al Magisterio de los sucesores de Pedro. Sin embargo, más allá de la efeméride institucional, el Pontífice aprovechó la ocasión para trazar una defensa antropológica de la lectura en la era digital.
Pensar frente a los «atajos ideológicos»
Para el Papa, la lectura no es un simple ejercicio intelectual, sino una necesidad para la salud del alma. En su intervención, destacó que la propia «fisicidad del libro» es un recordatorio del papel que juegan el estudio y la reflexión en la formación del ser humano. Según León XIV, nutrir la mente a través de las páginas ayuda a forjar un sentido crítico que nos pone a salvo de los «atajos ideológicos» y de cualquier tipo de fundamentalismo.
Retomando la «cultura del encuentro» tan presente en el magisterio de su predecesor, el Papa subrayó que cada volumen es una oportunidad para el diálogo. «Un libro es un puente hacia los demás», afirmó, señalando que al sostener uno entre las manos no solo nos encontramos con su autor, sino con todos aquellos que lo han leído o lo leerán, convirtiéndose en un estímulo para expandir nuestra propia perspectiva del mundo.
León XIV no olvidó la dimensión evangelizadora de la palabra escrita. Evocó las imágenes de la Virgen María en la Anunciación, a menudo representada leyendo las Escrituras, o a San Agustín frente a su escritorio, sosteniendo un corazón en la mano como símbolo de la unión entre «verdad y caridad».
En este sentido, el Pontífice instó a los fieles a alimentarse de la Palabra de Dios y de las biografías de los santos, ya que estas lecturas tienen la capacidad de «tocar el corazón» y modelar nuestra forma de actuar en el mundo. Con una mirada puesta en el futuro, y recordando las palabras de San Pablo VI en el 50º aniversario de la editorial, León XIV animó a los trabajadores de la LEV a seguir «refinando ideas y planes» para que el Evangelio siga difundiéndose a través del papel.