Mujer sonriendo

Sonreír estimula la liberación de sustancias como dopamina, serotonina y endorfinasarchivo

Cómo aumentar la dopamina de forma natural, según la ciencia

Durante mucho tiempo, la dopamina ha sido conocida como el neurotransmisor vinculado al placer y la recompensa, lo que le ha otorgado el apelativo de «molécula del bienestar». No obstante, su relevancia en el funcionamiento cerebral es mucho más amplia. Tal como expone la doctora Cristina Muñoz Gil en un artículo de Mapfre Salud, esta sustancia química desempeña un papel esencial en procesos como la coordinación del movimiento, la formación de recuerdos, la capacidad para tomar decisiones, la motivación, el aprendizaje y los mecanismos de refuerzo que propician la repetición de ciertos comportamientos.

Los niveles de dopamina tienen una incidencia directa en la conducta. Una producción excesiva puede derivar en actitudes más impulsivas o en un aumento de la agresividad, mientras que una deficiencia se suele asociar a estados de fatiga, tristeza o desmotivación.

En esta línea, un estudio que se realizó por la Fundación Champalimaud (CF) analizó en profundidad cómo incide la dopamina en el control del movimiento y, específicamente, cómo su descenso está relacionado con los síntomas motores de la enfermedad de Parkinson.

Marcelo Mendonça, investigador principal del trabajo, recuerda que acciones tan aparentemente automáticas como caminar requieren la integración de múltiples sistemas neurológicos y fisiológicos. En los pacientes con párkinson, la degeneración progresiva de las neuronas que producen dopamina afecta no solo a la fuerza y la velocidad del movimiento, sino también a su duración. Los afectados no solo caminan más despacio, sino que suelen detenerse tras dar unos pocos pasos. Según los responsables del estudio, las señales dopaminérgicas influyen directamente en la extensión temporal de las secuencias motoras, lo que abre nuevas vías terapéuticas orientadas a mejorar la movilidad de quienes padecen esta dolencia neurodegenerativa.

El interés por entender el funcionamiento de la dopamina y sus efectos no es nuevo. La investigación neurocientífica y psiquiátrica lleva años tratando de esclarecer de qué modo las alteraciones en sus niveles, ya sea por exceso o defecto, se relacionan con trastornos del comportamiento y con determinadas patologías.

Qué hacer

Con el objetivo de promover niveles adecuados de dopamina, los especialistas proponen una serie de hábitos que pueden favorecer su equilibrio:

  • Seguir una dieta rica en magnesio y tirosina. Este aminoácido es precursor directo de la dopamina. Entre los alimentos que la favorecen destacan pollo, almendras, manzanas, aguacate, plátano, remolacha, chocolate, verduras de hoja verde, té verde, habas, avena, naranjas, guisantes, semillas de sésamo y calabaza, tomate, cúrcuma, sandía o germen de trigo.
  • Reducir el consumo de azúcar y café. Aunque estas sustancias generan efectos inmediatos, a largo plazo pueden alterar el sistema dopaminérgico y favorecer conductas adictivas.
  • Priorizar el sueño. La dopamina participa en la regulación del ciclo sueño-vigilia; dormir menos de siete horas afecta a la cognición y al bienestar general.
  • Practicar ejercicio de forma regular.
  • Controlar el estrés mediante técnicas de relajación, como la meditación o ejercicios de respiración.

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