Doctor's hand holding a Gut-Brain Axis icon, symbolizing the link between the digestive system and the brain. Medical research, microbiome, and mental health concept.Blue background, copy space.

Lo que ocurre en el aparato digestivo no solo influye en la digestiónGetty Images

El estómago ayuda al cerebro a formar recuerdos, según una nueva investigación

Una conexión intestino-cerebro recientemente descubierta convierte las comidas en recuerdos

Aunque solemos pensar que la memoria reside exclusivamente en el cerebro, una nueva investigación dirigida por Scott Kanoski, profesor de Ciencias Biológicas de la Facultad Dornsife de Letras, Artes y Ciencias de la Universidad del Sur de California (USC), apunta a que el sistema digestivo también desempeña un papel relevante. En concreto, el estudio sugiere que el intestino participa en la formación de recuerdos relacionados con la alimentación.

La investigación, publicada en Nature Communications, se centra en el nervio vago, la principal vía de comunicación entre el aparato digestivo y el cerebro. Hasta ahora se sabía que este nervio regula funciones como la digestión, el hambre o la sensación de saciedad. Sin embargo, los investigadores han encontrado nuevas evidencias de que las señales que viajan desde el intestino hasta el cerebro también contribuyen a consolidar determinados recuerdos.

Alimentos nutritivos

El trabajo, realizado en ratas, mostró que tras ingerir alimentos con valor nutricional las neuronas que se comunican con el hipocampo —la región cerebral clave para el aprendizaje y la memoria— liberaban mayores cantidades de acetilcolina, un neurotransmisor esencial para crear y consolidar nuevos recuerdos.

Ese incremento desaparecía cuando los científicos bloqueaban la comunicación a través del nervio vago. Como consecuencia, los animales obtenían peores resultados en las pruebas que evaluaban su capacidad para recordar dónde habían encontrado comida.

Los investigadores comprobaron además que el cerebro no responde únicamente al sabor agradable de los alimentos, sino a su contenido nutricional. Las ratas alimentadas con azúcar o grasa mostraron una intensa actividad cerebral relacionada con la memoria, mientras que aquellas que consumieron bebidas dulces con pocas o ninguna caloría no registraron la misma respuesta.

Lo que ocurre en el aparato digestivo no solo influye en la digestión, sino también en la forma en que aprendemos, recordamos y almacenamos experiencias

Estos resultados indican que el cerebro parece distinguir entre el placer del sabor y el verdadero aporte energético de los alimentos.

«Creemos que este mecanismo probablemente evolucionó para ayudar a los animales a recordar información vital sobre las fuentes de alimento», afirma Logan Lauer, primer autor del estudio y estudiante de doctorado en el laboratorio de Kanoski. Recordar dónde aparecen determinadas plantas al inicio de la primavera puede resultar decisivo para encontrar nutrientes esenciales. Según explica el investigador, las señales procedentes del intestino transmiten al cerebro un mensaje claro: «Esta comida proporcionó nutrientes valiosos, así que recuerda dónde y cómo la obtuviste».

Comida ultraprocesada

El estudio también aporta una advertencia. Aunque los alimentos ricos en grasas y azúcares activan inicialmente los mecanismos de la memoria, una exposición prolongada a este tipo de dieta termina perjudicando el funcionamiento de ese sistema.

Las ratas que consumieron una alimentación rica en grasas y azúcares durante las primeras etapas de su vida desarrollaron posteriormente una comunicación menos eficaz entre el intestino y el hipocampo. Incluso después de recuperar una dieta saludable, seguían mostrando una menor actividad cerebral relacionada con la memoria y peores resultados en las pruebas para recordar la ubicación de los alimentos.

Los autores creen que este hallazgo podría ayudar a explicar por qué la obesidad, la mala alimentación y enfermedades metabólicas como la diabetes suelen asociarse con un mayor deterioro cognitivo. Una de las posibles causas sería que el consumo continuado de comida poco saludable altera la comunicación entre el intestino y el cerebro.

Nuevas pistas frente al Alzhéimer

Los resultados también abren una nueva línea de investigación en enfermedades neurodegenerativas.

«La alteración de la señalización de la acetilcolina en el hipocampo es uno de los primeros cambios neuroquímicos en la enfermedad de Alzheimer», afirma Kanoski. «Al revelar que este sistema se ve potenciado por la señalización intestinal proveniente del nervio vago, se podrían aprovechar nuevas dianas terapéuticas para explorar enfoques basados en el nervio vago, como la estimulación de este nervio».

Los investigadores consideran que fortalecer la comunicación entre el intestino y el cerebro podría convertirse en una estrategia para proteger la memoria y preservar la función cognitiva. Entre las posibles vías de tratamiento figuran tanto la estimulación del nervio vago como las intervenciones dirigidas a mejorar la salud intestinal.

Aunque todavía será necesario confirmar si estos mecanismos funcionan de la misma manera en las personas, el estudio refuerza una idea que gana cada vez más peso en la comunidad científica: el cerebro y el intestino mantienen un diálogo constante y mucho más estrecho de lo que se pensaba.

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