Lechuga
El sencillo método para conservar la lechuga y evitar bacterias
La lechuga se ha convertido en uno de los ingredientes imprescindibles de las ensaladas gracias a su alto contenido en agua y a su bajo aporte calórico. Su escasa cantidad de hidratos de carbono, proteínas y grasas la sitúa entre los alimentos más consumidos en dietas orientadas al control del peso.
Aunque su aporte vitamínico no es especialmente elevado, las verduras de hoja verde sí representan una fuente importante de fibra y nutrientes. Sin embargo, también pueden albergar patógenos potencialmente peligrosos para la salud.
Un estudio realizado por la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign analizó los factores que influyen en la contaminación por E. coli en cinco vegetales de hoja verde: lechuga romana, lechuga de hoja verde, espinacas, col rizada y coles.
Los investigadores inocularon hojas enteras de cada vegetal con la bacteria y observaron su comportamiento tras almacenarlas a distintas temperaturas: 4 ºC —la habitual de un frigorífico—, 20 ºC —temperatura ambiente— y 37 ºC —temperatura elevada—.
Los resultados mostraron que la susceptibilidad a la contaminación depende tanto de la temperatura como de características de la superficie de las hojas, entre ellas la rugosidad o la presencia de una capa natural de cera.
La investigadora principal, Mengyi Dong, explica: «A temperatura ambiente o superior, E. coli crece muy rápido en la lechuga, pero si la lechuga se refrigera a 4° C, vemos una fuerte disminución en la población de E. coli. Sin embargo, con las verduras cerosas como la col rizada y la col, obtenemos resultados opuestos. En estos vegetales, E. coli crece más lentamente bajo temperaturas más cálidas, pero si ya está presente, puede sobrevivir más tiempo en refrigeración».
Aun así, los investigadores observaron que la col rizada y la col son menos susceptibles a la contaminación por E. coli que la lechuga. Además, estas verduras suelen cocinarse antes de consumirse, un proceso que elimina o inactiva la bacteria, mientras que la lechuga se consume habitualmente cruda.
Según Dong, lavar la lechuga ayuda a reducir la presencia de bacterias, aunque no consigue eliminarlas por completo debido a la fuerte adhesión de los microorganismos a la superficie de la hoja.
El coautor del estudio, Pratik Banerjee, recordó que la eliminación total de los patógenos en los alimentos resulta prácticamente imposible. «No podemos evitar por completo los patógenos en los alimentos. Las verduras se cultivan en el suelo, no en un ambiente estéril, y estarán expuestas a bacterias», afirmó.
Cómo lavar y conservar la lechuga
Para conservar la lechuga en buen estado durante más tiempo, lo primero es cortar la parte del tallo y separar las hojas una a una. Después, se recomienda lavar cuidadosamente cada hoja y cortar la lechuga al gusto.
Una vez limpia, es importante eliminar el exceso de agua. Para ello, puede utilizarse una centrifugadora secadora de alimentos, lo que ayuda a evitar que la humedad acelere su deterioro.
El siguiente paso consiste en guardar la lechuga en un recipiente hermético. Para mejorar su conservación, se aconseja colocar una servilleta de papel o un paño limpio en el fondo del táper, ya que absorberá la humedad restante. Finalmente, basta con introducir la lechuga en el recipiente y mantenerla en la nevera.