Un estudio detecta que los envases plásticos liberan aditivos que pasan al pescado

Un estudio detecta que los envases plásticos liberan aditivos que pasan al pescadoGetty Images

Los envases liberan aditivos plásticos al pescado guardado en la nevera o el congelador

Un estudio que analiza por primera vez la migración de cuatro familias de compuestos químicos

Investigadores del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), en colaboración con la Universidad de Florencia, han comprobado que distintos aditivos presentes en envases alimentarios pueden transferirse al pescado durante su almacenamiento doméstico en frigorífico o congelador. El estudio, publicado en la revista Environment International, es el primero que analiza este fenómeno en condiciones reales de conservación en frío y concluye que la migración aumenta a medida que se prolonga el tiempo de almacenamiento.

La investigación se centró en cuatro grupos de compuestos químicos utilizados habitualmente en la fabricación de plásticos: ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos. Estas sustancias se emplean para aportar flexibilidad, resistencia y estabilidad a los materiales plásticos utilizados en contacto con alimentos.

Envases y pescados analizados

Los investigadores analizaron diversos tipos de envases empleados habitualmente para conservar pescado fresco, entre ellos bandejas de poliestireno, bandejas compostables, film transparente y bolsas de congelación. Los ensayos se realizaron con salmón, atún y merluza almacenados en refrigeración a 4 ºC durante 48 horas y en congelación a -18 ºC durante 30 días.

«Hasta ahora, la mayoría de los estudios evaluaban la presencia de estos contaminantes directamente en el alimento tras su compra. Para este trabajo queríamos aproximarnos a una situación más realista e investigar qué ocurre cuando el consumidor guarda el pescado en casa durante varios días o semanas en condiciones de frío, antes de ser consumido», explica Maria Vittoria Barbieri, investigadora del IDAEA-CSIC y autora principal del estudio. «Además, los trabajos relacionados con la posible migración de aditivos del envase al alimento se centraban en evaluar el efecto del calor como variable que acelera dicha migración; sin embargo, no existen estudios que evalúen este proceso en condiciones de frío».

Los resultados confirmaron la presencia de aditivos pertenecientes a las cuatro familias químicas analizadas en los distintos envases, incluido el bisfenol A. Asimismo, se constató la transferencia de estos compuestos al pescado tanto en refrigeración como en congelación.

Los resultados confirmaron la presencia de aditivos pertenecientes a las cuatro familias químicas analizadas en los distintos envases

El tiempo de contacto entre el alimento y el envase resultó ser uno de los factores más relevantes para explicar la migración. De los 49 contaminantes estudiados, algunos registraron tasas de transferencia de hasta el 100 %, especialmente determinados bisfenoles. Entre los compuestos que mostraron una mayor capacidad de migración destacó el di(2-etilhexil) adipato (DEHA), un plastificante alternativo que alcanzó porcentajes superiores al 95 % en muestras de salmón.

El comportamiento de los contaminantes también varió en función de las características del pescado. Los compuestos más lipofílicos, es decir, aquellos con mayor afinidad por las grasas, migraron con más facilidad hacia especies grasas como el salmón. Por el contrario, algunos bisfenoles mostraron una transferencia más elevada en pescados con mayor contenido de agua, como la merluza.

Evaluación del riesgo para la salud

La investigación incluyó además una estimación de la exposición humana a estos compuestos a través del consumo de pescado. Para ello, las investigadoras combinaron los niveles detectados en los alimentos con datos oficiales de consumo de pescado fresco en España y calcularon la ingesta diaria estimada para adultos, niños y bebés.

Los escenarios de mayor riesgo se observaron en la merluza congelada durante 30 días en bandejas compostables

El análisis revela que el pescado almacenado en envases plásticos presenta niveles de exposición superiores a los del pescado fresco recién adquirido. Los escenarios de mayor riesgo se observaron en la merluza congelada durante 30 días en bandejas compostables, mientras que los niveles más bajos correspondieron al pescado refrigerado en bolsas de plástico.

Según los autores, en casi la mitad de las situaciones evaluadas se superaron los umbrales de riesgo establecidos. Esta circunstancia estuvo determinada principalmente por la presencia de bisfenol A, responsable de prácticamente la totalidad del índice de riesgo calculado.

«Considerando únicamente la exposición por ingesta de pescado, se supera el valor recomendado para el bisfenol A, pero hay que tener en cuenta que los niveles de exposición son aún mayores si consideramos también la ingesta del resto de alimentos, así como la exposición por inhalación y por contacto dérmico», apunta la directora del IDAEA-CSIC y coautora del estudio Ethel Eljarrat.

Los investigadores recuerdan que diversos estudios han relacionado algunos de estos aditivos con efectos adversos para la salud, como alteraciones endocrinas y posibles efectos cancerígenos. De hecho, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) redujo en 2023 en 20.000 veces el límite de exposición diaria considerado seguro para el bisfenol A, reflejando la creciente preocupación científica sobre sus posibles efectos.

«El estudio pone de manifiesto que las condiciones reales de almacenamiento doméstico deberían tenerse más en cuenta en las evaluaciones de seguridad alimentaria y en el diseño de materiales en contacto con alimentos, prestando especial atención a compuestos como el bisfenol A y algunos plastificantes alternativos como el DEHA, que han mostrado elevadas tasas de transferencia hacia los alimentos», añade Eljarrat. Además, «urge disponer de datos toxicológicos para los nuevos aditivos que se están introduciendo en el mercado, y así poder evaluar también su impacto en la salud».

Normativa europe

En respuesta a estas preocupaciones, la Unión Europea aprobó en 2024 una nueva normativa para restringir progresivamente el uso de bisfenoles en materiales destinados al contacto con alimentos. La regulación entró en vigor en enero de 2025 y contempla un periodo transitorio de 36 meses antes de su aplicación definitiva.

Las autoras consideran que estos resultados refuerzan la necesidad de seguir desarrollando materiales más seguros para el envasado de alimentos y de evaluar rigurosamente los compuestos alternativos que están sustituyendo a las sustancias actualmente restringidas.

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