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Inteligencia humana

Arthur Brooks, profesor de Harvard, explica cómo cambia nuestra mente a partir de los 40

El académico de Harvard ha detallado en un vídeo el cambio que experimenta nuestra capacidad cognitiva con el paso de los años

Frases como «el cerebro de los niños es una esponja» o «aprender idiomas es mucho más fácil de pequeños» son habituales cuando se habla de cómo evolucionan nuestras capacidades cognitivas con la edad. Y no es casualidad: el cerebro infantil responde a los estímulos de forma distinta a la del adulto, y esa respuesta se transforma a medida que crecemos. Pero, ¿por qué sucede esto?

El profesor de liderazgo y de gestión en la Escuela de Negocios de Harvard Arthur C. Brooks, en la cual imparte cursos sobre liderazgo y emprendimiento social, ha publicado un vídeo en su perfil de Instagram en el que explica este fenómeno.

Inteligencia fluida vs inteligencia cristalizada

Según explica Brooks, a partir de los 40, son muchas las personas que experimentan agotamiento, porque lo que antes les resultaba fácil, ahora les cuesta. «Lo que antes sabían hacer con confianza, ahora les parece imposible. Y se sienten cansadas por no avanzar, por no lograr resultados como antes. Ya no se reconocen. Intentan mantener el ritmo de lo que fueron o de lo que todavía son los jóvenes: enérgicos, presentes, siempre en modo alerta».

Una de las razones detrás de este agotamiento es la transición de la inteligencia fluida a la inteligencia cristalizada. Durante los años 30, las personas suelen estar en su máximo esplendor creativo, mostrando rapidez mental y adaptabilidad. Sin embargo, esta agilidad mental tiende a reducirse con el tiempo. A medida que envejecemos, la clave no está en lamentar la pérdida de capacidad sino en reconocer y celebrar la nueva forma de inteligencia que emerge: la inteligencia cristalizada.

Esta capacidad se traduce en habilidades valiosas como enseñar, reconocer patrones y guiar a otros. A los 40, las personas poseen un vasto archivo mental acumulado por sus experiencias, lo que les permite manejar situaciones de forma más eficiente y efectiva. La sabiduría no se trata solo de lo que se sabe, sino de cómo se aplica ese conocimiento en contextos prácticos.

Las personas en esta etapa de la vida pueden descubrir un propósito renovado al ayudar a otros a crecer. Este enfoque no solo beneficia a los mentores, que encuentran un nuevo sentido de realización, sino que también enriquece a aquellos que reciben orientación y apoyo.

Al final, cada etapa de la vida trae consigo desafíos y oportunidades únicas. Enfocarse en los aspectos positivos de la inteligencia cristalizada y la mentoría puede ser el camino a seguir para encontrar un nuevo significado en la vida y el trabajo. A medida que avanzamos, abrazar estos cambios es crucial para convertimos en los guías y formadores que el mundo actual necesita.

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