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¿Qué dice tu corazón mientras duermes? Tres patrones que predicen futuras enfermedades

Mientras dormimos nuestro corazón podría mandarnos señales del estado de nuestra salud en el futuro

Mientras dormimos, nuestro corazón bombea la sangre de nuestro cuerpo para que este pueda seguir funcionando con normalidad. No obstante, ese ritmo silencioso podría estar enviando señales sobre nuestra futura salud, incluso aunque no tengamos problemas aparentes de sueño.

Una nueva investigación del Departamento de Neurología del Inselspital del Hospital Universitario de Berna, en Suiza, presentado en el Congreso 2025 de la Academia Europea de Neurología (EAN), que se celebra en Helsinki, Finlandia, ha descubierto un vínculo entre el ritmo cardíaco nocturno y futuras condiciones de salud, incluso en personas sin problemas de sueño evidentes.

El sueño y el ictus

El estudio se centró en pacientes que habían sufrido un ictus talámico (TS), una lesión en el tálamo, que es una estructura profunda del cerebro que desempeña un papel esencial en funciones como el sueño, la memoria y la regulación autonómica. Cuando se produce un ictus en esta región los efectos clínicos pueden ser diversos y complejos. Sin embargo, hasta ahora, se sabía poco sobre cómo estas alteraciones se relacionaban entre sí. El presente estudio, llevado a cabo por un equipo internacional y publicado en la revista Stroke, aborda esta laguna investigando simultáneamente los patrones de sueño, la función cognitiva y la actividad del sistema nervioso autónomo en pacientes con ictus talámico.

Para ello fueron reclutados 16 pacientes con ictus talámico agudo y 32 voluntarios sanos como grupo de control. Las evaluaciones se realizaron en los primeros cinco días posteriores al ictus e incluyeron:

Calidad del sueño mediante cuestionarios, actigrafía y polisomnografía (con análisis de electroencefalograma).Función autónoma, a través del análisis de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) durante la noche.Capacidad cognitiva, con pruebas de memoria verbal y visual, atención y velocidad de procesamiento.

Los resultados fueron claros: tras el ictus, los pacientes dormían más tiempo, pero con un sueño más superficial y fragmentado. También mostraban déficits cognitivos, especialmente en memoria de trabajo y verbal, sobre todo si la lesión afectaba al núcleo mediodorsal del tálamo.

La variabilidad de la frecuencia cardíaca

Pero quizás, el hallazgo más interesante fue que, durante la noche, se observó una mayor variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), indicando una dominancia del sistema parasimpático. Y es que, aunque este patrón puede parecer beneficioso a primera vista, refleja una desregulación autonómica que podría estar vinculada con disfunciones más amplias del sistema nervioso central.

En este sentido, un estudio complementario que analizó a 4.170 personas durante más de 13.000 personas-año de observación, encontró que la VFC durante el sueño puede actuar como un potente indicador temprano de futuros problemas de salud, incluidos ictus, depresión y deterioro cognitivo. Aquellos que desarrollaron un ictus tendían a mostrar una VFC nocturna inusualmente alta y errática, lo que sugiere una falta de estabilidad en la regulación autonómica durante el descanso.

La VFC refleja cómo el cuerpo ajusta los intervalos entre latidos cardíacos en respuesta a demandas físicas y emocionales. Mientras que durante el día una alta VFC está asociada con actividad y alerta, por la noche el patrón habitual es una disminución, signo de un estado de descanso y reparación fisiológica. Desviaciones de este patrón pueden ser una señal de alerta sobre alteraciones profundas en la regulación del cuerpo, especialmente durante el sueño, que es cuando se llevan a cabo procesos vitales como la consolidación de la memoria y la eliminación de toxinas cerebrales.

Tal como explica la doctora Irina Filchenko, autora principal del estudio, la VFC refleja el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, encargado de procesos vitales inconscientes como la respiración o la digestión. Por ello, su análisis no solo ofrece una ventana a la salud cardiovascular, sino también al estado funcional del cerebro y su capacidad de autorregulación.

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