Botiquín de viaje
Qué llevar en el botiquín de vacaciones, especialmente si viajas a otro país
La farmacéutica Fátima Rachdan explica las 12 cosas que no deberían faltar
Preparar el botiquín de viaje suele ser una de esas tareas que se posponen hasta el último momento, cuando el equipaje ya está casi cerrado y apenas queda tiempo para decidir qué llevar. Sin embargo, una pequeña molestia o un imprevisto de salud pueden complicarse cuando estamos lejos de casa, no conocemos el sistema sanitario del lugar de destino o existe una barrera idiomática. Fátima Rachdan, conocida en redes sociales como @farmaciafem y especialista en medicina integrativa, suplementación y longevidad, repasa las 12 cosas que no deberían faltar en un botiquín de vacaciones. Su propuesta parte precisamente de esa idea de preparación práctica: contar con lo esencial sin convertir el equipaje en una farmacia improvisada.
«El botiquín debe conservarse protegido del calor, la humedad y la exposición directa al sol. También conviene revisar las fechas de caducidad antes de salir y evitar llevar medicamentos sueltos sin poder identificarlos. Un buen botiquín no es el que contiene más cosas, sino el que responde a las necesidades reales del viajero y permite utilizarlas correctamente», afirma la farmacéutica.
1. La medicación habitual
Es lo primero que debe entrar en el botiquín y nunca debería facturarse. Conviene llevar cantidad suficiente para todo el viaje y algunos días adicionales por si se producen retrasos, cancelaciones o cambios de planes. Los medicamentos deben viajar en el equipaje de mano, dentro de sus envases originales y acompañados del prospecto.
2. La receta o un informe médico
Cuando se viaja a otro país, especialmente con tratamientos crónicos, medicamentos inyectables o fármacos sometidos a un control especial, es recomendable llevar una copia de la receta o un informe médico que indique el principio activo, la dosis y la necesidad del tratamiento. Algunos países pueden exigir documentación específica para permitir la entrada de determinados psicótropos o estupefacientes.
3. Un analgésico y antitérmico
Dolor de cabeza, molestias musculares, dolor menstrual o fiebre pueden aparecer en cualquier viaje. Debe elegirse un medicamento que la persona haya utilizado anteriormente y que sea compatible con su edad, enfermedades, alergias y otros tratamientos. No es buena idea estrenar un fármaco en mitad de una excursión por un país desconocido.
4. Material básico para curas
Gasas estériles, apósitos, tiritas de distintos tamaños, esparadrapo y unas pequeñas tijeras permiten tratar rozaduras, ampollas, cortes superficiales y heridas menores. En viajes con muchas caminatas, las ampollas son bastante más previsibles que algunas prendas incluidas cuidadosamente en la maleta.
5. Un antiséptico cutáneo
Antes de cubrir una herida hay que limpiarla correctamente. Un antiséptico apto para la piel, en un formato pequeño y bien cerrado, resulta útil para evitar que una pequeña lesión se convierta en un problema mayor. No debe aplicarse sobre los ojos, las mucosas ni heridas profundas.
6. Un antihistamínico
Puede ser útil frente a reacciones alérgicas leves, urticaria o picaduras, siempre que se haya escogido con asesoramiento profesional. Algunos antihistamínicos producen somnolencia, un efecto especialmente importante si se va a conducir, manejar una embarcación o realizar actividades que requieran atención.
7. Sales de rehidratación oral
La diarrea y los vómitos no solo producen malestar: también pueden provocar una pérdida importante de agua y electrolitos, sobre todo en niños, personas mayores y durante episodios de calor. Los sobres de rehidratación ocupan poco espacio y permiten preparar una solución con las proporciones adecuadas, algo que no siempre se consigue mezclando agua, azúcar y sal a ojo.
8. Un antidiarreico de uso puntual
Puede resultar práctico en determinados desplazamientos, pero no debe utilizarse de manera automática ni sustituir la hidratación. Si existe fiebre alta, sangre en las heces, dolor abdominal intenso o síntomas persistentes, hay que solicitar atención sanitaria. Los antibióticos no deben incorporarse al botiquín «por si acaso»: solo deben llevarse cuando hayan sido prescritos expresamente para ese viaje.
9. Protector solar
Debe tener un factor de protección adecuado, ofrecer protección frente a radiación UVA y UVB y aplicarse en cantidad suficiente, renovándolo después del baño, la sudoración intensa o el roce con la toalla. No debe olvidarse que determinados medicamentos pueden aumentar la sensibilidad de la piel al sol; ante cualquier tratamiento habitual, conviene consultarlo previamente en la farmacia.
10. Repelente de insectos
Es especialmente importante en destinos tropicales, zonas húmedas o lugares en los que los mosquitos pueden transmitir enfermedades. El producto debe escogerse según el destino, la edad del viajero y las recomendaciones sanitarias existentes. El repelente no sustituye otras barreras, como la ropa adecuada o las mosquiteras.
11. Un termómetro
Ocupa muy poco, pero permite saber si existe realmente fiebre y seguir su evolución. Esa información puede ser decisiva para distinguir un malestar pasajero de un cuadro que exige consultar, especialmente después de viajar a zonas con enfermedades infecciosas específicas.
12. Medicación indicada para el destino
La profilaxis contra la malaria, los tratamientos para el mal de altura o cualquier otro medicamento específico no son universales ni deben comprarse por iniciativa propia. Dependen del país, la zona concreta, la época del año, la duración del viaje y las condiciones personales. Antes de desplazarse a ciertos destinos internacionales es necesario consultar con suficiente antelación un Centro de Vacunación Internacional.