21 de enero de 2022

Una persona con un fijador externo tras haber sido sometido a una cirugía de elongación ósea

Una persona, con un fijador externo, tras haber sido sometida a una cirugía de elongación óseaWikimedia Commons/Pagemaker787

Sociedad

Aumentos de estatura: así son las costosas y cada vez más comunes cirugías para ganar unos centímetros

Las personas descontentas con su talla han hallado en la osteogénesis por distracción, una técnica diseñada para corregir patologías o deformidades óseas, la manera de poner fin a su complejo
En la película Gattaca (Andrew Niccol, 1997) el mundo ya no es como lo conocemos, sino que obedece única y exclusivamente a las despiadadas leyes de la genética. Lastrado desde su primer segundo de vida por una deficiencia cardíaca, el protagonista, encarnado por Ethan Hawke, decide suplantar la identidad de un deportista de élite inválido para lograr su sueño: viajar al espacio. Para tal empresa se embarca en una megaoperación de cambio de imagen con el fin de parecerse al atleta lo máximo posible y burlar de esa forma los controles: mejora su capacidad ocular, se arregla la dentadura, se recubre las yemas de los dedos con capas celulares del suplantado... y se somete, por último, a una sacrificada cirugía de piernas para alcanzar los cinco centímetros de altura que le separan del gimnasta.
Ambientada en un futuro distópico, la operación de la cinta no es, sin embargo, una ocurrencia urdida por el guion al servicio de la trama. Se trata de una oferta real a través de una técnica que, aunque enfocada fundamentalmente a la corrección de problemas óseos, es empleada también en personas descontentas con su estatura.
Mediante el previo pago de una factura que habitualmente asciende a varios miles de euros, quien así lo desee puede someterse a una operación de alargamiento de huesos para incrementar su alzada. Pese a que la mayoría de pacientes son personas con patologías o deformidades, cada vez son más los que recurren a ella con fines puramente estéticos.
El procedimiento, con una evolución de más de 100 años de historia (fue aplicada por primera vez, de un modo muy rudimentario y primitivo, en 1905), se fundamenta en la osteogénesis, el proceso natural a través del cuál se genera el tejido óseo, y consiste en cortar los huesos mayores de las piernas (tibia o fémur) para, de esta forma, crear un espacio que sea recuperado de manera instintiva por las células regenerativas, alargando así el tamaño del hueso.

El perfil medio es un hombre, de entre 25 y 45 años y talla inferior a 1,70 cm, que cree que su estatura influye negativamente en su vida

Denominado en términos científicos elongación ósea u osteogénesis por distracción, la fórmula es aplicada sobre todo en personas con tallas bajas patológicas, deformidades óseas, diferencias de longitud entre extremidades (piernas, brazos y otras), y también con pérdidas de hueso a consecuencia de infecciones, tumores o traumatismos. Fue para este tipo de pacientes con problemas, de hecho, para quienes fue diseñada en su concepción primigenia. Con el paso de los años y el avance de la medicina y la tecnología, la elongación permite hoy en día llegar a alargamientos de hasta 15 centímetros, aunque todo depende de la patología o la estatura y no siempre es posible (cuanto más promedia sea la complexión del paciente, menos resultados dará).
Las técnicas empleadas, por tanto, han ido cambiando. Si en 1905 el cirujano italiano Alessandro Codivilla, precursor de los alargamientos modernos, colocaba un clavo en el talón, cortaba el hueso y estiraba lentamente la extremidad a través de un tornillo, hoy en día ya es posible hacerlo mediante la introducción de implantes intramedulares en el hueso. Se trata, según señala Javier Downey, traumatólogo especializado en patologías y deformidades óseas y miembro fundador de la Sociedad Española de Ortopedia, de un procedimiento que también permite cortar el hueso y alargarlo al igual que hacía en su día Codivilla, pero de una manera aparentemente más segura y menos dolorosa para el paciente.
Esta última tecnología, empero, convive todavía con otra anterior, la de la llamada fijación externa, mucho más sacrificada por sus consecuencias y que consiste en tutores rígidos que atraviesan la piel y que dejan al paciente en un estado de incapacitación temporal mucho mayor debido a su aparatosidad y funcionamiento. Pese a todo, desde MBA Surgical Empowerment, una empresa de traumatología y ortopedia nacida en Asturias en 1988, se recomienda consultar siempre al especialista, ya que cada una tiene sus pros y sus contras y su idoneidad depende de diversos factores.
La osteogénesis con fijación externa fue consagrada en los años 50 por el médico soviético Gavriil Ilizárov

La osteogénesis con fijación externa fue ideada en los años 50 por el médico soviético Gavriil IlizárovWikimedia Commons/Viapastrengo

«El clavo es más cómodo para el paciente, mejora los resultados cosméticos y reduce la posibilidad de rigidez o contractura articular. Sin embargo, también supone una cirugía más agresiva, hay un mayor riesgo de fallos en el material, menor posibilidad de correcciones angulares y no es apto para todos los pacientes», apuntan. Por el contrario, el doctor Downey, pionero de la aplicación de la técnica del clavo en España, ha apuntado en diversas entrevistas que la fijación externa ha provocado tradicionalmente reticencias en potenciales pacientes porque «rasga la piel y los músculos, provocando muchas infecciones, rigideces e intolerancias por parte del paciente».
La factura aumenta conforme mayor sea el número de centímetros que se aspire a ganar. Mientras que las correcciones por displasias óseas sí están cubiertas por la Seguridad Social en España, los casos de disforia de estatura (nombre clínico que recibe la patología psicológica vinculada a la insatisfacción con la propia altura) son costeados por los interesados. El perfil medio, según los especialistas, son hombres de entre 25 y 45 años, de talla inferior a 1,70 cm y que creen que ésta influye negativamente en su trabajo, en el deporte o en su vida de pareja.
El desarrollo de los posoperatorios también varía en función de la técnica empleada. Mientras que con los fijadores externos el período de reposo antes de comenzar con la fisioterapia y la rehabilitación es mucho mayor, con el clavo electromagnético el paciente puede comenzar a moverse con muletas en solo unas semanas En cualquier caso, lo habitual es que las convalecencias se prolonguen alrededor de 30 días por cada centímetro ganado, lo que da cuenta de un crecimiento milimétrico cada 24 horas. Siempre, claro, que se sigan al pie de la letras todas las indicaciones.

Posibles riesgos

Pese a que se trata de un procedimiento «relativamente seguro», según apunta en su web la empresa MBA Surgical Empowerment, los riesgos no están exentos. No son altos, pero las posibilidades de que «el hueso no consolide –o lo haga de manera prematura–, de tener deformidades residuales, de sufrir fracturas posteriores e incluso de tener una infección de serias consecuencias», advierten, no pueden obviarse. Entre los posibles efectos adversos, señalan los expertos, se encuentran las parálisis nerviosas, las embolias grasas o pulmonares o las trombosis venosas profundas. Algunos de ellos podrían ser atenuados con una dieta adecuada en vitaminas y minerales que nutran el hueso.
Aunque más populares en Estados Unidos, las elongaciones se practican en diversos países y su precio varía en función de la técnica empleada y el nivel económico del territorio en cuestión. Los umbrales los marca la propia clínica, y si bien cada vez más profesionales dejan de lado su sesgo personal para atender las necesidades del paciente (haciendo siempre un examen previo para detectar posibles complicaciones), otros también se marcan ciertos mínimos –operar solo a las personas cuya talla se encuentre por debajo de determinadas marcas, por ejemplo–. Todo depende de los límites que cada uno quiera trazar en la fina línea que en este caso separa la cirugía plástica de la ortopédica.

Ácido hialurónico, la alternativa 'low-cost'

La cirugía no es, por sorprendente que pueda parecer, la única manera artificial de ganar altura. Como método alternativo a la osteogénesis, numerosas clínicas ofrecen también alargamientos de talla por medio de una sustancia mucho menos invasiva: el todopoderoso ácido hialurónico. Venerado por la industria cosmética y plástica por sus propiedades de reabsorción, se ha convertido en la molécula de referencia para lograr aumentos de volumen y rellenos, además de ser también empleada en tratamientos de esguinces o artrosis.

En el caso de la estatura, los implantes son inyectados en el talón, si bien el crecimiento máximo, unos 4 cm en función de la flexibilidad de la piel, la pisada y la forma del talón, es muy inferior al de la cirugía. Su duración aproximada es de 12 meses, el precio supera los 800 euros por vial (según varias empresas consultadas) y el principal reclamo es el de «pasar muy desapercibido al tacto y a la vista».

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