José Manuel Burgueño, en la redacción de El Debate
Entrevista | José Manuel Burgueño, autor de Se vende la Cibeles
Las mejores inocentadas publicadas en la prensa, en un libro: «Cada vez se hacen menos bromas por la corrección política»
Desde el robo de uno de los leones del Congreso a la separación de los Beatles antes de que ocurriera, Burgueño repasa las bromas de los periódicos desde finales del siglo XIX
El 28 de diciembre de cada año está marcado por ser el día de los Inocentes. Una jornada en la que las bromas –incluso las pesadas– están permitidas. Aunque hoy en día se reduce a una celebración a nivel personal, hasta hace unos años, la prensa también participaba.
Desde finales del siglo XIX hasta principios del XXI, muchos periódicos publicaban cada año noticias que hoy serían consideradas fake news. Pero no eran más que bromas. Una especie de juego entre los periodistas y los lectores que, no obstante, llegaron a generar el pánico entre muchos cuando, por ejemplo, se publicó que habían robado uno de los leones del Congreso o que se iba a vender la estatua de la diosa Cibeles a México.
Y así es precisamente como se titula el libro de José Manuel Burgueño, Se vende la Cibeles. Una recopilación de unas 600 inocentadas que aparecieron en la prensa escrita que van desde la publicación del Kamasutra en euskera –que al año siguiente se haría realidad– al hundimiento del Viaducto de Segovia (en Madrid), pasando por la prohibición de llevar barba en Barcelona.
–¿Cómo surgió la idea de recopilar las bromas publicadas en la prensa desde el siglo XIX hasta la actualidad?
–En 2007 comencé a elaborar una tesis sobre las malas prácticas del periodismo, entre las que estaba la invención de noticias o el amarillismo. Pero también quise dedicar espacio a una forma de invención específica, que era la de las inocentadas, que no está incluido en malas praxis. No había nada publicado al respecto, así que empecé a ir a la hemeroteca, a sacar periódico por periódico cada 28 de diciembre
Mientras que hay diarios que han hecho toda la vida inocentadas, como ABC, hay otros que nunca han participado, como por ejemplo, El Debate en su época impresa o El País, que siempre se ha manifestado contrario porque le ha parecido una práctica que engaña al lector.
José Manuel Burgueño en la redacción de El Debate
–¿Por qué ya no se hacen inocentadas en prensa escrita?
–La última que he encontrado en un periódico en papel es de 2003, es decir, que llevamos 20 años sin inocentadas. Este año vi la separación de Isabel Preysler y pensé que era una broma, pero no. Precisamente una de las razones por las que han decaído es porque ya hay pocas cosas increíbles. También por la pérdida de ingenuidad de la sociedad, que sí que había hace un siglo. De igual manera, ahora impera lo políticamente correcto y no se ve bien un determinado tipo de humor. La realidad es que cada vez se hacen menos bromas: una encuesta de hace siete años mostraba que un 80 % de personas ya no las hacía el día de los Inocentes.
–¿Ha habido alguna broma premonitoria?
–Sí, alguna vez. La llegada del hombre a la luna la dio La hoja del lunes 12 o 13 años antes, al igual que la separación de los Beatles. En algunos casos, es solo cuestión de tiempo, mientras que otras son un poco proféticas y otras mera casualidad. Aunque hay algunas que se provoca su realización: así ocurrió con una broma que aseguraba que el Kamasutra se había traducido al euskera. Algo que ocurrió al año siguiente debido a que muchos así lo demandaron.
Las 'fake news' son noticias falsas, pero tienen alguna intención, sobre todo política o social. Las inocentadas no tienen nada que ver
–¿Cuál sería la diferencia entre las actuales fake news y las inocentadas de la época?
–Las fake news son noticias falsas, pero tienen alguna intención, sobre todo política o social. Las inocentadas no tienen nada que ver. ¿Es verdad que la base es una noticia inventada? Sí. Pero la intención no es comparable. Mientras que con las fake news lo que haces es aprovecharte de la credulidad del público, las bromas suponen una especie de juego en el que tiene que querer participar el lector o la audiencia.
–En el caso de la supuesta venta de la Cibeles, los lectores se lo creyeron. ¿Cuál era la clave para que estas bromas colasen?
–Ha de ser una noticia un poco increíble, pero que albergue un viso de posibilidad. Hay algunas que recojo en el libro que están muy bien construidas y hay otras que, además, tienen gracia. Hay una, por ejemplo, que hablaba del incendio de la catedral de Colonia, en Alemania, en el que los bomberos no podían utilizar el agua de la ciudad (agua de Colonia) porque lo que hacía era avivar el incendio.
Cubierta del libro Se vende la Cibeles
–¿Le ha costado algún problema legal a algún periódico alguna de estas inocentadas?
–Sí, las destaco en un capítulo, junto a otras consideradas como «las que menos gracia hicieron». Una de ellas se publicó en un periódico que se llama La Nación. En 1932, se les ocurrió salir con la dimisión de Azaña y les pusieron una multa de 5.000 pesetas. En 1894, El Fígaro, que era un diario antirrepublicano, anunció la muerte de un líder republicano español en el exilio, Ruiz Zorrilla. Aunque al final de la nota aclaraba que «ha muerto… para la política», la reacción de los periódicos republicanos provocó que el Gobierno Civil decretase la retirada de la calle de la «hoja extraordinaria» y le impusiera una multa de 250 pesetas.
–De todas las que recopila en su libro, ¿con cuál se queda?
–Es difícil escoger, pero destaca la primera con soporte gráfico. La saca ABC en 1905 y es la primera en la que se hace un trucaje de una foto. Se trata del derrumbe del viaducto de Segovia (en Madrid), algo que la gente del momento observa en la fotografía y se va para allá a ver qué ha pasado. Dos años después, también ABC publicó el robo de uno de los leones de la puerta del Congreso acompañado de una foto que está realmente bien hecha.
–A nivel internacional está el April Fools' Day, que sería más o menos el equivalente a nuestro día de los Inocentes. ¿Solo cambia la fecha o hay más diferencias?
–Es muy similar. En prensa, lanzan una noticia inventada y a ver si cuela. En el ámbito particular, tienen peculiaridades por países, como que en algunos se hace solo hasta mediodía, por ejemplo. Existen ciertas normas en función de la zona. Hay alguna divertida, como una de finales del siglo XIX o principios del XX en Los Angeles Times, donde decían que se había descubierto el virus de la salud y que se contagiaba igual que la enfermedad.
–¿Crees que deberían retomarse estas inocentadas en España?
–Claro, a mí me hacen mucha gracia. El otro día releía un artículo de Antonio Gala que publicó justamente sobre las inocentadas, y una de las frases decía que lo divertido no está en contra de lo serio, sino de lo aburrido. No veo ningún problema en poder tener una licencia consensuada con tu público un día determinado, una especie de pacto entre las dos partes. Esto no afecta a la seriedad de un medio, sino que le hace más cercano, le hace más amable.