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Sociedad
Carabelas portuguesas: ¿por qué son cada vez más frecuentes?
Estas especies marinas inundan las costas del norte de España este verano. Aunque parezcan similares a una medusa, estas pueden ser letales
El océano cubre el 70 % de la superficie terrestre, pero solo conocemos un 5 % de su extensión. Es la parte menos explorada de nuestro planeta: apenas se ha investigado el 0,001 % de las profundidades marinas.
Como puede comprobarse, conocemos muy poco del océano que rodea la Tierra, debido a los innumerables factores que hacen que su investigación resulte compleja.
No obstante, los expertos continúan avanzando para profundizar en el conocimiento de los mares.
La avispa de mar, el pez piedra, el tiburón blanco, el pulpo de anillos azules o la serpiente marina son algunos de los animales marinos más peligrosos que conocemos actualmente y que habitan en nuestros océanos.
Otro de los animales más temidos, debido a los efectos de su picadura tentacular, es la carabela portuguesa (Physalia physalis).
Se trata de una especie similar a una medusa, también conocida como fragata portuguesa o falsa medusa. Tiene forma de globo o vejiga, con gas en su interior.
Llama la atención por sus colores vivos y llamativos. Se distingue por sus tonalidades azuladas, rosadas y violetas. Pero no solo atrae por su coloración, sino también por sus extensos tentáculos, que pueden medir entre 10 y 50 metros de longitud, mientras que su cuerpo apenas alcanza los 30 centímetros.
Este organismo vive en colonias que se sitúan en aguas cálidas y templadas de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Sin embargo, en algunos periodos también puede encontrarse en el mar Mediterráneo. Esto se debe a que las corrientes y vientos del Atlántico arrastran a estos animales a través del estrecho de Gibraltar, lo que puede provocar su reubicación en los mares que rodean España.
Debido a ello, este verano se han detectado ejemplares de la carabela portuguesa en las costas del norte de España, especialmente en Asturias, Cantabria y Guipúzcoa.
Por este motivo, se recomienda a los bañistas que se mantengan alerta. Encontrarse con este animal marino no será complicado durante el resto del verano en estas playas tan concurridas.
Sus tentáculos venenosos pueden provocar, con el más mínimo roce, síntomas comunes como urticaria, escozor y picor en la zona afectada. En casos más graves, su ataque puede causar sudoración, fiebre, náuseas, mareos o vómitos, e incluso la muerte en situaciones extremas.