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Dr. Alvaro LassalettaCedida

El papel de los ensayos clínicos en menores de un año con leucemia sin opción a tratamiento: «Son fundamentales»

A pesar de los esfuerzos por hallar nuevos tratamientos, la prevalencia de estos tumores en los menores de un año es muy baja. Sin embargo, el doctor Alvaro Lassaletta no se rinde

Los cánceres sanguíneos ocupan la quinta posición de la lista de tumores más frecuentes en España. Entre ellos se encuentra la leucemia, la neoplasia maligna más común en pacientes pediátricos. Su supervivencia a los cinco años del diagnóstico se sitúa en un 84,5 %, sin diferencias por sexo. Además, se observan diferencias entre grupos de edad. Los menores de un año poseen los valores más bajos de supervivencia (71,1 %), le siguen los que están entre 10 y 14 años, con una supervivencia del 79,3 %.

A pesar de los esfuerzos por hallar nuevos tratamientos, la prevalencia de estos tumores en los menores de un año es muy baja, por lo que es complicado; sin embargo, los investigadores no se rinden. Ejemplo de ello es el Dr. Álvaro Lassaletta, jefe de sección del servicio de oncohematología pediátrica del Hospital Universitario Infantil Niño Jesús de Madrid.

–La leucemia es un tumor muy grave en niños, pero ¿qué esperanzas hay hoy en día de que el niño sobreviva y de que tenga un buen tratamiento?

–La leucemia linfoblástica aguda es el cáncer más frecuente en la edad infantil. Afortunadamente, la supervivencia es muy buena y ya se aproxima al 80-90 % en los países desarrollados. El problema es que en los menores de un año esta enfermedad tiene un pronóstico muy malo porque, dada la edad de los pacientes, muchas veces el origen de la leucemia está antes del nacimiento, y se caracteriza por ser muy agresiva y escasa.

De hecho, es tan poco frecuente que, en el último estudio previo a este ensayo que estamos haciendo –un consorcio internacional que intenta buscar los mejores tratamientos para los menores de un año–, se reclutaron en 11 años solo 651 pacientes en todo el mundo. Era un estudio internacional con participación de países de varios continentes. Con lo cual, es una enfermedad muy, muy rara.

–Actualmente, hace falta muchísima investigación y nuevos proyectos. Usted, como doctor, está llevando a cabo un nuevo estudio. ¿En qué consiste?

–En general, la leucemia linfoblástica aguda en mayores de un año tiene un pronóstico muy bueno. Pero ahora se buscan tratamientos que no tengan la toxicidad de la quimioterapia convencional. En este grupo entran las terapias CAR-T y la inmunoterapia, que intentan mejorar el pronóstico de aquellos pacientes que tienen recaídas.

Con las CAR-T y con el trasplante de progenitores hematopoyéticos (trasplante de médula ósea), se ha conseguido rescatar a muchos pacientes y alcanzar cifras de supervivencia muy altas.

Sin embargo, en los menores de un año el pronóstico no es tan bueno. Aproximadamente menos de la mitad de los pacientes se curan, con lo cual más de la mitad fallecen en el primer año de leucemia linfoblástica aguda.

Nosotros, gracias al apoyo de la Asociación Española Contra el Cáncer, estamos en España incluidos en un ensayo clínico internacional que se llama Interfant-21. Este consorcio está utilizando un medicamento nuevo de inmunoterapia que se llama blinatumomab, que ya ha demostrado eficacia en pacientes mayores de un año, pero cuyo papel en menores de un año aún no conocemos.

Históricamente, en los años 50, todos los niños con leucemia linfoblástica aguda fallecían por hemorragias o infeccionesDr. Alvaro Lassaletta

Hubo un estudio piloto que mostró resultados esperanzadores al añadir este fármaco a la quimioterapia convencional. Ahora estamos haciendo un ensayo clínico internacional para poder demostrar que esa combinación mejora los resultados respecto al ensayo previo. Son fundamentales.

–¿Cuándo se podrán ver los resultados?

–Se esperan dentro de unos cuantos años, porque al ser una enfermedad tan poco frecuente, el reclutamiento de pacientes es muy lento. Aunque participan países de Europa, Asia, Oceanía y América –creo que de África no hay ninguno–, sigue siendo un proceso lento. Así que necesitamos varios años para poder tener resultados concluyentes.

– El blinatumomab es muy eficaz para los niños con leucemia, ¿hay alguna posibilidad de que también pueda funcionar en otros tipos de tumores pediátricos?

–No. Es un medicamento muy específico. Se ha utilizado sobre todo en leucemia linfoblástica aguda porque va dirigido frente a un marcador concreto que tienen esas células. Lo que hace es activar a los linfocitos T del paciente para que maten a las células tumorales.

Existen otros fármacos que actúan frente a otras dianas y se usan en otros tumores, pero este actúa específicamente sobre la leucemia linfoblástica aguda. Es un mecanismo parecido al de las CAR-T, con la diferencia de que en lugar de extraer los linfocitos del paciente, se administra un fármaco que activa directamente a los linfocitos frente a las células tumorales.

–¿Por qué decidió comenzar a investigar la enfermedad en niños tan pequeños?

–Históricamente, en los años 50, todos los niños con leucemia linfoblástica aguda fallecían por hemorragias o infecciones. Esta enfermedad es el prototipo de cáncer infantil que más ha mejorado en supervivencia y en desarrollo de tratamientos en los últimos 60 años.

Hoy, en mayores de un año, la supervivencia alcanza casi el 90 % en países desarrollados. Pero siempre ha habido un grupo –los menores de un año– en el que la esperanza de vida es mucho menor.

Por eso, hace bastantes años se creó un grupo internacional que estudia específicamente la leucemia linfoblástica aguda en menores de un año, y que cada cierto tiempo lanza un protocolo o ensayo clínico nuevo para intentar mejorar su supervivencia.

–Los ensayos clínicos necesitan mucho trabajo y muchos estudios. ¿Cómo sabéis que estáis yendo por el camino correcto?

–Los ensayos clínicos en cáncer infantil son fundamentales para avanzar, porque permiten evaluar de forma reglada la eficacia de distintos fármacos.

Una vez que un ensayo clínico demuestra que un fármaco es beneficioso, ese fármaco se incorpora al tratamiento estándar.

Nuestro hospital, el Niño Jesús, tiene la unidad de ensayos clínicos más importante de España y fue la segunda de Europa en reclutar más pacientes en 2023.

Hace 20 o 30 años había muy pocos ensayos clínicos para niños, pero afortunadamente ahora hay muchos, no solo para cuando la enfermedad va mal, sino también en primera línea de tratamiento.

–Y para terminar, Álvaro, ¿cuáles serán los próximos pasos a dar dentro de estas investigaciones?

–En leucemia infantil, los siguientes pasos son mantener la supervivencia tan alta y, al mismo tiempo, disminuir la toxicidad a medio y largo plazo.

Cada vez hay más supervivientes de cáncer infantil, y se ha visto que, al haber recibido tanta quimioterapia, tienen más posibilidades de desarrollar segundos tumores, síndrome metabólico, enfermedades crónicas o toxicidades.

Por eso, la idea es buscar tratamientos que reduzcan esas secuelas a largo plazo. También es fundamental que los supervivientes reciban seguimiento adecuado en unidades especializadas. En el Niño Jesús tenemos una consulta de seguimiento a largo plazo para los pacientes que ya han pasado cinco años desde que se curaron, y ahí nos aseguramos de que tengan vigilancia de por vida.

En cuanto a los menores de un año, el futuro es incluir nuevos tratamientos inmunoterápicos como blinatumomab, las CAR-T u otros en desarrollo, que permitan mejorar la supervivencia.

En el Niño Jesús somos centro autorizado para terapias avanzadas e investigamos no solo en inmunoterapia, sino también en virus oncolíticos para tumores sólidos, además de participar en ensayos clínicos internacionales.